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Los republicanos parten hoy como los grandes favoritos para las elecciones legislativas

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Los republicanos parten como los grandes favoritos para las elecciones legislativas de hoy en Estados Unidos, según las últimas encuestas divulgadas ayer, que los colocan entre 6 y 15 puntos por delante de sus rivales demócratas.

Así, el último sondeo de la firma Gallup realizado entre el jueves y el domingo entre 1.539 probables votantes coloca a los republicanos en cabeza con un 55 por ciento de la intención de voto frente al 40 por ciento de los demócratas.

Otra encuesta conjunta del diario The Wall Street Journal y la cadena de televisión NBC pronostica también un gran avance de los republicanos ante la que describen como "frustración" con el presidente Barack Obama y el Congreso de mayoría demócrata.

Los republicanos aparecen con una ventaja de seis puntos en la consulta del Journal y NBC, al lograr el 49 por ciento del apoyo popular frente al 43 por ciento de los demócratas.

Casi la mitad de los votantes que se inclinan por un Congreso dominado por los republicanos aseguran que el suyo es un "voto de protesta" contra el partido en mayoría.

Pese a que existe consenso en que la derecha parte con ventaja para la cita con las urnas mañana, no hay consenso en cuán grande será su empuje.

Las distintas conclusiones a las que llegan el Journal y Gallup son un ejemplo, pero otras encuestas difieren también en el grado de apoyo: el canal de televisión Fox News, por ejemplo, coloca a los conservadores 13 puntos por delante, CNN les da diez, la firma de encuestas Rasmussen nueve y el diario New York Times seis.

El gran interrogante, según señala la propia Gallup, no es pues quién ganará las legislativas de mañana en las que se renovará el total de la Cámara de Representantes, 37 senadores, otros tantos gobernadores y varios puestos estatales y locales, sino "por cuánto ganarán los republicanos".

Nate Silver autor del blog FiveThirtyEight que predijo correctamente los resultados en todos los estados del país durante las presidenciales del 2008, afirma hoy que dadas las distintas conclusiones de las encuestas "es difícil predecir el tamaño de la ola republicana".

Los republicanos necesitan 39 escaños para hacerse con la mayoría en la Cámara de Representantes y 10 para alcanzarla en el Senado.

Según el modelo de simulación de FiveThirtyEight, los conservadores lograrán unos 53 escaños en la Cámara de Representantes, mientras que en el Senado lograrán unos siete, lo que no les daría la mayoría en esa cámara.

Si los pronósticos van por el camino correcto, será la primera vez en los últimos 80 años en los que el Senado de EE.UU. no cambia de liderazgo al mismo tiempo que la Cámara de Representantes.

El previsible cambio de fuerzas en el Congreso promete complicar la agenda de gobierno de los demócratas y alterar el rumbo de la presidencia de Barack Obama.

El propio asesor político del presidente, David Axelrod, recordó ayer que algunos de los grandes temas pendientes como la reforma migratoria no podrán acometerse sin el apoyo de los republicanos.

Los demócratas han sido incapaces de sacar esa reforma adelante en los últimos años pese a su mayoría en ambas cámaras y con un margen previsiblemente achicado, el cumplimiento de esa y otras promesas electorales podría complicarse aún más.

Los demócratas han insistido durante la reñida campaña para estas legislativas que asumieron el timón del país en medio de la peor crisis de los últimos setenta años, una crisis forjada bajo la presidencia del republicano George W. Bush, según destacaron.

A su favor esgrimen el argumento de que han estabilizado la economía y piden más tiempo para finalizar las reformas emprendidas.

Pero un electorado agobiado por un desempleo de casi el diez por ciento no parece, a juzgar por las encuestas, dispuesto a darles otra oportunidad.

Expertos como Bruce Gronbeck, de la Universidad de Iowa, y Erwin Hargrove, de la Universidad Vanderbilt (Tennessee), ambos profesores eméritos en ciencias políticas, atribuyen gran parte de la actual situación al éxito de la campaña de propaganda de los republicanos, que han presentado a los demócratas como malos gestores económicos y responsables de un déficit que no para de crecer.