La magia de Studio Ghibli está en estas siete películas
El estudio japonés se ha convertido en sinónimo de calidad dentro del cine de animación por méritos propios.

Zaragoza-
La animación es un arte destinado a todos los públicos. Aclarar esto en big 2026 no tiene mucho sentido ya, pues el estigma de los dibujos animados para niños hace mucho que está ya superado. Uno de los grandes agentes que logró eliminar cualquier tipo de prejuicio fue, sin duda, el Studio Ghibli. Todo un fenómeno tanto en Japón como fuera de él, siendo uno de los principales embajadores de la cultura nipona en el resto del mundo. De él se suelen destacar tanto la belleza estética de sus composiciones como del corazón que poseen la mayor parte de sus producciones, algunas consideradas obras maestras.
Evidentemente, el Studio Ghibli no se puede comprender sin la figura de su creador y alma mater: Hayao Miyazaki. Aunque no estuvo solo en la aventura. Le acompañaron desde el inicio su mentor, Isao Takahata -quien firmó un total de cinco películas con el estudio-, y el productor Toshio Suzuki. Si bien no todas las cintas manufacturadas por el estudio son un 10/10, sí hay varias que lo rozan. Algo notable y que merece ser resaltado. Estas son las siete mejores películas de Studio Ghibli, ordenadas por su año pues hacerlo de mejor a peor no tendría sentido.
'El castillo en el cielo' (1986)
El castillo en el cielo fue la primera película en la historia del Studio Ghibli, después de que Miyazaki y Takahata decidieran unir sus fuerzas tras trabajar juntos en Nausicaä del Valle del Viento (1984). De hecho, ambas películas replicaron el mismo método de trabajo, motivo por el cual para muchos Nausicaä está considerada la primera película oficiosa del estudio.
La idea de El castillo en el cielo llega tras un viaje de Miyazaki a Gales, donde quedó impactado por la huelga de mineros que allí existía. El realizador japonés entendió el cierre de las minas como una traición a las personas que allí trabajaban duramente, algo que se nota en la película. Además, la ambientación replica claramente algunos de los paisajes y la estética galesa. La sinopsis es la siguiente: dos jóvenes huérfanos trata de evitar que una joya caiga en manos del Gobierno, pues da acceso a una isla mágica flotante llamada la fortaleza celeste, un concepto sacado de Los viajes de Gulliver.
En El castillo en el cielo, Miyazaki pone sobre la mesa varios de los temas vectores de su filmografía. Se trata de una defensa férrea de la naturaleza y el medio ambiente, también de valores como la infancia, la vida sencilla y una desconfianza eterna contra la tecnología. Una reflexión sobre el uso consciente del poder y la importancia de elegir el bien común por encima de la ambición individual.
'La tumba de las luciérnagas' (1988)
Probablemente, La tumba de las luciérnagas es la película más triste de la historia. Una historia descorazonadora, obra de Isao Takahata. La cinta cuenta la historia de Seita y su pequeña hermana, Setsuko, durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial en Japón. Tras un bombardeo que destruye su ciudad y provoca la muerte de su madre, los hermanos deben sobrevivir por su cuenta en un entorno marcado por la escasez y el hambre. La obra aborda temas como la guerra, la pérdida, la responsabilidad y el abandono. Su principal acierto es alejarse del frente de batalla y poner el foco en las víctimas civiles, especialmente en los niños, y en las consecuencias humanas que tiene un conflicto armado.
'Mi vecino Totoro' (1988)
¡Menudo año 1988! Ghibli también estrenó ‘Mi vecino Totoro’, en este caso obra de Miyazaki. La película cuenta la historia de una familia que, en el Japón de la posguerra, se traslada a vivir al campo. Allí conocen a un espíritu japonés que vive en el bosque, junto al que las dos hijas de la familia viven varias aventuras. La cinta fue un fenómeno mundial y es una habitual en listas de mejores películas, sin el apellido de animación. Es tan icónica que, de hecho, Totoro se convirtió en el logotipo del estudio.
Una de las cosas que más llamó la atención en su momento es la ausencia de un villano, algo que, por ejemplo, contrasta mucho con los clásicos de Disney. A cambio, Mi vecino Totoro explora el poder de la imaginación infantil, así como el modo peculiar en la que los niños se relacionan con el mundo y las circunstancias, en ocasiones muy graves, que suceden a su alrededor. El respeto por la naturaleza vuelve a estar muy presente, Totoro no deja de ser el espíritu del bosque, y el subtexto es profundamente melancólico.
