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En la tierra de nadie del ciclo económico

España seguirá en 2010 con su ajuste en una Europa que busca en la demanda interna su motor de crecimiento

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Como era previsible, las fuentes autóctonas de la depresión económica española (fuentes que también valen para Irlanda y el Reino Unido) han perfilado lo que podría llamarse una salida descoordinada de la crisis europea. El año 2009 ha sido para la mayoría de los grandes países de la eurozona (y también de Estados Unidos) el año de la salida de la recesión y el 2010 se presenta como el año de la salida (o abandono) de los programas de estímulo fiscal. Aunque está por ver cuál será la cifra de la evolución de la economía española durante el cuarto trimestre, gran parte de los estímulos fiscales que amortiguaron en algo la caída --falta por saber si han logrado al menos suscitar unas décimas de crecimiento económico en los últimos tres meses del año-desaparecerán en 2010.

España, como miembro de la eurozona, no tiene soberanía sobre la política monetaria, que está en manos del Banco Central Europeo. Pero la presidencia española de la Unión Europea --nobleza obliga-ha arrebatado de hecho la única arma de la política macroeconómica vigente: la política fiscal. ¿Cómo puede una presidencia arrebatar la política fiscal? Sucede que esa presidencia no era presentable sin un compromiso de rebajar un déficit fiscal del 10% o más del PIB y sin anunciar medidas como la subida de impuestos, totalmente aberrantes en una fase depresiva.

Se dirá que la presidencia española nada ha tenido que ver y que el pacto de estabilidad está para ser cumplido, aun con tasas de paro que apuntan al 20%. En todo caso, nunca se sabrá cuál hubiera sido la política fiscal sin el compromiso de ejercer la presidencia europea en el primer semestre de 2010. Pero no hay que ser muy perspicaz para advertir que tras la presidencia, el gobierno recuperará algo de su margen de maniobra fiscal, aunque hablar de ello suene a herejía. Para ese momento, julio de 2010, también habrá más pistas sobre el horizonte de la subida de tipos de interés en Europa y en EE.UU.

En España, quizá por razones políticas, toda la cuestión a debate se reduce al hecho de que la economía española pierde el tren de la recuperación mundial. Problema: la recuperación mundial, empezando por la eurozona, es extraordinariamente frágil. Y no está asegurada. Aquellos economistas que como los canadienses William White y David Rosenberg, o el profesor de la Universidad de Nueva York, Nouriel Roubini, intentaron persuadir al mundo sin suerte de que se incubaba una crisis parecida a la Gran Depresión siguen advirtiendo ahora que el camino de la sustitución de la deuda, el crédito y la construcción, como motores de la actividad económica, llevará largos años. Y, ahora, a esos motores, que es necesario rectificar, hay que agregar la colosal deuda pública inyectada desde el otoño de 2008.

Frente a esta idea, en España cobra cuerpo la hipótesis de que la recuperación europea tirará del carro de la economía española. Para ello, sostienen sus defensores, hay que prepararse con medidas de oferta. Por ejemplo: la reforma para bajar los costes laborales. Según esta versión, la crisis económica española se reduce a eso, a una crisis, por así decir, laboral. Más allá, faltaría más, del problema que plantean un buen número de cajas de ahorro y cuyo desenlace se prevé para los primeros meses de 2010.

Que en cada crisis y recesión las empresas intenten mejorar su posición de cara a la fase siguiente del ciclo económico, rebajando los costes laborales, es algo intrínseco al funcionamiento del capitalismo. Pero creer que aquí está el motor de la recuperación es una quimera.

'Nuestro perfil de previsión trimestral sugiere una desaceleración gradual en la fuerza del crecimiento durante el curso del próximo año. Hasta que alguna dinámica de la demanda doméstica comience a materializarse, la economía europea permanece en lo que podría acuñarse como la tierra de nadie del ciclo económico', escribe la analista Elga Bartsch, de Morgan Stanley, para quien países como España e Irlanda seguirán con bajos rendimientos 'mientras se abren camino a través de la resaca de la burbuja inmobiliaria, el boom de la construcción y el desequilibrio ahorro-inversión'. Según estima, 'ambos países están haciendo progresos hacia un reequilibrio de sus economías y deberían estar en condiciones de volver a un crecimiento positivo en 2011'.