Entrevista a Maxsoud Luiz, padre de Samuel Luiz"Las imágenes de mi hijo muriendo una y otra vez en todas las televisiones nos están matando"
El padre del joven víctima de un asesinato homófobo hace cuatro años en A Coruña narra el sufrimiento añadido de su familia por el tratamiento mediático del caso.

A Coruña--Actualizado a
Maxsoud Luiz no sólo no coge nunca las llamadas de números que no conoce, sino que los bloquea al momento. Siempre. Lo hace así desde que a su hijo Samuel lo asesinaron de una brutal paliza en el paseo marítimo de A Coruña, y de la que este jueves se cumplen cuatro años. Max –así le llaman sus familiares y amigos–se ha cansado de repetir que no quiere dar entrevistas ni participar en documentales ni reportajes, que no quiere ir a homenajes ni hablar con nadie de la muerte de Samuel. Pero los medios y las productoras siguen intentándolo, más aún desde el juicio que acabó con la condena de tres de los cinco adultos acusados de matarlo –otros dos menores ya habían sido condenados–, en sentencias que consideraron probado que al menos uno de sus asesinos actuó movido por su homofobia.
Hace unos meses, el médico de cabecera de Max fue a buscarlo a su casa, donde vive con su mujer en un pueblo de Pastoriza (Arteixo), a diez minutos en coche de A Coruña, porque no podía localizarlo. Sin darse cuenta, había bloqueado el número del centro de salud. Él y su mujer sufren una horrible depresión desde que en la madrugada del 3 de julio de 2021 les dijeron que su hijo había muerto. Su padecimiento se agrava cada vez que ven su rostro en la tele, con el fondo de las imágenes de las cámaras de tráfico que lo grabaron intentando escapar de la manada asesina que lo linchó.
A Max, que se fue de su casa en Brasil a los 12 años huyendo de un padre alcohólico y maltratador, su médico le ha tenido que duplicar recientemente la dosis de antidepresivos. El juicio a los acusados de matar a Samuel y las sentencias de la Audiencia Provincial de A Coruña y del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia han renovado el interés mediático, y las llamadas de números desconocidos vuelven a inundar su móvil. El aniversario de los hechos augura más y más imágenes y tertulias en los telediarios y programas de sucesos. Max dice que él y su familia ya no pueden más. "Sobre la muerte de mi hijo ya se ha contado todo. Por favor, olvídense de nosotros".
Usted nunca ha querido dar una entrevista. ¿Por qué ahora?
Porque espero que sea un punto final. Anoche [refiriéndose al pasado martes] recibí un mensaje de una amiga de Samuel a la una de la mañana. Estaba casi dormido: "Mañana sale un documental". La gente te dice que el tiempo lo cura todo, pero no es así, y mucho menos si constantemente están saliendo cosas en la televisión, en los periódicos...
Los periodistas y los medios tenemos la obligación de informar sobre casos como el de Samuel. ¿Cómo cree que se debe hacer para no hacer daño a su familia?
Una cosa es la prensa escrita, eso puede que nos llegue, o puede que no. Pero una cadena de televisión llega a todas partes. Y me habla de informar, claro, es cierto, ustedes tienen esa obligación. Pero es que sobre la muerte de mi hijo ya se ha contado todo lo que se podía contar: antes, durante, después... Sólo hay una imagen de su asesinato: cuando Samuel intenta escapar corriendo por el paseo marítimo, lo tiran al suelo y empiezan a matarlo. Llevo cuatro años con esas imágenes de mi hijo muriendo metidas en la cabeza. Me hablan de la libertad de expresión, pero mi libertad, ¿dónde queda? ¿Es libertad de expresión que continuamente estén emitiendo esas imágenes?
¿Esta entrevista puede hacer que se sienta peor?
