La fórmula del éxito de los villancicos
Los villancicos es una de las tradiciones navideñas más arraigadas en España, pasando de generación en generación.

Zaragoza-
La Navidad es una época repleta de tradiciones. Conductas y patrones que repetimos un año tras otro, en ocasiones sin plantearnos un porqué o el origen de las mismas. Si lo hacemos es muy probable que sea porque nos divierte, nos funciona o nos alegra. Un ambiente festivo en el que, como no podía ser de otra manera, la música es protagonista. En esta ocasión en forma de los consabidos villancicos.
Los ejemplos son muchos y variados. Los Peces en el Río, Campana sobre Campana, Hacia Belén va una burra… De la gran mayoría de ellos nos sabemos la letra completa sin habérnoslo propuesto siquiera. Hubo un momento, generalmente durante la infancia, ya fuese en el colegio o en casa, que nos los enseñaron y, desde entonces, si alguien se arranca, los seguimos sin problema. Pero ¿qué tienen estas tonadillas para que resuenen tan fuerte dentro de nosotros, pese a apenas cantarlas una vez al año (si llega)?
Qué es un villancico
Según la RAE, un villancico es una canción popular, generalmente de contenido religioso, que se canta en Navidad. A lo que en su segunda acepción añade que es una canción breve que frecuentemente servía de estribillo. Básicamente, estas dos definiciones combinadas nos ayudan a entender la dimensión de la pieza, también sus características más importantes y que, por ende, los hace tan exitosos.
Se podría matizar que, inicialmente, los villancicos nacieron con un origen profano. De hecho, su nombre deriva de villa, en sentido de que eran las canciones que cantaban las gentes de una villa medieval. Sin embargo, en la actualidad su adhesión a las fiestas navideñas es inequívoca, así como el lógico contenido religioso de muchos de ellos. Al fin y al cabo, si la propia Navidad tenía un origen pagano antes de que el cristianismo la adaptara a su mitología, ¿por qué no iba a suceder lo mismo con estas canciones?
Canciones extremadamente pegadizas
Poco a poco, la religión fue adaptando estos villancicos con la misión de difundir su palabra. Y así han sobrevivido hasta nuestros días. Antes de su conversión, la principal característica de estas canciones era que eran muy pegadizas. De hecho, esto se debe a que, como matiza la segunda acepción de la RAE, eran en esencia de los estribillos de canciones más largas o complejas. Esta cualidad es la que llevó a la Iglesia a utilizarlos como método de propaganda. Sabían que funcionarían y vaya si lo hicieron.
Si bien se compusieron algunos villancicos ex profeso, para muchos otros se utilizaron las tonadillas ya existentes en el cancionero popular para introducir letras adaptadas que hablaban de la Virgen o del nacimiento del niño Jesús. Es decir, la música no solo era conocida, sino que su pegajosidad estaba más que testada. La repetición hizo el resto.
Un fenómeno asociado a la infancia
Es un hecho que, en la actualidad, la Navidad ha sufrido un proceso de secularización notable. Poco a poco, se van introduciendo tradiciones y costumbres que nada tienen que ver con el cariz religioso de las fiestas, como por ejemplo Papá Noel o el duende travieso. Sin embargo, los villancicos continuan imbatibles en cada sobremesa. Esto se debe, en gran parte, por la asociación que tienen con la infancia.
Al fin y al cabo, los villancicos se comienzan a interpretar a una edad muy temprana y, desde entonces, quedan impregnados en el bulbo raquídeo de la población. Los niños se arrancan a cantar y los mayores les siguen, generando una estampa entrañable. Por ello, cuando esos niños crecen y tienen sus propios hijos, replican la conducta en busca de generar nuevos momentos que recordar.
En la actualidad es muy complicado imaginar una reunión de adultos, como por ejemplo una cena de empresa, en la que se cantan villancicos. Sin embargo, en una Nochebuena en la que hay infantes presentes, estos son casi obligados. Incluso si se trata de una familia no especialmente religiosa, pues la letra es lo de menos. Lo que importa es la tradición y la comunión familiar. Esa asociación con la infancia y los momentos irrepetibles que se generan con panderetas, botellas de anís y zambombas es lo que les ha dotado de una supervivencia superior a otras tradiciones navideñas puramente religiosas, como por ejemplo la Misa del Gallo.
Fenómeno internacional
De hecho, la fórmula de los villancicos es tan perfecta que, si bien el término y su forma tienen un origen español, se ha trasladado a numerosos países y culturas. La conexión entre los villancicos españoles y los portugueses se puede entender por la frontera compartida. También con América Latina por el pasado común. Sin embargo, puede extrañar que los países anglosajones y protestantes también cuenten con su propia versión del villancico, llamados genéricamente Christmas carols.
La razón es básicamente la misma que utilizó la Iglesia en España, popularizar sus preceptos. Concretamente, los villancicos anglosajones son propulsados por reformistas como Martín Lutero, quienes buscaban fomentar el culto por medio de la música. De hecho, durante algunos años los villancicos estuvieron prohibidos en Inglaterra, donde el puritanismo impedía celebrar la Navidad de una manera festiva.
Prácticamente, en todo el mundo cristiano se da el fenómeno de los villancicos. De hecho, el más famoso de todos, Noche de Paz, tiene orígenes austriacos. Concretamente fue estrenado en 1818 cuando el organista Franz Xaver Gruber puso música a la letra que Joseph Mohr había escrito dos años antes. La idea era crear una canción que pudiese ser cantada de manera sencilla por todos los feligreses sin necesitar del acompañamiento de un instrumento y, desde luego, cumplieron su misión.

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