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El mundo de la discapacidad auditiva cambió radicalmente con los implantes cocleares

El 25 de febrero es el Día Internacional del Implante Coclear. 

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Los datos confirman la hipótesis planteada de que la edad de implantación condiciona el desarrollo de las habilidades fonológicas debido a la corta longitud del periodo sensible de aprendizaje y a las limitaciones técnicas del IC. /GEMA BLANCO (SINC)

Los datos confirman que la edad de implantación condiciona el desarrollo de las habilidades fonológicas debido a la corta longitud del periodo sensible de aprendizaje. /GEMA BLANCO (SINC)

Actualmente, en España, hay más de un millón y medio de personas sordas, pero el mundo de la discapacidad auditiva ha cambiado radicalmente desde la llegada de los implantes cocleares. En nuestro país 14.500 personas llevan este tipo de implante y, gracias a este dispositivo, pueden llevar una vida normal.

El implante coclear es un dispositivo médico de alta tecnología que sustituye la estimulación electroquímica de la cóclea, lugar del que nace el nervio auditivo en el oído, que comúnmente siempre hemos conocido como 'caracol'. El implante recoge el sonido, lo transforma en una señal eléctrica que estimula directamente el nervio auditivo para que éste lleve la información al cerebro y pueda ser procesada.

Los primeros pacientes implantados eran aquellos adultos que por diversas causas veían afectado su oído interno y perdían la capacidad auditiva por completo, siendo imposible mejorarla con audífonos. Pero en 1998 llegó la autorización necesaria para su implantación en niños menores de dos años, que al nacer no han desarrollado dicha capacidad auditiva, pero que reúnen las condiciones anatómicas necesarias: tener el oído interno bien formado.

"El implante coclear demuestra un gran potencial, ya que muchos niños viven hoy en un ambiente de lenguaje oral normal", afirma Martín Oviedo

“Es aquí cuando el implante coclear demuestra un gran potencial, ya que muchos niños predestinados a vivir bajo la discapacidad de la sordomudez están hoy en día viviendo en un ambiente de lenguaje oral totalmente normal”, afirma Carlos Martín Oviedo, médico especialista en otorrinolaringología y patología cérvico-facial del Hospital La Milagrosa de Madrid.

Estos dispositivos están indicados en sorderas profundas bilaterales, que en el caso de los niños deben ser diagnosticadas lo más rápido posible para su introducción antes de los tres años. En el caso de los adultos, se recomiendan a todos aquellos que ya tuvieran lenguaje oral y cuya pérdida auditiva no supere un año.

Asimismo, están indicados cuando existe una posible asociación de un implante coclear al tratamiento quirúrgico de algunas patologías que conlleven la pérdida de audición completa, algunos casos de pérdida auditiva severa, acúfeno (percepción subjetiva de ruido) y pérdida unilateral completa de la audición tras un estudio detallado del caso.

El futuro de los implantes cocleares

Los científicos continúan buscando nuevas fórmulas de mejorar la calidad de los implantes cocleares, así como de hacer un seguimiento continuado de cómo cumplen su misión una vez implantados.

“Las empresas están ideando estrategias más sofisticadas que ayudan a reducir al mínimo el ruido de fondo y mejorar la relación ruido-sonido, ayudando al usuario a concentrarse mejor y a entender el habla", afirma este experto. "Los investigadores también están estudiando los posibles beneficios de usar un implante coclear en un oído junto con otro implante coclear o un audífono en el otro. Los datos obtenidos hasta ahora sobre el doble implante coclear en menores son muy satisfactorios”.

Así es un implante coclear

El implante coclear consta de dos partes:

- Una externa, que procesa el sonido recogido por un micrófono y lo trasmite a través de un sistema magnético por la piel a la parte interna.

- Otra interna, que consta de un receptor-estimulador que, a través de un haz de electrodos, que se colocan en el interior de la cóclea, trasmite el sonido procesado.

Para su implantación el cirujano lleva a cabo una operación con anestesia general, que dura aproximadamente unas tres horas. Se colocan los electrodos en la cóclea o caracol y rebajan el hueso parietal para ubicar allí el estimulador-receptor.