Si estoy hablando hoy con usted es porque estoy cansado de pedirle a la gente que, por favor, no nos llamen, que no queremos participar en documentales, en reportajes, en homenajes... Si me despiertan a la una de la madrugada diciéndome que van a emitir un documental sobre la vida de mi hijo por... Voy a decirlo: por dinero. Para enriquecerse contando la desgracia de los demás. Según mi manera de pensar, hay programas y determinados periodistas a los que les encantan las desgracias ajenas. Quizá son o fueron grandes profesionales, pero si usted está hablando de la salud mental en un programa que está emitiendo imágenes que afectan a la salud mental de otras personas... No sólo a la mía: la de mi mujer, mi cuñado, la madrina de Samuel, sus primos, sus sobrinos, su hermana que está en Brasil... Lo que nos está matando son las imágenes de Samuel muriendo, una y otra vez, en todas las televisiones. ¿No se dan cuenta de que eso nos mata? ¿Cómo vamos a cuidar nuestra salud mental si constantemente nos bombardean con esas imágenes?
¿Cómo afrontan el aniversario de la muerte de Samuel?
Es el aniversario, su cumpleaños fue el 16 [de junio]... Es una llamada aquí, otra allá, vamos a hacer esto, lo otro, un documental, una entrevista, un reportaje... El otro día nos llamaron del Ayuntamiento de A Coruña, querían hacerle un homenaje, un árbol, una placa... Les dijimos que no. En ocasiones anteriores ya les habíamos dicho que no queríamos nada. No queremos una calle, ni una placa conmemorativa, ni flores en el sitio donde lo mataron.
"Sólo hay una imagen de su asesinato: cuando Samuel intenta escapar corriendo por el paseo marítimo, lo tiran al suelo y empiezan a matarlo. Llevo cuatro años con esas imágenes de mi hijo muriendo metidas en la cabeza"
¿Por qué?
Queremos descansar. Vivir nuestro dolor en paz. Seguir nuestra vida con tranquilidad, sin que nadie nos mire por la calle. ¿Para qué valen una placa o una medalla? ¿Qué va a cambiar? ¿De qué le va a servir a la sociedad? Imagínese que le cambian el nombre a la Avenida de Buenos Aires [donde Samuel fue asesinado] por el de mi hijo. Esa calle está dedicada a la gente que emigró, es un homenaje a un país, a una ciudad... ¿Qué sentido tiene dársela a una persona sencilla, que no hablaba de su vida? Mi hijo era una persona común como cualquier otra. Si hacemos eso, también tendríamos que cambiar el nombre de la calle Juan Flórez por el de Yoel [Quispe, el joven asesinado a puñaladas en esa misma vía de A Coruña en la navidad de 2023]. ¿Por qué sólo mi hijo? ¿Por qué no los demás? ¿Entiende a dónde quiero llegar? ¿Sólo porque era homosexual?
Que ustedes sepan, Samuel nunca hizo pública su identidad sexual.
Exactamente. Lo que era o no era le pertenecía a él. No le importa a nadie. Si nunca quiso hablar de su condición sexual, de su vida personal, ¿por qué los demás tienen que hacerlo? ¿Por qué tienen que hacerle un homenaje? ¿Por haber muerto? Si aún fuera para poner una placa en Padre Rubinos [la residencia en la que Samuel trabajaba] con una foto vestido de enfermero, cuidando ancianos... Somos ciudadanos simples que no participamos en nada, no queremos homenajes, queremos poder pasear por el pueblo... Ojalá mi mujer quisiera y pudiera viajar, salir un poco de aquí.
¿Cómo se encuentra su esposa?
Sigue igual. Cada día peor. Empeora cada vez que sale algo de esto en la televisión. He tenido la suerte de trabajar en Inditex, que desde el primer momento nos pagó los tratamientos psiquiátricos y psicológicos. Pero ella los ha rechazado. Ahora he tenido que duplicar la dosis de antidepresivos. Yo vivo al día, voy a la Iglesia porque tengo fe, pero mi mujer no, lo dejó, sólo va de vez en cuando. Si tengo que salir a hacer recados, mi pensamiento se queda en casa con ella: ¿Será que va a pasar algo en algún momento? Cuantas más cosas salen en la tele y la gente habla de ello, peor se queda. No acepta ayuda, no acepta medicamentos, simplemente está viviendo al día y deseando que ese día se termine. Yo tengo que llorar callado, escondido, para no demostrar flaqueza.
