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El negocio de la guerra no conoce fronteras en Herat

La porosidad del límite con Irán desestabiliza la zona de las tropas españolas

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Un nutrido grupo de hombres barbudos y con turbante espera a la sombra de la mezquita situada en tierra de nadie, en un punto intermedio entre Afganistán e Irán. A lo lejos hay una bandera iraní y una gran fotografía del ayatolá Ali Jomenei, mientras suena la llamada a la oración de la una. 'Ahora ya no hay casi nadie, pero el otro día no cabía un alfiler', cuenta Qasim, agazapado tras la alambrada de la frontera rematada con espinas. Asegura que miles de afganos se agolpaban el pasado viernes en la árida carretera que separa a la ciudad de Herat de la frontera iraní febrilmente desesperados por cruzar al otro lado.

El pasado fin de semana, Irán abrió su frontera de par en par y permitió el acceso masivo de afganos sin visado, por el que habitualmente pagan unos 300 dólares. Una situación insólita y sorprendente que no ocurría desde la guerra entre Irán e Irak, cuando Teherán reclutaba afganos para lanzarlos al frente. 'Desconocemos la razón, pero igual usted que es periodista me lo puede aclarar', dice con sorna el comandante Basir Khpolwark, al mando del lado afgano de la frontera. 'Tenemos noticias de que han pasado muchos, pero a través de las fronteras ilegales, no por aquí', asegura.

La insurgencia se está desplazando hacia el norte y el oeste

Se trata en su mayoría de hombres jóvenes y fuertes, lo que ha disparado rumores de todo tipo, como el que recoge un informe de un organismo internacional presente en la zona y que aventura que en el primer pueblo iraní, Taibat, los estarían reclutando para utilizarlos en el tráfico de armas o para combatir con las milicias insurgentes que luchan en Afganistán contra las tropas extranjeras. En este caso, las más cercanas son el grueso de las tropas españolas, entre otras nacionalidades destacadas en la base Camp Arena en la Base de Apoyo Avanzado de Herat, unos 500 soldados.

'Yo lo logré' dice Safiullah, que aguarda en la frontera una nueva oportunidad. 'Crucé el sábado con otras 150 personas, pero me interceptó un policía iraní, me dio una paliza y me deportó. Yo no entendía nada, porque incluso habían puesto autobuses para traernos aquí', asegura.

Las autoridades afganas piden a la población que se quede en casa

La televisión afgana Tolo TV confirmó que los iraníes habían fletado autocares para recorrer los 120 kilómetros que separan Herat del paso fronterizo de Islam Qala, una ruta plagada de criminales al caer el sol. La psicosis ha llevado a las autoridades afganas a pedir a la población que se quede en casa y no se preste 'a ser utilizada para las guerras'.

Es un elemento más de desestabilización en toda la zona oeste del país. Desde hace algunas semanas, Herat no ha tenido un respiro. Al atentado contra el convoy español en Shinwashan el miércoles, se suma un ataque con siete misiles de fabricación iraní contra la base en el aeropuerto un poco antes de las elecciones. l

La semana pasada, el popular ministro Ismail Kan, antiguo gobernador de la zona, salió ileso de un atentado en pleno centro de la ciudad y, el pasado domingo, un centenar de personas salió enfurecida a la calle para protestar por el alto nivel de inseguridad, después del secuestro de un comerciante al que devolvieron a casa descuartizado y en una bolsa de plástico.

Los talibanes forzaron a 3.000 civiles a protestar contra la OTAN

Obligados por la presión de los combates en el sur y el este, la insurgencia se está desplazando hacia el norte y el oeste, precisamente donde tienen presencia las tropas españolas, en Baghdis y Herat.

Hace una semana, los talibanes forzaron a 3.000 civiles a protestar contra las fuerzas de la OTAN después de lanzar un rumor según el cual habían profanado un ejemplar del Corán. Centenares de manifestantes bloquearon la carretera principal que va de Herat a Kabul, mientras los insurgentes, escondidos entre los civiles, dispararon contra la Policía afgana y quemaron varias comisarías.

'Rezo a Alá para que nos digan pronto quién ha ganado las elecciones, a ver si la situación mejora', dice Farid, un policía de aduanas. Sus plegarias aún no tienen respuesta, porque el informe con el anuncio del polémico resultado ha vuelto a aplazarse por enésima vez.