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Bailando con 60.000 zombis en un bosque alemán lleno de fango

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Este verano ha sido muy excitante: dentro de la gira Monument Park, en la que promocionamos nuestro nuevo álbum, Strange Moosic, ¡íbamos a tocar con los ZZ Top en el Festival de Normandía! Yaya y yo guardábamos aún en la memoria el día aquel del pasado año en el que estuvimos bebiendo cerveza mexicana mientras veíamos a Billy Gibbons (guitarrista de ZZ Top) tocar con Rocky Erickson (de 13th Floor Elevator) en el Threadgills, un viejo antro en Austin, Texas.

Por desgracia, nos dimos cuenta de que no podríamos quedarnos en el Beauregard Festival para el concierto de los ZZ Top, ya que teníamos que tomar un avión a Berlín por la mañana temprano, y debíamos conducir de vuelta a París una vez que termináramos nuestro bolo. No podíamos creerlo. Sólo tuvimos tiempo para ir a la tienda y comprar todo el merchandising de los ZZ Top que pudimos: camisetas con tres tipos barbudos y muchos llaveros.

El Festival Fusión fue una pesadilla. Cuando estábamos tocando el sonido era patético, teníamos eco continuamente y no paraba de llover

El día después fuimos al Festival Fusión, en el este de Alemania, y fue una auténtica pesadila: está a 130 kilómetros de Berlín, en medio del bosque, en una vieja base militar rusa, y estuvo lloviendo durante cinco días. Había fango por todas partes y no había ningún sitio para guarecerse de la lluvia. Y allí había 60.000 personas cubiertas de barro, cubriéndose la ropa con bolsas de plástico. El lugar parecía un campo de refugiados justo antes del fin del mundo lleno de zombis a los que no les importaba ya la música.

Las carreteras para llegar al escenario estaban bastante enfangadas, por lo que no podíamos conducir. Tuvimos que caminar a través del barro llevando todo el material para el concierto. En un momento dado, nuestro mánager de la gira se cayó al barro. Estaba realmente horrible.

La banda que tocaba antes que nosotros era un grupo alemán de hip hop. La música era tan mala que no entendíamos por qué ellos nos habían invitado a estar allí.

Cuando subimos al escenario, un trozo del equipo de sonido cayó sobre mi cabeza. Me quedé noqueado. Sólo quería llamar a mi madre para que me cuidara. Lo juro, fue horroroso. Después, cuando estábamos tocando, el sonido era patético, teníamos eco continuamente y la lluvia no paraba de caer con fuerza. Detrás de mi batería, sólo podía pensar en esos 200 zombis alemanes que bailaban en el fango frente a nosotros, y no me podía imaginar que echaría tanto de menos el concierto de ZZ Top.

Por suerte, el día después estábamos tocando en el Festival Calvi, en Córcega con Metronomy. No más fango. Y ni una sola nube a la vista. Sólo arena blanca y el sol. Nuestra pesadilla alemana había quedado atrás y ahora estábamos buceando en el mar Mediterráneo con tubos y gafas, mirando los peces y los pulpos.

Pero todavía estamos esperando poder ver a ZZ Top y quitarnos la espina. ¿Quizá cuando vayamos de gira por España?

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