'Porco rosso' (1992)
“Prefiero ser un cerdo a un fascista”. La frase ya es historia del cine y proviene de Porco Rosso, para mucha gente si no la mejor, su película preferida del Studio Ghibli. La historia sigue a Marco Pagot, un piloto italiano de la Primera Guerra Mundial que, tras un misterioso hechizo, tiene rostro de cerdo. Convertido en cazarrecompensas aéreo, se enfrenta a piratas del aire mientras lidia tanto con su pasado como con un presente marcado por el avance del fascismo en Italia.
La película es una gran reflexión sobre la pérdida de la inocencia, además de poner en valor a la libertad individual frente a los regímenes autoritarios. Un comentario político que no está reñido con el entretenimiento, pues no deja de ser una aventura aérea protagonizada por un carismático antihéroe.
'La princesa Mononoke' (1997)
La princesa Mononoke es una epopeya fantástica ambientada en el Japón medieval. En ella conocemos a Ashitaka, un joven príncipe maldito por un demonio surgido del odio. En su viaje en busca de una cura conoce a San, una joven criada por lobos que lucha ferozmente contra la destrucción de la naturaleza. De nuevo en medio ambiente como uno de los grandes temas vectores en el universo de Miyazaki. El gran valor de la película es lo complejo de su aproximación, ya que no hay buenos y malos absolutos. Una lectura tremendamente adulta, en la que se reflexiona sobre la explotación desmedida de los recursos naturales. Además, también destaca lo espectacular de la animación, así como la presencia de un personaje femenino fuerte. Algo que no era tan habitual en la época.
'El viaje de Chihiro' (2001)
El viaje de Chihiro fue la primera película del Studio Ghibli en conseguir el Oscar a la mejor película de animación. Entre otras cosas porque el galardón se había instaurado solo un año antes, cuando lo ganó Shrek (2001). También fue el primer producto de la factoría de Miyazaki en alcanzar el mainstream más absoluto, siendo todavía la más taquillera de todas. Hasta entonces todos sus productos eran muy reputados en el nicho de la animación, sin embargo aquí logró permear por completo a la cultura popular.
¿Y de qué va la película? La historia sigue a Chihiro, una niña de diez años que, al mudarse con sus padres a una nueva ciudad, termina atrapada en un mundo alternativo poblado por los espíritus. Allí deberá trabajar en una casa de baños mientras busca la forma de rescatar a sus padres, quienes se habían convertido en cerdos, y de regresar al mundo de los humanos. El viaje del título hace referencia a cómo la protagonista pasa de ser una niña asustadiza e infantil a convertirse en una joven valiente y llena de recursos. Como siempre ocurre en las películas de Miyazaki, el subtexto es tan rico como el resto de la película, con un comentario claro sobre el consumismo, también sobre la importancia de la identidad y la memoria. La animación es sublime, como casi siempre por otro lado.
'El cuento de la princesa Kaguya' (2013)

El cuento de la princesa Kaguya es la última película de Isao Takahata, que tenía 78 años cuando logró estrenarla. Es una película que durante algún tiempo tuvo una mala fama muy inmerecida, pues fue un pequeño fiasco en taquilla. Además, su salida al mercado sirvió como epitafio de Ghibli, pues coincidió en el tiempo con la retirada de Miyazaki y el cierre del estudio. Sin embargo, se trata de una obra maestra que, afortunadamente, poco a poco ha ido ganando la reputación que merece.
La historia adapta el antiguo cuento japonés El cortador de bambú, que sigue la vida de Kaguya, una niña diminuta encontrada en un tallo de bambú por un cortador humilde. A medida que crece, Kaguya deslumbra a todos con su belleza, lo que la lleva a la corte imperial. Allí se verá atrapada entre las expectativas sociales y la presión de cumplir con unas obligaciones que chocan frontalmente con sus anhelos de libertad. La cinta, además, destaca por su belleza visual, con unos trazos capaz de expresar emociones como pocas veces se han visto en pantalla. En resumidas cuentas, toda una oda al cine de animación que, además, sirve de colofón a una de las carreras más brillantes del género como la de Isao Takahata.









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