Ubicada en lo alto de una peña entre los ríos Duratón y Caslilla, Sepúlveda es el paradigma de los pueblos fronterizos que configuraron su trama urbana en la Edad Media, etapa en la que esta localidad se relacionó con personajes insignes como Alfonso III, Fernán González o Almanzor.

Pero Sepúlveda no solo luce gracias al destacado patrimonio que representa su brillante pasado, sino que también ha sabido reinventarse agasajando al visitante con la mejor gastronomía castellana y el fantástico entorno natural del Parque de las Hoces del Duratón. Nos vamos al norte de la provincia de Segovia para recorrer Sepúlveda, un pueblo con encanto. 

Sepúlveda, tierra de frontera 

Sepúlveda
Sepúlveda. Fuente: Natalia Romay / Flickr CC BY-ND 2.0

Aunque el entorno del valle del Duratón ya fue poblado por tribus celtíberas y romanizado a partir del siglo I a.C., la primitiva aldea visigoda de pasado romano conocida como Confluenta desapareció en el siglo VIII, etapa documentada en la necrópolis del Duratón, a unos kilómetros al este de Sepúlveda.

Sería en la Crónica de Alfonso III cuando se hace referencia por vez primera a la villa de Sepúlveda que Fernán González reconquista a mediados del siglo X para retornar a manos musulmanas tras los asedios de Almanzor. Tras volver a caer bajo dominio cristiano, se redacta el fuero de Sepúlveda, confirmado por Alfonso VI, que otorga considerables privilegios a la localidad segoviana.  

Todos estos estos escarceos bélicos van configurando la trama urbana de Sepúlveda: todavía hoy pueden visitarse algunos de los tramos de la vieja muralla medieval que protegía la ciudad de los invasores como el denominado Postiguillo, donde comienza nuestra ruta por el sugerente patrimonio sepulvedano.

Situado al norte del pueblo, sobre uno de los meandros que forma el Duratón, el Postiguillo podría ser un testimonio de la vieja muralla árabe del siglo IX: es el lienzo mejor conservado junto con el de la Barbacana, en el centro de la localidad. 

Si seguimos hacia el sur nos encontramos con el Museo de los Fueros, ubicado en la iglesia románica de los Santos Justo y Pastor: una visita imprescindible para conocer la importancia de los fueros en este tipo de localidades de raigambre medieval.

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Escaleras que conducen a la iglesia de San Bartolomé, uno de los rincones más evocadores de Sepúlveda. Fuente: Wikipedia

Muy cerca del museo, observamos la Casa de los Proaño, un testimonio del plateresco sepulvedano, el estilo que triunfó a partir del siglo XV en buena parte de España. Más al sur, alcanzamos la Puerta del Azogue, también conocida como Arco del Ecce Homo, donde observar el otro lienzo de muralla que nos rememora el pasado fronterizo de Sepúlveda: se trata de un arco de medio punto entre dos robustos cubos pétreos.

Y siguiendo por la misma calle de la Barbacana llegamos a la Plaza de España que originalmente fue un espacio extramuros en el que encontramos los restos del Castillo, muy modificado posteriormente incluyendo el edificio del XVIII que soporta el reloj, punto focal de la plaza. 

La Plaza de España es el lugar perfecto para hacer una primera parada y degustar la enjundiosa gastronomía sepulvedana caracterizada por su sencillez y autenticidad: el lechazo asado es el gran símbolo de la cocina segoviana y no puede faltar en un nuestro menú degustación. Tal es la fama de este manjar que Sepúlveda es conocida como la ‘catedral del lechazo asado’. Para acompañar, una ligera y sabrosa ensalada de lechuga y tomate de las huertas del Caslilla y de postre unas rosquillas de Castrillo. 


Sepúlveda
Plaza de España en Sepúlveda. Fuente: Wikipedia

Retomamos ahora nuestra ruta y dejando al este la iglesia de San Bartolomé con su potente basamento de piedra al que se accede a través de unas singulares escaleras, seguimos hacia el este para llegar a la Plaza del Trigo y disfrutar del edificio de la Cárcel de la Villa en el que se ubica la actual Oficina de Turismo. Pasando la calle de los Fueros descendemos a la Plaza de San Esteban donde encontramos la Puerta del Río, otra de las puertas de la vieja muralla.  

Muy cerca de esta puerta se ubica al Museo Lope de Tablada de Diego, inaugurado recientemente y en el que podemos disfrutar de las obras de este segoviano que se estableció en Sepúlveda en los años 50: paisajes, cuadros costumbristas y bodegones que retratan el casticismo de la Sepúlveda de esa época. 


Sepúlveda
Iglesia de Nuestra Señora de la Virgen de la Peña de Sepúlveda. Fuente: Wikipedia

A un paso del Museo Lope Tablada tenemos la Casa del Parque, Centro de Interpretación de las Hoces del Río Duratón que se ubica en la iglesia de Santiago, un aperitivo para nuestra posterior visita al parque. Y en el extremo suroeste del casco antiguo sepulvedano tenemos los arcos de la judería: tres arcos apuntados rematados con bolas que se cree sirvieron de acceso a la antigua judería desaparecida en 1468, cuando se decretó la expulsión de los judíos de la localidad.   

Vamos terminando nuestra ruta por el patrimonio de Sepúlveda regresando hacia el norte para conocer primero la iglesia de El Salvador, una de las más antiguas del pueblo, fechada finales del XI y que cuenta con una sola nave de ábside semicircular. Y, finalmente, la iglesia de Nuestra Señora de la Virgen de la Peña, la joya románica del pueblo con su magnífica portada, ya en el extremo norte de Sepúlveda. 

Sepúlveda y las Hoces del Duratón 

Monasterio de Hoz
Uno de los rincones más sobrecogedores de las Hoces del Duratón. Fuente: Wikimedia/Ángel Antonio Caminero Gómez CC BY-SA 3.0 ES

El entorno natural de Sepúlveda es el otro gran atractivo de la localidad segoviana. Dominando dos ríos, el Duratón al norte y el Caslilla al sur, podemos empezar a apreciar la singularidad de su paisaje recorriendo alguna de las sendas que parten del pueblo como la de los Dos Ríos que arranca de la Casa del Parque para alcanzar el mirador de la Virgen de la Peña al norte, una de las mejores panorámicas de los meandros del Duratón

Si seguimos hacia al oeste a través del Senda Larga Puente de Talcano siguiendo el curso del Duratón llegamos a la Puerta de la Fuerza, otro impresionante testimonio de las viejas construcciones defensivas sepulvedanos. Más allá alcanzamos el Puente de Talcano, uno de los rincones más románticos de la zona y el meandro abandonado del Duratón, en el que se aprecia el cañón fluvial del río Duratón, en este caso sin agua. 

Es la antesala perfecta para el espectáculo del Parque Natural de las Hoces del Duratón cuyo epicentro se sitúa un poco más al oeste. A lo largo de 27 kilómetros, el Duratón discurre encajonado en un cañón excavado en el sustrato calizo generando en el último tercio profundos meandros con paredes que alcanzan los 100 metros de altura en algunos puntos. Un paisaje sobrecogedor en el que destaca también la presencia del Convento de Nuestra Señora de la Hoz del Río Duratón, uno de los edificios en ruinas más impresionantes de España.  

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