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La verdad de Moratinos, ¿toda la verdad?

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Por primera vez en este mes largo, la secuencia de los hechos sobre el caso Aminatou Haidar quedó ayer bastante en claro durante la comparecencia del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, en la comisión del Congreso. A las 11 de la mañana del día 14 de noviembre, poco antes de consumarse en el aeropuerto de El Aaiún la expulsión de la activista saharaui utilizando la salida de un avión con dirección a Lanzarote, el ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Taieb Fassi Fihi, llama a Moratinos para comunicarle 'que van a expulsar a la señora Haidar'.

El ministro español, según su versión, le expresó a su colega su 'rechazo y condena'. Al día siguiente, Fassi Fihi vuelve a ponerse en contacto con Moratinos para darle noticia sobre la expulsión ya consumada. Moratinos vuelve, de acuerdo con su versión, a rechazar la decisión marroquí.

En paralelo, sigue el relato del ministro, actúa la Policía, interpretando que el Acuerdo de Schengen y la Ley de Extranjería permiten la entrada de Aminatou Haidar con su tarjeta de residencia en España. 'Por razones humanitarias, la Policía resuelve que no va a dejar en el limbo a la señora Haidar y se admite su entrada en España con pleno respeto de la legalidad', añadió.

El ministro ha sido sincero. Ha asumido la responsabilidad en toda esta historia que comienza, hay que recordar, en un momento de aturdimiento del Gobierno, tres días antes de la liberación de la tripulación del Alakrana. Es probable que haya contado gran parte de la verdad, pero, ¿ha narrado toda la verdad? Porque es difícil creer que, después de recibir la primera llamada de su colega marroquí, Moratinos no descolgara el teléfono para hacer, al menos, dos llamadas: una al presidente del Gobierno y otra al ministro del Interior.

Porque se trataba de Marruecos y de una expulsión política en regla, comunicada desde el más alto nivel del Gobierno marroquí. Pero de estas dos llamadas Moratinos no nos dice nada. Y, sobre todo, la llamada al ministro del Interior es relevante porque se trataba de facilitar la entrada de Aminatou Haidar en territorio español.

Habíamos señalado en estas páginas que el Gobierno actúa como si creyera que la mejor comunicación es aquella que no existe. Algunos de nuestros

lectores señalaron enseguida que no se trataba de un problema de comunicación. Y tenían razón. ¡El Gobierno ha tardado nada menos que un largo mes en reconocer públicamente, finalmente ayer, que el ministro de Asuntos Exteriores marroquí llamó para anticipar la expulsión al ministro Moratinos!

El Gobierno español ha intentado desde el primer minuto proteger la relación que mantiene con Marruecos. Por muchas y buenas razones. Pero el problema es que, como dijo ayer Moratinos, el Gobierno marroquí tomó la decisión de expulsar por razones políticas a Aminatou Haidar.

Y si se rechaza y condena esa decisión, y si, además y sobre todo, la activista sarahaui no quiere ser expulsada ni pide la ayuda internacional para salir de su país, ¿por qué poner por encima las relaciones de buena vecindad España-Marruecos y aceptar la expulsión consumada de la señora Haidar, facilitando las cosas con el argumento de que poseía una tarjeta de residencia en España?

El Gobierno ha intentado no hacer de esa expulsión una cuestión de principios o casus belli con Marruecos echando mano al argumento de la ayuda humanitaria. ¡Cómo podía imaginar Moratinos y el Gobierno español que la activista saharaui iba a iniciar una huelga de hambre poco después de ser forzada a entrar en Lanzarote! Es que no se trata de imaginar. El problema era que si el ministro Moratinos rechazaba y condenaba, como ha afirmado, ello le exigía ser coherente al punto de no dejar que el avión -uno distinto a aquel que la había traslado de Las Palmas a El Aaiún- trajera a la señora Haidar a Lanzarote.

Moratinos ha aceptado pues que fue una expulsión política. Pero ha dicho ayer algo todavía más serio sobre el país cuyo ministro de Exteriores le anticipa la expulsión a las 11 de la mañana del 14 de noviembre. Si no se hubiera tenido en cuenta 'la situación humanitaria y política de la señora Haidar, nos podemos imaginar lo que nos hubieran dicho de que la enviamos al país donde la detienen y la torturan, y seríamos objeto de críticas'. Muy duro.

El Gobierno ha vuelto a actuar sin orden ni concierto. Sin materia gris. Y ello no pasaba por imaginar o intuir por arte de magia un hecho imponderable como la huelga de hambre de la señora Haidar. Las razones humanitarias, que pueden haber existido, son una cobertura.