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Violencia machista La violencia machista en los jóvenes: la de siempre, pero más visible e identificada

Hablamos con jóvenes y expertos sobre cómo viven el feminismo los menores de 25 años, qué impactos ha provocado el movimiento en esta generación y por qué uno de cada cinco chicos considera que la violencia machista es un invento, el doble que hace dos años.

La violencia machista en los jóvenes: la de siempre, pero más visible e identificada
Un grupo de mujeres en la cabecera de la manifestación feminista del 8 de marzo de 2018. —. Jordi Pujolar / ACN

Uno de cada cinco chicos jóvenes considera que la violencia machista no existe. Es un dato preocupante recogido este año en un estudio del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, que encendía las alarmas y alertaba de que el porcentaje se ha prácticamente doblado en sólo dos años. Sin embargo, es una cuestión que no sorprende a Ana Jover, estudiante de Ciencias Políticas de 20 años de Barcelona. La joven cuenta en conversación telefónica con Público que ella misma se encontró hace pocos días, en una fiesta, con un chico que afirmaba que el machismo en España no existe y que durante la conversación acabó tildando a las chicas de "histéricas": "Las chicas son mucho más feministas. Hay muchos chicos que creo que sí creen en la igualdad pero el concepto 'feminismo' les echa atrás, hay como una especie de estigma entre ellos", apunta la joven.

En cuatro años, las chicas que se consideran feministas han pasado del 46% al 67%; los chicos se sitúan en el 32%

En los últimos años, el movimiento feminista ha crecido y ha aumentado su impacto en la sociedad. Con motivo del 25 de noviembre, Día Internacional para la eliminación de la violencia contra las mujeres, hablamos con jóvenes y expertas sobre cómo han vivido los menores de 25 años este auge y si ha tenido un impacto en las violencias machistas que sufren las nuevas generaciones. La percepción compartida es que mientras que el machismo y las actitudes violentas permanecen, fruto de un sistema patriarcal plenamente vigente, las jóvenes son más conscientes de ello e identifican más rápidamente sus violencias, lo que tiene un impacto positivo también en su reparación. Sin embargo, el cuestionamiento del status quo también genera posiciones reaccionarias.

Laia Ramió, amiga de Ana y también de 20 años, comparte su visión y apunta a la "masculinidad frágil" como causa para que los chicos quizás no reconozcan abiertamente que son feministas. "Pero sí me he fijado en amigos que se lo toman más en serio. Creo que los chicos pueden ser bastante conscientes del tema, también", reflexiona. Según el mismo estudio, entre 2017 y 2021, las chicas que se consideran feministas pasaron del 46% al 67%, mientras que los chicos alcanzaron un pico del 37% en 2019 que se redujo hasta el 32% en 2021. Clara F., docente en un instituto de la comarca del Penedès (Barcelona), también constata esta tendencia: "Entre los chicos ha calado el discurso de 'o eres machista o eres feminista' y lo estamos intentando cortar muy fuerte", alerta.

Este comportamiento diferenciado entre chicos y chicas responde a la polarización que se ha dado en la sociedad y en la sensación de algunos hombres -no sólo jóvenes- que el feminismo representa un "ataque". "Cuando hablamos de transformar la sociedad esto implica una pérdida de privilegios, un cuestionamiento, y se sienten atacados cuando en realidad se trata de poner el foco en el malestar que genera el sistema cisheteropatriarcal", señala Anna Rodríguez, psicóloga del Espai Lila del Centre Jove d’Atenció a les Sexualitats (CJAS). Este "efecto rebote" se vincula también al aumento de los discursos de odio, que en los últimos años ha ganado altavoces en la agenda política y mediática, por ejemplo con la entrada de Vox en el Congreso y en el Parlament de Catalunya.

La violencia machista, más identificada

Las violencias machistas que sufren las jóvenes siguen siendo, sin embargo, las mismas de siempre. Hay algunas diferencias respecto a las que pueden sufrir y ejercer las personas de mayor edad, pero sólo porque se relacionan y tienen comportamientos diferentes; así, no existen parejas estables con hijos pero sí vínculos sexoafectivos de diferentes tipos, y parte de las agresiones se concentran en espacios de ocio nocturno. Y es que pese a la mayor sensibilización, el sistema patriarcal persiste, lo que hace que también lo hagan las violencias: "Hay todo un sistema cultural que es muy difícil de modificar. No se trata de una conducta", apunta Esteve Segura, técnico de la dirección de Feminismes y LGTBI del Ayuntamiento de Barcelona y trabajador del Servicio de Atención a los Hombres (SAH), que dispone de un servicio específico para jóvenes que ejercen la violencia.

No es que haya más violencias, sino más herramientas para detectarlas

La conciencia feminista que se ha ganado en los últimos años, eso sí, facilita la detección de la violencia y los procesos de reparación de las víctimas o supervivientes. "Hablamos más, lo visibilizamos más y tenemos más herramientas para autoidentificar situaciones que hemos vivido. Pero son situaciones que siempre se han dado", aclara la psicóloga Anna Rodríguez. "Viven en el mismo mundo que nosotros. El hecho de ser joven no les hace ser más conocedores y menos vulnerables", se suma Segura. "Las violencias son las mismas, lo que ocurre es que ellas tienen más ojos", añade Clara F.

