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Férrea seguridad en Bagdad en vísperas de las elecciones

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A pocos días de las elecciones parlamentarias de Irak, Bagdad vive en medio de un férreo dispositivo de seguridad, mientras sigue latente el temor de que haya un sangriento atentado en las fechas previas a la votación.

"Estamos viviendo con una bomba de tiempo", dijo hoy a Efe Ali Nameh, de 37 años, vendedor de una pequeña tienda de teléfonos móviles de Bagdad al comentar el ambiente que se respira en esta capital ante de los comicios del 7 de marzo.

Los bagdadíes se van acostumbrando ya a los numerosos controles de seguridad en las calles de la ciudad, que ocasionan unos colapsos de tráfico que obligan a los conductores a sufrir más de una hora en desplazamientos que sin retenes no llevarían más de quince minutos.

La capital aún recuerda las fuertes explosiones que se registraron en agosto y octubre pasado en el centro de la ciudad, con unos 300 muertos y más de mil heridos, que dejaron destrozados sedes de ministerios, comercios y hoteles de esta ciudad.

Edificios como la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores aún conservan las heridas de esas bombas. También las tienen emblemáticos hoteles de Bagdad que fueron objetivos de atentados el pasado 25 de diciembre, con una treintena de muertos.

Desde entonces, Bagdad ha sido escenario de otras explosiones, con menos víctimas, en una oleada terrorista que tiene el sello de grupo terrorista vinculado a Al Qaeda y, según las autoridades, de sectores ligados al antiguo régimen de Sadam Hussein.

El general Ray Odierno, jefe de las tropas estadounidenses en Irak, ya advirtió la semana pasada que se esperaba un "notable incremento de los incidentes" violentos según se vayan acercando las fechas de los comicios del 7 de marzo.

El pasado 13 de febrero, la coalición terrorista Estado Islámico de Irak, dominada por Al Qaeda, amenazó con impedir el desarrollo de las próximas elecciones, que calificó de "un suicidio y un crimen político".

"Después de consultar a los ulemas, jefes tribales y 'muyahidines' hemos decidido impedir la celebración de esos comicios con todos los medios legítimos posibles", afirmó el líder de la organización, Abu Omar al Bagdadi.

Las autoridades iraquíes aseguran que cerca de medio millón de policías y catorce divisiones del Ejército en todo el país estarán listas para garantizar la seguridad de las elecciones parlamentarias, de las que surgirá la próxima coalición gobernante.

Los blindados del Ejército y de la policía, con sus torretas de ametralladoras, son una imagen frecuente en esta capital, tanto en lugares fijos como patrullando por las calles en medio de un amplio dispositivo de seguridad.

"La seguridad ahora es buena, gracias a Dios. Es la misma de los meses anteriores", sostiene el carpintero Ali Naser, de 30 años, mientras pule la cabecera de una cama en una calle comercial de esta capital.

En la mayoría de los controles, los policías siguen usando detectores de explosivos vendidos masivamente por una compañía británica cuya eficacia ha sido puesta en duda por responsables de seguridad extranjeros.

Esos detectores no han servido de nada para evitar los atentados sangrientos de agosto y octubre pasado. Formaron parte de un millonario contrato del Gobierno iraquí, que se niega a retirarlos porque confía en que algo pueden hacer.

A pesar de ello, muchos ciudadanos de la capital se sienten inseguros porque no confían en un sistema que adolece de muchos defectos.

"Es un sistema muy débil, porque no hay inteligencia (policial). Hay muchos policías y militares, pero no hay seguridad", insiste el vendedor Ali Nameh.

El área más segura es la llamada "zona verde", separada del resto de la capital por altos muros de hormigón y a la que se accede por una serie de entradas que obligan a los que la usan a pasar por al menos cinco controles distintos.

En la "zona verde" se encuentran varios ministerios, la sede del Gobierno y algunas embajadas. Nadie pasa si no tiene una cita previa o está siendo esperado en alguna oficina del interior, y en muchas ocasiones tiene que ser escoltado hasta el lugar de la cita.

Al igual que Odierno, expertos de seguridad temen que en las fechas previas a las elecciones pueda haber un gran atentado, pero nadie sabe cuándo podrá ocurrir.

Es una espera dramática que pone los pelos de punta cuando suenan las sirenas de las caravanas de seguridad en cualquier calle de Bagdad.

"Sólo podemos invocar a Dios para que nos salve", dice Nameh.