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Vox Acabar con la religión islámica en los colegios, la asignatura pendiente de Vox

Cómo combatir el discurso del odio, identitario y excluyente, de la extrema derecha española: con el conocimiento y la razón; con el respeto al pluralismo y la diversidad; y con el diálogo y la comunicación como formas de interacción cultural. Es la receta de varios académicos contra la ignorancia, los bulos y la desinformación de Vox, franquicia patria de la islamofobia.

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Los dirigentes de Vox Santiago Abascal, Javier Ortega Smith y Rocío Monasterio. / EFE


Frente al discurso del odio de la extrema derecha, hay que potenciar el diálogo y la comunicación como formas de interacción cultural. Es la receta de María Teresa González Santos, profesora de Sociología de la Universidad de Málaga, para combatir los mensajes islamófobos de partidos ultras como Vox, que pretenden desterrar de las aulas españolas la asignatura de religión islámica.

La razón contra la sinrazón. El conocimiento como vacuna contra los bulos y la desinformación. El academicismo contra el mensaje populista de rápida absorción. Ana Planet Contreras, profesora de Sociología del Islam en la Universidad Autónoma de Madrid, considera que la religión basada en el Corán es constructiva: “Defiende los derechos humanos, carece de una condición rigorista y excluyente, y no tiene nada que ver con la guerra santa”.

Pese a su repetición constante, los ataques de los reaccionarios no son nada originales. “Se trata de conceptos prestados de un discurso islamófobo procedente de las redes globales, sobre todo de Estados Unidos”, añade Planet. “Me gustaría pensar que esa manipulación de Vox es por desconocimiento, pero desgraciadamente su islamofobia forma parte de la agenda internacional de las formaciones ultras”.

La profesora de la Complutense —además de insistir en que sus argumentos no nacen en un ámbito nacional, sino que se alimentan de la extrema derecha mundial— está convencida de que el oportunismo de los ultras no responde sólo a un contexto determinado, aquí y ahora, sino que se trata de un alegato arrastrado por la corriente oceánica. “No es algo espontáneo, sino premeditado, como revelan las investigaciones que venimos realizando desde hace tiempo”. Vox como franquicia patria de la islamofobia.

“Vivimos un tiempo de identidades excluyentes, que se percibe en lo religioso, pero también en lo étnico y en lo lingüístico”, reflexiona Fernando Amérigo, director del Instituto Universitario de Ciencias de las Religiones de la Universidad Complutense. “Parece que sólo prima una identidad, de modo que el contrario se convierte en un enemigo. Por ello, urge combatir ese discurso identitario”, cree el profesor de Gestión de la diversidad religiosa, convencido de que se está simplificando el significado de la identidad.

Para muestra, un ejemplo: “Uno puede sentirse al mismo tiempo catalán, vasco y español, porque nació en Madrid pero tiene una herencia cultural de sus padres, quienes nacieron en Girona y en Bilbao”. Por ello, critica las encuestas que plantean cuestiones cuyas opciones de respuesta son excluyentes: “¿Por qué preguntan si te sientes más catalán o español? Las identidades siempre son múltiples. Te puedes sentir catalán y español, del mismo modo que un musulmán puede sentirse tan andaluz o asturiano como cualquier otro ciudadano”.

El presidente de Vox, Santiago Abascal./ EFE

Amérigo desmonta así la pureza que esgrime la ultraderecha: “Identificar católico con español está desfasado, pues somos igual de españoles tanto los católicos como los musulmanes, los agnósticos o los hare krishna”. Un discurso identitario reduccionista que ataca el pluralismo y tacha la presencia de la religión islámica en las aulas como un arma para adoctrinar a los alumnos musulmanes. “Ojo, porque un mitin también es un acto de adoctrinamiento”, ironiza el profesor de la Complutense.

El trabajo en las aulas

Romaesa Benslaiman, maestra de religión islámica en euskera, tiene claro que el mensaje de que en las escuelas se adoctrina a los niños musulmanes es islamófobo. “Y una mentira. Si quieres adoctrinar a alguien, te lo llevas a la selva o a un lugar apartado, no lo haces en un espacio público”.

El coordinador de comisión técnica de educación de la Comisión Islámica de España, Ihab Fahmy, defiende el trabajo de los profesores y de las profesoras. Es más, que las docentes sean mujeres, según él, para sacudirse ciertas opiniones previas desfavorables. “Es positivo tanto para los alumnos como para sus colegas, porque normaliza la convivencia y frena los prejuicios. Así, cuando ven a una mujer con velo en el supermercado o en el médico, son conscientes de que podría ser su maestra o compañera de colegio”.

Profesoras de árabe de la comunidad islámica de Valencia.

Aunque lleven esa prenda, “a lo mejor son más feministas que muchas feministas”, añade Fahmy, quien rechaza que sea sinónimo de sometimiento. “Se lo ponen por convicción propia, no por obligación. La primera palabra del Corán es un imperativo: lee. No adorar, rezar, ni obedecer, sino leer. De ahí viene la esencia de la educación y la formación en el islam”.

