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Clara Janés trae a España a la mejor poeta de la China clásica, Li Qingzhao

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La poeta y traductora Clara Janés se quedó prendada hace años de los versos de Li Quingzhao, considerada la mejor poeta de la China clásica. Ahora, después de un largo trabajo, Janés publica su poesía completa, por primera vez traducida al castellano en Ediciones del Oriente Mediterráneo, que ella dirige.

Con edición y traducción de Pilar González, la poesía completa de Li Qingzhao, que incluye 60 poemas "ci", hechos para ser cantados, es un viaje completo por la belleza en el que describe el amor, la naturaleza y los hechos de la vida cotidiana, elevados a la mayor transcendencia.

La poeta Li Quingzhao nació en Li Cheng (actual Jinan), en la provincia de Shangdong, hacia 1084, y murió en 1151, en un momento de dura convulsión histórica, porque fue el periodo de transición de la Dinastía Song del Norte a la Dinastía Song del Sur.

Pese a este periodo, Qingzhao, que nació en el seno de una familia de estudiosos, superó todas las trabas de una sociedad feudal, y "su calidad y su maestría literarias convencieron a todos los historiadores y letrados, tanto del pasado, como del presente, de que se trataba, sin lugar a dudas, de la más extraordinaria mujer poeta de toda la historia de la poesía china", dice el preliminar del libro.

Fue el gran poeta checo Vladimir Holan quien hace diez años hizo que Janés descubriera a Li Qingzhao. "Después conocí a Pilar González, que había traducido algunos poemas para una selección, y, tras un largo y difícil trabajo, aquí está este bellísimo libro, que pese a su antigüedad tiene una actualidad tremenda", explica a Efe Janés.

Li Qingzhao y su marido Zhao Mingcheng, hijo de un primer ministro, de una gran cultura y amante de los libros, compartieron su trabajo creativo y su erudición. Y, con los libros que se compraban, llenaron más de diez salas de su casa. Se dedicaron a contrastar sus poemas, a leerlos en voz alta y a realizar pruebas de memoria.

"El núcleo temático y vital de Li Qingzhao fue el amor, un amor que se extendió y modificó, siguiendo el periplo de su vida y su corazón", explica Pilar González, que narra cómo esta poeta, cuando su marido murió en 1128, "viuda y enferma, se dedicó a corregir la obra de éste y recorrió una decena de ciudades sureñas para encontrar acogida y apoyo, pero lo perdió absolutamente todo".

"Viento detenido/polvaredas de perfumes/flores últimas/se hace tarde en la noche/¡estoy tan cansada/que no puedo ni cepillarme el pelo!/las cosas permanecen/los hombres no/todo en su final se acaba..." escribe Qinzhao.