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"Eres un poco artificioso"

Aparece la correspondencia entre Martín Gaite y Benet

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Mientras Carmen Martín Gaite (1925-2000) preparaba sus conferencias de 1996, apuntaba en un cuaderno, al hilo de la lectura del ensayo de Juan Benet (1927-1993) La inspiración y el estilo, como si estuviera hablando con su amigo: 'Date cuenta, Juan, de que esto está muy bien porque es narrativo. Cuando te sales de lo narrativo te lías'. En una de las primeras cartas que componen las 67, que los herederos de la autora de El proceso de Macanaz (1970) y del autor de Volverás a Región (1967) acaban de hacer públicas en la editorial Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Martín Gaite ya reprochaba el más difícil todavía de las maniobras de Benet.

'El estilo debe ser claro y sin triquiñuelas que embarullen el hilo de la trama. No te importe ser lento y reflexivo, pero de una meticulosidad real y no fingida me refiero, encaminada a que los invisibles lectores te entiendan mejor'. Imagínate que se lo estás contando a alguien', le escribía Carmen el 25 de noviembre de 1964. Por entonces, el ingeniero tenía 37 años, se reunía en el Gambrinus con Valverde y Sastre, Martín-Santos, Aldecoa o Ferlosio, y había publicado Nunca llegarás a nada, un compendio de relatos, que pasó sin mayor gloria. Ella ejercía de mentora, ya había publicado tres libros: El balneario, Entre visillos y Ritmo lento, y avalada con el Café Gijón y el Nadal.

'Soy un ingeniero responsable y un escritor irresponsable'

'No te goces en desconcertar', insistía en la misma misiva. 'Que el desconcierto, cuando lo tenga que haber, emane del tema mismo, que esté en el tema, pero tú no tienes que estar preocupado en ponérselo. En eso eres un poco artificioso'. En las primeras cartas, Gaite ejerce con la rígida confianza de la maestra sin pudor, ante los primeros apuntes de Volverás a Región que Benet le manda.

Pero el proyecto más radical del momento era imparable. Benet se encaró al costumbrismo y desmontó la primacía de la historia a favor del tejido verbal con la referencia de Faulkner, Kafka y Proust: entendía el estilo como un fin, no como un medio; para Martín Gaite el argumento estaba por encima de cualquier cosa. El sentido de la palabra contra el sentido de la historia.

La importancia de este conjunto de cartas radica en el testimonio del crecimiento de una relación y de dos trayectorias. Ambos superaron las notables diferencias que mantenían con sus hipotéticos lectores y en las concesiones que estaban dispuestos a ofrecerles.

'No te goces en desconcertar', insistía Carmen Martín Gaite a Benet

'El escritor, el pintor, el político y el municipal sólo son responsables cuando se repiten y cuando reiteran un modelo que ha sido ya sancionado, y así voy a donde quería ir, mal que te pese: yo soy un ingeniero responsable y un escritor irresponsable y procuraré seguir siendo ambas cosas mientras pueda o mientras tú me autorices a serlo'. En este punto, la altiva lucidez que ya destilaba Benet aclara a Gaite que él había conseguido mantener el equilibrio entre lo que le daba de comer y lo que le alimentaba, gracias a su trabajo al amanecer y a su escritura al atardecer.

Si en estas cartas reina el humor, el cariño y la inteligencia con temas difíciles como la depresión, la deriva de la relación sucede el 24 de junio de 1970, Carmen escribe a Juan en un tono que no había empleado nunca antes. Tenía pensado felicitarle por su cumpleaños por teléfono, pero cambia de opinión y le recrimina falta de cuidado en su amistad por escrito, porque la letra se la conoce 'mejor que la voz': 'Desde que estás tan descaradamente entregado a la exhibición y publicidad de tu propia persona física de escritor de moda apreciado no tanto por la calidad de sus páginas cuanto por un entrechocar de anécdotas, ditirambos y variedades, he pensado que mi llamada la meterías en el mismo saco que la de Molina Foix, Ana María Moix o cualquier otro oix similar, tan proclive como tu nueva situación te ha hecho confundir la velocidad con el tocino'. Carmen no soportó sentirse desplazada a la altura de uno de sus 'novísimos corifeos'. Y, con la recriminación bien armada, le deseó toda la felicidad de siempre, pero con un motivo nuevo: 'Tu urgente reforma'.