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Una biografía rescata del olvido la desdichada vida de Lina Prokófiev

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Una biografía escrita por Valentina Chemberdjí rescata del olvido la desdichada vida de la española Lina Codina, que fue mujer del compositor ruso Serguéi Prokofiev y que fue condenada a veinte años de trabajos forzosos en el gulag.

En una entrevista con Efe, Chemberdjí, que en 1991 se trasladó de Moscú a Barcelona junto a su marido, quien comenzó a trabajar como profesor de matemáticas en la Universidad Autónoma, aún no puede ocultar el asombro por que "nadie sabe nada de esta mujer española tan especial e inteligente".

Por las páginas de "Lina Prokófiev. Una española en el gulag" (Siglo XXI) desfilan nombres con los que mantuvo relación en los primeros años del siglo XX, nombres como Picasso, Matisse, Ravel, Falla, Stravinsky, Rubinstein, Andrés Segovia, Rachmáninov, Toscanini, Chaplin, Stanislavski, Gorki, Eisenstein, García Lorca, Coco Chanel o Diaguilev.

Cuenta Chemberdjí que el primer encuentro entre Lina y Prokófiev tuvo lugar en San Petesburgo en 1918, "un amor a primera vista"; y en 1923 se casaron en París, vivieron felices y tuvieron dos hijos.

En abril de 1936, tras años de éxito arrollador a ambos lados del Atlántico, el matrimonio Prokófiev decide trasladarse a la Unión Soviética, donde espera al compositor ruso el reconocimiento de un público entendido formado en la edad de oro de la música rusa.

Para Chemberdjí, Prokófiev "pecó de ingenuidad al pensar que le dejarían componer con tranquilidad si no se metía en política".

Los primeros problemas llegaron cuando el régimen estalinista le prohibió la música para dos espectáculos -uno de ellos para 'Evguéni Onéguin'-. Entonces, "Lina comprendió muy rápido lo que pasaba porque era muy inteligente y, al comienzo de la Guerra Mundial en 1941, Prokófiev abandona a su familia y ella se quedó sola con los hijos".

Después de la guerra, Prokófiev se casó con una joven del partido comunista y en 1948 Lina fue arrestada y condenada a veinte años de trabajos forzados en un campo de concentración en el norte polar, condenada por espionaje, recuerda la autora.

"Quedó en libertad en 1956 y hasta 1974 no pudo abandonar Moscú para siempre, convertida entonces en una infatigable luchadora que nunca pudo borrar de su memoria el descenso a los infiernos del estalinismo", señala Chemberdjí.

Chemberdjí conoció por primera vez a Lina cuando tenía 5 años: "Mis padres se dedicaban a la música y todos compartíamos la Casa de los Compositores, y por eso el matrimonio Prokófiev era muy amigo de mis padres", apunta la autora.

Volvieron a reencontrarse en los años 60 cuando fue puesta en libertad y, de hecho, Chemberdjí, que entonces tenía unos 22 años, la ayudó a redactar una carta al entonces jefe del KGB, Yuri Andropov, "quizá más sensible porque componía poemas" y "en tres días la dejaron salir del país".

Los últimos quince años de su vida Lina Prokófiev vivió en París, rodeada de sus hijos y nietos, e incluso creó la Fundación Prokófiev en Londres.

Preguntada por la persistencia en esta veneración al compositor, que había muerto en 1953 el mismo día que Stalin, Chemberdjí asegura que "Lina veía a su marido como una víctima de su segunda mujer, Mira, y sufrió mucho porque lo adoraba, creía en él como persona y como genio".

Este segundo matrimonio acarreó asimismo una anécdota curiosa, revela Chemberdjí: "al haberse casado con Mira sin divorciarse de Lina, se produjo una situación judicial anómala que acabó con la sentencia de que Prokófiev había sido bígamo".

El propósito último de esta biografía, que se publicó originariamente en ruso en 2008, era, subraya la autora, "contar toda la verdad de Lina y hacer justicia con el olvido que sufrió en Rusia, donde el KGB la había desacreditado, tachándola de mujer frívola y extranjera".