Imagino que usted conoce otros casos que recuerdan al del asesinato de Samuel, como el que cometió José Bretón con sus hijos, o el de Ana Julia Quezada, que mató al de su pareja. Las familias también reclamaron respeto por sus memorias.
Sí. Y si esas familias lo quieren, estamos dispuestos a movernos para que el Gobierno haga una ley para que haya respeto cuando una víctima o una familia lo piden. Hay afectados que han tenido que llegar a juicio para que algo no se emitiera. Y no se emitió. Nosotros no queremos ir a juicio, sólo, desde el respeto, pedirlo por favor. Déjennos tranquilos, olvídennos. Les hago una pregunta a los periodistas: ¿Cuál es la diferencia entre el asesinato de mi hijo y el de Yoel? Los dos fueron brutales, pero el de Yoel, todo el mundo lo ha olvidado. En los dos casos hay una madre sufriendo, una familia rota... Pero con Yoel no hubo periodistas llamando constantemente, yendo a su casa... ¿Por qué es distinto con mi hijo? ¿Porque tenía una condición sexual que solamente él sabía, y que le pertenece sólo a él? No quiero que mi hijo tenga una medalla ni que sea marca de nada.
Queremos descansar. Vivir nuestro dolor en paz. Seguir nuestra vida con tranquilidad, sin que nadie nos mire por la calle. ¿Para qué valen una placa o una medalla? ¿Qué va a cambiar? ¿De qué le va a servir a la sociedad?
¿Siente usted que de alguna manera está defendiendo la dignidad y la intimidad de Samuel?
Por eso estoy aquí hoy. No me gusta la forma en la que están actuando al respecto de mi hijo. ¿Hay forma de pararlo? No lo sé. Si hubiera sabido hace una semana que ese programa iba a emitirse, habría hablado con mi abogada para intentar pararlo. Pero me lo contaron a la una de la mañana. No quiero participar en nada, no quiero participar en documentales, no quiero que nadie se beneficie con la vida de mi hijo o con lo que ocurrió con él. Yo he respetado a todo el mundo, he mostrado respeto para que me respeten. No hablo de la sociedad, son los programas de televisión y algunos periodistas que buscan momentos de gloria. ¿Por qué no hacen un programa para ayudar a la juventud, o sobre África, donde hay niños que pasan hambre, donde hay guerras? Eso no interesa, no vende. Vende la desgracia. Hay que respetar cuando la gente no quiere hablar. Yo me he visto forzado a hablar hoy, y no quiero. ¿Por qué lo hago? Porque no se respeta la intimidad, el silencio... Y tengo que defender a Samuel. Era un niño maravilloso, un espectáculo. Nos consultaba todo lo que hacía, nos cuidaba, cuidó a su abuela, la acompañaba a todos lados... El día en que lo mataron, Alejandro Sanz dijo una cosa [por lo que el artista escribió en sus redes sociales]: "¿Cómo pueden hablar tanto de la condición sexual de un chaval y no contar cómo era él?".
¿Qué hará si siguen llamándole?
Lo de siempre. Colgar y bloquear el número. A los periodistas, a los programas, a los directores, a las grandes productoras que quieren hacer documentales, les pregunto: ¿Y si fuera vuestro hijo? ¿Y si vuestra mujer estuviera pasando lo que estamos pasando nosotros? ¿Tendríais fuerza para salir en un documental y vender a vuestros hijos? ¿Venderíais a vuestro hijo? ¿O querríais seguir viviendo en paz?



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