La llaman la puerta del desierto de Marruecos, pues es la última ciudad que hay antes del Sáhara, y el Hollywood de África, ya que acoge uno de los estudios de cine más grandes del mundo, que ha servido de escenario para películas tan míticas Gladiator o Lawrence de Arabia o Asterix. Nos referimos a Ouarzazate, un mágica ciudad ubicada al sur de Marruecos, en el valle donde se unen los ríos Draa y Dades, ajena a las masificaciones de otras ciudades muy turísticas como, por ejemplo, Marrakech.

Antiguamente fue el punto de parada de las caravanas procedentes del Sáhara con destino a Marrakech y otras ciudades imperiales del norte del Atlas, lo que contribuyó a su desarrollo y al enriquecimiento de su tradicional cultura, que aúna la influencia bereber, árabe y de los nómadas del desierto. Recorremos este rincón mágico que esconde el mapa marroquí.

Centro de la ciudad

Plaza Al Mouahidine.
Fuente: Wikipedia.

El corazón de Ouarzazate, coqueto y recogido, se perfila un excelente punto de partida para adentrarse en la esencia de la ciudad y escudriñar todo lo que tiene que ofrecernos. Está presidido por la plaza Al Mouahidine, un amplio espacio donde se respira un ambiente local muy auténtico, decorado con algunas tiendas tradicionales, puestos al aire libre, cafeterías y restaurantes, donde puedes aprovechar para saborear las típicas tortas de harsha o platos árabes como el tajine de cordero o pollo.

Aunque el lugar más importante es el mercado central, donde es posible adquirir productos autóctonos y, además, adentrarse en la cultura local. Adyacente a este abre sus puertas el zoco, cuya visita constituye toda una experiencia por la mezcolanza de colores y aromas que lo dominan. En sus puestos se puede comprar todos los productos exóticos inimaginables: especias, dátiles, aceite de argán, incluso tejidos típicos marroquíes.

Las kasbahs de Taourirt y Ait Benhaddou

Lasbah de Taourirt.
Fuente: Wikipedia.

En las afueras toman el protagonismo las kasbahs, construcciones fortificadas de adobe y madera típicas de la arquitectura marroquí que servían a los locales para guarecerse de las tormentas de arena y al ganado del frío. El máximo exponente por su excelente estado de conservación, que le ha valido el reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad, es la kasbah de Taourirt.

Se trata de una ciudad fortificada de esencia bereber conformada por construcciones en adobe, que le otorgan un característico color rojizo, jalonada por tres bonitas torres almenadas. Fue construida en el siglo XVII por la tribu glaoui como punto de parada para la ruta del oro que iba desde Marrakech a Tumbuctú. Lo mejor es visitar su interior, donde las estancias de la dinastía glaoui son un despliegue de opulencia.

Fuente: Wikipedia.

Unos 30 km antes de llegar a Ouarzazate, hay otra kasbah de suma importancia: Ait Benhaddou. Construida en el siglo XVII, se levanta en lo alto de una colina que corona el valle de Ounila, desde donde las vistas al imperioso Atlas, el río Unila y el paisaje desértico que domina la región son fascinantes. El buen estado de conservación que muestra y su importancia histórica, pues fue lugar de avituallamiento de la ruta comercial entre Sudán y Marrakech, han conllevado el reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad.

También la han hecho muy atractiva para el mundo del séptimo arte. De hecho, ha servido de escenario para rodar clásicos como La joya del Nilo, Gladiator o Lawrence de Arabia. Su ksar, una mezcolanza de edificios resguardados por muros muy altos, es uno de los más esplendorosos y constituyen un excelente referente de la arquitectura antigua de Marruecos.

Estudios de cine Atlas

Ouarzazate

Tal y como hemos avanzado, Ouarzazate se ha convertido en una dirección de referencia para el mundo del cine; en la capital cinematográfica de Marruecos. Por ello, no extraña que aquí se encuentren uno de los estudios de cine más grandes y famosos del mundo, los Estudios Atlas.

Con más de una veintena de hectáreas de platós, insertos entre paisajes áridos y desérticos, que se hilvanan con valles de palmerales, ha sido escogida para rodar algunos clásicos como, por ejemplo, El reino de los cielos y otras muy taquilleras como Juego de Tronos. Para comprender la importancia del cine en esta región y ver más escenarios de otras películas, conviene dirigirse al museo del Cine.

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