Tanto en el Espai Lila del CJAS como en el SAH Joves trabajan con población adolescente y joven en relación a las violencias detectadas sobre todo en dos ámbitos: las relaciones sexoafectivas -entendidas en un sentido más amplio que la pareja estable- y las violencias sexuales perpetradas por personas conocidas y/o en espacios de ocio nocturno. Aunque ahora los casos de agresiones sexuales se denuncien más y aparezcan más a menudo en los medios, Rodríguez matiza que no es que ahora se den más violencias sino que existen más herramientas para detectarlas.

"Hay cosas que no se aguantan ya, por ejemplo el acoso sexual. Noto que ya no se permite tanto, está más criminalizado, al menos entre las mujeres", explica Ana. Tanto ella como Laia explican que en las clases de la universidad se da bastante el hecho de señalar actitudes machistas entre compañeros, pero reconoce que en otros entornos menos sensibilizados esto no es así.

En el instituto donde trabaja Clara F. han organizado diferentes acciones de sensibilización para el 25N. En la comisión creada con este objetivo participan alumnas de 1º a 4º de ESO y Clara explica que ha tenido una participación más alta de la que esperaban: "Se nota que es un tema que está candente y que las altera". En uno de los primeros encuentros, las chicas compartieron de forma espontánea experiencias machistas que habían vivido, y algunas las han añadido al manifiesto de forma anónima. "La actividad ha sido la excusa para abrir melones que quizás las chicas no habían compartido antes", añade.

Cambiar el foco de la víctima al agresor

Sobre los casos de agresiones sexuales recientes, como el de Igualada, muy mediatizados, ambas chicas reconocen que se les pone "mal cuerpo" cuando lo escuchan y Laia reconoce que le "da miedo" y no le apetece ir sola a ciertos sitios. Sin embargo, cree que sólo tienen impacto mediático los casos "más extremos" y hay una parte de agresiones más sutiles, como las psicológicas, sin tanta visibilidad. "Creo que hay chicas que no se dan cuenta hasta que no es mucho más grave", lamenta.

"Señalar que la responsabilidad de la violencia es de quien la ha ejercido ayuda en el proceso de recuperación"

Sobre los casos de agresiones sexuales recientes, como el de Igualada, muy mediatizados, ambas chicas reconocen que se les pone "mal cuerpo" cuando lo escuchan y Laia reconoce que le "da miedo" y no le apetece ir sola a ciertos sitios. Sin embargo, cree que sólo tienen impacto mediático los casos "más extremos" y hay una parte de agresiones más sutiles, como las psicológicas, sin tanta visibilidad. "Creo que hay chicas que no se dan cuenta hasta que no es mucho más grave", lamenta.

Ana, por el contrario, explica que antes "tenía más miedo", pero que ahora el sentimiento que siente con más fuerza es la rabia y la indignación. "Me hace pensar cómo se puede llegar hasta este punto, qué le pasa por la cabeza a una persona para hacer esto. Me genera pena por la víctima, como antes, pero ahora me enfado más hacia el agresor".

Precisamente éste es uno de los cambios que ha impulsado también el movimiento feminista: cambiar el foco de las víctimas hacia los agresores. Históricamente, se ha señalado a las mujeres como principales responsables de evitar las agresiones sexuales y nunca se ha señalado al agresor ni al sistema patriarcal. "El feminismo ha puesto el foco sobre la gente que ejerce violencia", afirma Segura. "Señalar que la responsabilidad de la violencia es de quien la ha ejercido y no es algo aislado sino vinculado a un sistema patriarcal que lo legitima ayuda en el proceso de recuperación", añade Rodríguez.

Más formación y trabajo sobre las masculinidades

Sin embargo, para avanzar en la erradicación de las violencias machistas es necesario un trabajo mucho más profundo a nivel formativo para revertir los efectos del patriarcado. "El trabajo con jóvenes debe potenciarse, porque hay un retroceso, un sentimiento reactivo hacia estas nuevas políticas", dice Segura. Para el técnico del SAH Joves, la educación sexoafectiva no ha avanzado todavía de forma suficiente y la vigencia de la cosificación de las mujeres, la banalización del consentimiento o los estereotipos de género impiden cambios reales.

En el instituto de Laia les dieron charlas para la prevención de la violencia machista, al igual que en el centro donde trabaja Clara F. Sin embargo, la joven cree que debería darse más información, desde edades más tempranas que la secundaria o el bachillerato y también a través de las redes, donde pasan gran parte de su tiempo. "Hay que dar allí la información correcta y darle más voz".

Otra clave es el trabajo de las masculinidades. Para la psicóloga Anna Rodríguez hay que "interpelar" también a los chicos en los discursos feministas, y es necesario tratar la lucha contra las violencias machistas desde la óptica de los derechos sexuales y reproductivos. "Es necesario que todas las personas sepamos cuáles son y cómo los podemos ejercer para identificar cuándo los han vulnerado", concluye.

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