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"Ni soy fumador ni me he dado a la bebida"

Jon Hamm. Actor. El popular Don Draper de ‘Mad Men’ estrena esta semana ‘La boda de mi mejor amiga’ y se pone a las órdenes de su mujer en ‘Friends with kids’, junto a Megan Fox y Edward Burns, entre otros

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En un lustro, Jon Hamm ha trocado la desazón que provoca cumplir 35 años tras una década de reveses en Hollywood, a interrumpir con su paso una conversación entre Sean Penn y Meryl Streep, que no pudieron resistirse a revelarle su condición de fans de Mad Men. El turbio e impecable Donald Draper ha dislocado la carrera de este actor de Missouri, y a pesar del hieratismo ligado al personaje, Hamm tiene una vis cómica que este fin de semana desvela con un pequeño papel en la comedia del verano, La boda de mi mejor amiga: 'En primaria interpreté a Winnie The Pooh en una función escolar, así que estoy curtido en esto de plantarme frente al público con pinta de idiota'.

¿Por qué aceptó un papel menor en La boda de mi mejor amiga'?

Porque es la película más divertida que he visto en mucho tiempo. De hecho, hemos robado a la mitad del casting para integrarlo en el proyecto que dirige mi esposa, Friends with Kids. La prensa está buscando formas rápidas de definirla, como 'es la versión femenina de Resacón en Las Vegas', y es injusto, porque más allá de sus escenas hilarantes, es la historia de dos amigas que descubren que con el paso del tiempo se están distanciando. He llorado las dos veces que la he visto. Y el mérito es de Kristen Wiig y Maya Rudolph, dos actrices graciosísimas capaces de interpretar escenas de calado emocional. Yo me limito a interpretar a un idiota.

¿Teme encasillarse?

Tengo la suerte de compaginar Mad Men con otros papeles porque hay gente que ha decidido brindarme oportunidades. Antes de que nadie sospechara que podía ser gracioso, Lorne Michaels me ofreció ejercer de anfitrión en Saturday Night Live. El perfil de Draper no da precisamente a entender que pueda amenizar un programa de sketchs o una comedia de situación, pero me invitaron a sumarme al reparto de Rockefeller Plaza. En el otro espectro, también he tenido opciones para explayarme, como en Ultimátum a la Tierra o en The Town. No me he sentido constreñido por Don. Por supuesto, he recibido multitud de ofertas para interpretar a tipos trajeados, tocados con sombrero en los sesenta, pero, sabiamente, los he rechazado todos.

¿Cómo ha asimilado el paso de ser un desconocido en Hollywood a erigirse en megaestrella?

La fama que he alcanzado me ayuda a facilitar proyectos personales. Imagínate cómo cambian las cosas cuando puedes levantar directamente el teléfono para realizar una propuesta, en lugar de pasar por el trance de llamar a un agente, esperar dos semanas para que te devuelva la llamada, enviar el guión sin saber si alguien va a leer una sola línea. Hacer posible una película independiente resulta tan arduo... Me he ahorrado dos o tres etapas de estrés y presión en la producción de Friends with Kids.

¿Y cómo ha resultado la experiencia de la producción?

Obtener financiación y sacar un proyecto lleva mucho más tiempo que firmar un contrato e ir a un rodaje. Por suerte, hemos tardado en estrenar la cuarta temporada de Mad Men, y he dispuesto de un intervalo mayor.

¿Qué huecos le deja el rodaje de la serie para otros proyectos?

La mayor parte de las series suelen ocupar la práctica totalidad del año, pero cada temporada de Mad Men consta de 13 episodios y los rodamos del tirón durante cinco meses, así que dispongo de siete para involucrarme en otras cosas.

'He recibido multitud de ofertas para interpretar a tipos trajeados, pero, sabiamente, los rechacé'

¿Qué expectativas le generan las próximas dos temporadas?

Me he puesto a merced de Matthew Weiner, pues confío plenamente no sólo en su habilidad para relatar una historia sino también en saber cuándo rematarla. Él ha aprendido de gente tan inteligente como David Chase, con el que trabajó en Los Soprano, que todo tiene un final y es mejor retirarse en lo alto que prolongar la serie hasta provocar el resentimiento de sus seguidores.

¿Cómo van a afrontar el embarazo de January Jones?

Tendrá que filmar enfajada o habrá que incorporar la gestación a la historia. Ni idea. Por suerte no soy yo el que tengo que devanarme los sesos. Resulta muy liberador desanudarse el nudo de la corbata e irse a casa. Y como sé que me lo vas a preguntar, aunque la cuarta temporada fue especialmente dura y triste, con pasajes muy sombríos, no, ni soy fumador ni me he dado a la bebida.

Ha tomado el testigo de Gordon Gekko (Wall Street') como icono. ¿Qué sensación le provoca saber que Draper es tendencia?

Es un cumplido increíble, ojalá pudiera cobrar royalties [risas]. A pesar de los aspectos viles que rodean al personaje, resulta halagador que la gente conecte así con Mad Men. Obviamente uno de los pilares de la serie es su clase. Me gusta que sea cool y que evoque un periodo histórico que aunque se visiona como pasado, es muy moderno.

¿Usted también sigue el estilo marcado por su personaje?

Soy fan de la buena ropa. Lo que llevo puesto hoy, por ejemplo, es de Salvatore Ferragamo. Es fantástico que gracias a Donald Draper, modistos de renombre diseñen prendas para mí. Armani me regaló un esmoquin increíble que he llevado a menudo. Me hace sentir como James Bond en la Luna.

¿Ha cruzado por su mente interpretar a 007?

Ese puesto ya está cogido. El actual es muy bueno. Además, es un rol británico. No creo que un estadounidense deba interpretarlo. Pero en este género hay otras buenas alternativas, como Jason Bourne.

¿Cuántas veces pensó en tirar la toalla antes de que Draper se cruzara en tu carrera?

Un centenar. Los periodos prolongados de duda se alternan con breves lapsos de ánimo. Hay una cierta similitud con el golf, donde fallas 30 hoyos y cuando aciertas uno, saltas de júbilo, pero no ha sido más que un momento de suerte. Esta industria es análoga, nunca das con el quid, todo depende del azar.