El coordina#dor de comisión técnica de educación de la Comisión Islámica de España cree que vivimos en un mundo muy bien comunicado, pero muy mal informado. De ahí que las maestras como Romaesa Benslaiman, nacida en Eibar hace veintiséis años, contribuyan a normalizar no sólo a las profesoras de religión, sino a todas las mujeres musulmanas que practican el islam. “Así, el resto de la sociedad ya no ve un estereotipo, sino a una persona. No se trata de comercializar una imagen, sino de profundizar en ese ser humano”.


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María Teresa González Santos, profesora de Sociología de la Universidad de Málaga, entiende que las políticas y las acciones dirigidas a potenciar la educación intercultural deben basarse en “conocer las distintas formas de vida que rodean el contexto general del alumno”. También en “valorar positivamente las aportaciones y las características de esos grupos culturales”, así como en “eliminar los estereotipos y prejuicios de los otros grupos a través del conocimiento y la valoración de la diversidad cultural”.

Por ello, González defiende la asignatura de religión islámica, que debería contar para su enseñanza con los medios idóneos para los docentes y tener en cuenta las necesidades de los estudiantes. Entre los objetivos, “capacitar en las estrategias positivas de regulación de los conflictos y fomentar la igualdad de oportunidades académicas de todos los alumnos, prestando atención adecuada a aquellos que requieran ayudas especiales de forma transitoria o permanente”.

“Vox atenta contra la Constitución”

Hay que rechazar la confrontación y dejar de poner tanto énfasis en la separación, sostiene un maestro de religión islámica que imparte la asignatura en un colegio de infantil y primaria. “La comunidad no somos nosotros o ellos, sino todos. Ésa debería ser la única bandera que debe ondear: somos iguales y la fe no es sectaria ni nos distingue. Yo soy nosotros y ellos”.

El secretario general de Vox, Javier Ortega Smith. / EFE

Sin embargo, este maestro es consciente de la beligerancia de la extrema derecha, cuyo discurso pretende entorpecer la integración de los musulmanes en la sociedad española. “El programa de Vox atenta contra la propia Constitución desde el momento que busca suprimir la asignatura de religión islámica. ¡Vete a tu país!, me dicen. ¡Pero si yo soy murciano! ¡De padre y madre murcianos!”, exclama el profesor, entre sorprendido y mordaz. “La religión no está asociada a una raza ni a un país, sino que es una cuestión de fe”.


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Para no tropezar con la ignorancia y los problemas que acarrea, Fernando Amérigo considera positivo conocer el pluralismo y la diversidad. Además aboga por favorecer un diálogo interreligioso. “No sólo confesional, sino también con la participación del Estado, para generar una tolerancia horizontal entre ciudadanos”, añade el director del Instituto Universitario de Ciencias de las Religiones, quien critica a los que se las dan de patriotas.

“Si le preguntas a un españolito de a pie qué es el islam, te sorprendería su respuesta, al igual que si tuviesen que diferenciar el budismo del hinduismo. El conocimiento es necesario y siempre positivo”, señala Amérigo, consciente de que muchas mentes todavía deben ser lustradas e ilustradas. “¿Cómo voy a hacer negocios en Asia si no conozco nada de su cultura y religión? Debería saberlo por formación, pero también porque de lo contrario sería un desprecio hacia el prójimo. Y hablo del conocimiento de fenómenos sociales, no de doctrinas. O sea, es bueno entender tanto de religiones como de mitos griegos”.

Integración contra islamofobia

El director del Instituto Universitario de Ciencias de las Religiones deja claro que, académicamente, es discutible que el islam sea antidemocrático. “No hay más violencia en esa religión que en otras. En todos los libros sagrados hay elementos violentos y de llamada a la paz, incluso en las orientales, basta pensar en la situación que sufren los rohingyas en Birmania”. Todo depende de cómo se interprete el islam, el judaísmo, el budismo, el hinduismo o el catolicismo. “Pero está claro que detrás de la equiparación entre islam y terrorismo hay un discurso islamófobo”, sostiene Amérigo.

Aula de un colegio religioso. / EFE

El profesor de Gestión de la diversidad religiosa también descarta que las aulas puedan larvar la violencia. “En el caso de que hubiera profesores que buscaran la radicalización, la Justicia y el Estado tienen instrumentos para intervenir”, advierte Amérigo, quien recuerda algún ejemplo de tolerancia y entendimiento entre comunidades. “A través de la Fundación Pluralismo y Convivencia, cientos de imanes hicieron cursos en la UNED sobre la Constitución Española y los derechos fundamentales, un hecho positivo a favor de la integración y en contra de la islamofobia”.

Ahmed Dridek, padre de tres alumnos del Colegio Martínez Parras de Hellín (Albacete), defiende la asignatura de religión islámica y asegura que el maestro de sus hijos enseña el islam desde una perspectiva integradora, de modo que los aleja de “cosas malas”. No le sorprende la aversión de Vox a los musulmanes, en un contexto europeo en el que proliferan los ataques contra su comunidad, a la que le achacan todos los males causados por una minoría radicalizada.

“Lo importante es que con la ayuda del profesor nuestros niños aprendan el islam verdadero, que ofrece una buena imagen, y no se desvíen hacia un camino negativo”, concluye este vecino de Hellín. “Por suerte, España es un país que respeta la igualdad y la diversidad cultural. Y, más allá de que mis niños reciban clases de religión islámica, nosotros simplemente queremos vivir aquí en paz”.

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