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Caso Weinstein Breve historia de la infamia hollywoodiense

El historial de abusos en Hollywood era un secreto a voces. Si en su día la rumorología apuntaba a directores como Hitchcock o productores como Louis B. Mayer, en la actualidad las redes juegan un importante papel a la hora de denunciar los abusos en la meca del cine.

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Fotografía de archivo del productor estadounidense Harvey Weinstein durante la Semana de la Moda de París, Francia, el 11 de marzo de 2015.EFE/Franck Robichon

Weinstein no ha sido el único ni el primero. Antes de que el diario The New York Times y la revista New Yorker destaparan el frasco de las esencias de ese submundo hollywoodiense, la estela de abusos era un secreto a voces que solo parecía airearse pasados los años en memorias y biografías diversas.

Los tiempos cambian y ahora la Academia parece claudicar ante la presión de las redes, el caso Weinstein y su destitución como miembro ante las acusaciones de abuso sexual, ha abierto la veda y puesto sobre el tapete otros nombres ilustres cuyos desmanes lúbricos no fueron más allá de un mero runrún.

La impunidad con la que ha contado hasta la fecha el descubridor de iconos del calibre de Matt Damon, Ben Affleck, Quentin Tarantino, Kevin Smith y Steven Soderbergh, es un instante más dentro de ese largo silencio que ocultó prácticas vejatorias y abuso de poder por parte de los gerifaltes del entertainment hollywoodiense a lo largo del tiempo. Hablamos de productores venerados cuyas fechorías han salido a la luz al cabo del tiempo y de directores que han sentado cátedra como Albert Hitchcock.

En efecto, el realizador de Vértigo y Los pájaros —entre muchos otros clásicos del cine— parece que no fue lo que se suele decir un ejemplo para sus correligionarios. Como denunció hace apenas unos días una de sus más ilustres actrices, la ahora octogenaria Tippi Hedren, "hay que hablar de esos actos (...) tenemos el derecho a expresar lo que sentimos con respecto a esas cosas".

Un llamado a la acción con conocimiento de causa pues la intérprete sufrió de primera mano el acoso del director: "Estoy viendo toda la cobertura mediática del asunto Weinstein. Ni esto es nuevo ni se limita a la industria del entretenimiento. Yo he tratado con el acoso sexual durante toda mi carrera como modelo y actriz. Hitchcock no fue el primero. Sin embargo, no estaba dispuesta a aguantarlo más tiempo, así que me alejé de ese mundo sin mirar atrás. Hitch dijo que podría arruinar mi carrera si contaba lo que me hizo. De esto hace 50 años, pero es el momento de que las mujeres empiecen a ponerse en pie por ellas mismas como ha pasado con el caso Weinstein. ¡Bien por ellas!".

La voz de Hedren es solo una más en esa pléyade de actrices que tuvieron que lidiar con estos depredadores sexuales que hacían valer su posición de poder en la jerarquía hollywoodiense para abusar de ellas. En ese podio de la iniquidad no podría faltar Louis B. Mayer, cofundador de la mítica Metro-Goldwyn-Mayer cuyas correrías eran un secreto a voces en los conocidos estudios. Tuvo que ser Judy Garland en sus memorias a cargo de Gerald Clarke, quien denunciara los tocamientos del ejecutivo estadounidense. “Canta desde el corazón”, le decía a la actriz mientras le palpaba un pecho.

Un cambio de rumbo en la Academia

El caso de Roman Polanski supuso un punto de inflexión ya que aquí sí hubo sentencia firme. Declarado culpable en 1977 por violar a una menor de 13 años, el director franco-polaco huyó a Europa cuando supo que podría terminar en la cárcel. Polanski continuó con su carrera y en 2003 se hizo con la estatuilla al mejor director por El pianista. No acudió a la ceremonia a recoger el galardón debido a su condición de prófugo de la justicia de Estados Unidos. Las autoridades le han recordado varias veces que no está en condiciones de negociar nada y han cursado varias peticiones de extradición, primero en Suiza y después en Polonia, que la rechazó en diciembre del año pasado. Con todo y eso, Polanski sigue siendo miembro de la Academia.

Quizá por ello sorprende doblemente la destitución de Weinstein. No sólo por la influencia que haya podido jugar la presión mediática en esta decisión, sino sobre todo por lo que implica de cambio de política en el seno de la Academia. Si antes los escándalos —del tipo que fueran— se desligaban de los éxitos profesionales, ahora parece no ser suficiente.