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Marcelino, sin tecla

El Sevilla desaprovecha una gran primera parte ante el Espanyol

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Marcelino no atina con el arte de la sustitución. O lo aplica tarde y mal o pronto y mal. Ayer le metió un frenazo a un estupenda primera parte del equipo, quizá aún mejor que el arranque de la vuelta copera ante el Valencia. Acorraló a un Espanyol que se aplicaba de un lado a otro en busca de un chubasquero que le refugiara de soberano baño. En fútbol también hay matemáticas, aunque este deporte tenga poco de ciencia exacta: la mejor versión del Sevilla coincidió con la agradable gestión del trabajo organizativo de Trochowski. Aun así, el alemán aguantó en el campo un cuarto de hora en el segundo periodo.

Lo más lógico es que el encuentro hubiese quedado más que decidido en ese tramo de tanto desequilibrio. Pero falló primero Cáceres, luego Manu y Negredo y también Reyes. Las ocasiones se sucedían una tras otra sin que la defensa rival fuera capaz de tirar la línea unos cuantos metros hacia delante y acabar con la asfixia. Pochettino movía las manos como un guardia de carretera; siempre dirigía el tráfico en la misma dirección, lo más lejos posible de su área, pero no había manera de acabar con el agobio.

A Didac le tocó bailar con la papeleta más cruda de ese tramo. Navas le traía por la calle de la amargura con sus entradas por banda, Reyes se dejaba caer por allí y hasta Cáceres doblaba al extremo. Un no parar que le multó con la tarjeta amarilla muy pronto.

Uno de los errores del Sevilla en el partido ante el Valencia es que se partió muy pronto en dos líneas de cuatro sin que ni Medel ni Trochowski supieran conectar los dos cables. Ayer, el alemán se quedó con la copla e hizo kilómetros para hacer de puente entre los cuartetos. Jugaba muy bien el equipo: con intensidad, con el campo muy abierto. En esta ocasión, el fútbol demostró su inexactitud para dejar sin premio al equipo que lo había merecido con creces. Casilla se encargó con un par de interesantes paradas de salvar a su equipo de una condena que parecía más que anunciada.

Lejos de dar continuidad a lo que marchaba viento popa, Marcelino se sacudió los nervios a cambio limpio. Al cuarto de hora de la reanudación, ya había dejado el banquillo con un aforo de media entrada. El Sevilla se vino abajo en proporción exponencial al manoseo de la alineación.

Todo lo contrario le ocurrió al Espanyol, que, con la entrada de Weiss, pareció animarse un poquito después de ver como había salido sin mancha de lo peor. Perotti agota noche tras noche el crédito que acumuló hace meses y Kanouté está lejos de ese delantero referencia y líder de otros tiempos. Tampoco Rakitic es que hiciera mucho más para mejorar el panorama.

Así despilfarró el Sevilla ese trozo de partido tan llamativo. No acertó con la portería y se quedó con los tres puntos que tanto le hacían falta. La medianía sigue campando por Nervión. El técnico asturiano no da con la tecla que saque a su plantilla de un boquete del que cada vez hay menos escapatoria.

Sevilla: Javi Varas; Martín Cáceres, Spahic, Fazio, Luna; Medel, Trochowski (Rakitic, m. 64); Jesús Navas, Reyes, Manu del Moral (Perotti, m. 55); Negredo (Kanouté, m. 46).

Espanyol: Kiko Casilla; Galán, Raúl Rodríguez, Forlín, Dídac; Javi López (Cristian Gómez, m. 86), Raúl Baena; Rui Fonte (Albín, m. 69), Verdú, Thievy (Weiss, m. 52); y Álvaro

Árbitro: Teixeira. Amonestó a Kanouté, Didac, Forlín, Verdú y Álvaro.

Sánchez Pizjuán: 30.000 espectadores.