Lady Hester Stanhope fue la mujer que pudo reinar, una aventurera orgullosa e indómita que dejó la envarada Londres de principios del XIX para vivir un sueño al otro lado del mundo. Durante casi tres décadas, Lady Hester recorrió Turquía, Egipto, Líbano y Siria dejando una profunda huella allá por donde pasó. Pero, al contrario que otros grandes viajeros contemporáneos, Hester nunca volvió, aferrada hasta sus últimos días al embrujo de Oriente. Esta es la historia de Lady Hester Stanhope, la reina del desierto. 

Lady Hester: marginada en Londres, reina en Palmira 

Lady Hester Stanhope
Lady Hester Stanhope en un retrato de su etapa en Londres

El 23 de junio de 1839, el cónsul británico y un misionero asisten el entierro de Lady Hester en Beirut. Al día siguiente, ambos acuden al palacio que la mujer tenía en Djoun, a 50 kilómetros al sur de la capital del Líbano. Revisan las 35 habitaciones del edificio y no encuentran nada, ni un objeto de valor, solo recuerdos y el polvo del desierto. ¿Por qué Lady Hester no regresó a Londres? ¿Por qué murió pobre y sola en su guarida libanesa? La reina blanca de Palmira se mantuvo fiel a su sueño hasta el último aliento.  

Un sueño que comienza casi 30 años atrás, el 10 de mayo de 1810, cuando Hester toma un barco rumbo a Constantinopla. Junto a ella, su hermano James y un joven estudiante de medicina llamado Charles Meryon, su gran apoyo y biógrafo. 

Lady Hester tenía por entonces 34 años, casi media vida vivida en aquel Londres de finales del XVIII que fue la capital del mundo occidental. Y Lady Hester la exprimió al máximo gracias a la posición que le otorgaba ser la hija de un Lord y de una hermana del Primer Ministro William Pitt.  

Fue su estrecha relación con su tío el ministro la que marcó su última fase en Inglaterra. Cuentan que Hester se convirtió en la anfitriona de Pitt presidiendo las veladas de la aristocracia británica en la casa de Walmer. Una vida cómoda y sofisticada que se terminaría antes de lo esperado.  

En 1806 William Pitt muere, sus influencias desaparecen y la pensión que le queda no es suficiente para mantenerse en primera línea. Para más inri, Sir John Moore, el que dicen fue el amor de su vida, cae en la batalla de A Coruña, en plena Guerra de Independencia Española. Londres ya no nos quiere. Es hora de partir

La odisea oriental de Lady Hester 

Lady Hester Stanhope
Lady Hester Stanhope con atuendo de hombre

Cuando no te sientes bien en lugar, cuando percibes que no es tu sitio, tienes dos opciones: aguantar y esperar que cambie la suerte, o ir tú mismo a buscarla. Lady Hester fue a buscar su destino a Oriente, seducida por los rumores que llegaban de otros compatriotas: más allá de Turquía, en el desierto sirio, todavía quedaban exóticos rincones por descubrir, todavía quedaban reinos sin reinar

Y la odisea comienza fuerte, con un naufragio. Los baúles con la ropa se pierden en el mar. Sin problema. Lady Hester adopta entonces el atuendo de hombre rechazando los tradicionales velos de las mujeres. Fue su primer golpe sobre la mesa: no había ido a Oriente a pasar desapercibida, ni a hacer turismo.

Mientras se encontraba en Damasco, a donde había llegado acompañada por el bajá de Egipto, Lady Hester oye hablar de Palmira, capital de un efímero imperio en el siglo III d.C. bajo el dominio de Zenobia, aquella mítica reina que llegó a retar al poderoso Imperio romano. Lady Hester encuentra la horma de su zapato. Irá al Palmira siguiendo el espíritu de Zenobia

Las alertas sobre las dificultades que podría encontrar a lo largo del camino no contuvieron a Lady Hester. Al contrario, no había nada más seductor para ella que convertirse en uno de los primeros europeos en penetrar en el desierto sirio alcanzando la misteriosa Palmira.   

Lady Hester Stanhope
Ruinas en Palmira. Fuente: Pixabay

Para recorrer los 250 kilómetros que separaban Damasco de Palmira Lady Hester se hizo acompañar por una caravana de 50 camellos y un considerable séquito de criados, además de contratar un grupo de beduinos que actuarían como guardaespaldas. Y tras varios días de viaje y aventuras, Lady Hester entra como una reina en Palmira. 

Tan solo tres años después de huir de Londres con lo puesto, Lady Hester es coronada simbólicamente como la reina blanca de Palmira. Había encontrado su sitio.

Cuentan que su fuerte carácter, su desparpajo y su verdadera pasión por las costumbres de los pueblos del desierto hicieron mella en sus anfitriones: así como Lady Hester cayó bajo el embrujo de Oriente, Oriente cayó bajo el embrujo de Lady Hester, un idilio que duraría hasta el final de sus días. 

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La mítica reina Zenobia, referencia de Lady Hester en su viaje a Palmira

Poco más tarde de su entrada triunfal en Palmira, Lady Hester busca una nueva aventura y organiza una expedición para encontrar un gran tesoro que presuntamente oculta la ciudad de Ashkelom, una ciudad de la costa a 50 kilómetros al sur del actual Tel Aviv. No lo logra. Lo volverá a intentar en dos ocasiones más, antecediendo a otras grandes expediciones arqueológicas en Oriente Próximo. 

Ya asentada en el territorio, venerada por diversos pueblos del desierto y respetada por los gobernantes de la zona, Lady Hester se convierte en una suerte de enlace entre Occidente y Oriente, tejiendo y destejiendo alianzas en un momento en el que se está fraguando el gran conflicto de este territorio que aún hoy, dos siglos más tarde, sigue sin solución. 

Lady Hester, una reina perdida en su palacio 

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El último refugio de Lady Hester

Desde su residencia en Djoun, Lady Hester vive un descenso a los infiernos en la última fase de su vida: atrapada en el personaje que se construyó durante décadas, aislada y pobre en su palacio, rodeada de cachivaches y gatos y con montañas de deudas que sus tradicionales valedores ya no quisieron pagar.   

Cuenta el historiador Paul Pattison que la evaluación de la vida de Lady Hester se ha visto dificultada por el romanticismo desbordante de la biografía escrita por su amigo Charles Meryon. Según Pattison, Hester nunca dejó de comportarse como una aristócrata, como una conquistadora, siguiendo la estela de todos aquellos exploradores que llegaban a países exóticos creyéndose casi semidioses.  

Pero Lady Hester se mantuvo fiel a sí misma hasta el último día, no quiso regresar a aquel Londres convencional y tedioso, prefirió seguir respirando el embriagador aroma del desierto, recordando las mil y una aventuras que vivió al otro lado del mundo, escuchando los vítores que la aclamaron como reina, una vez, allá en Palmira