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Entrevista Javier Ruibal: "España menoscaba la cultura y no escucha la voz de sus poetas"

Premio Nacional de las Músicas Actuales, celebra en febrero su 35 aniversario con 'Presente femenino'', un concierto con el que el cantante gaditano homenajea a las mujeres. Junto a él, Martirio, Amaral, Estrella Morente o la bailaora Lucía Ruibal

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Javier Ruibal, Premio Nacional de las Músicas Actuales. / FOTOS: TONI JULIÁ


El canto de Javier Ruibal sabe, huele, suena a salitre y a sol. Toda una vida en la bahía: nació en el Puerto de Santa María en 1955 y allí permaneció amarrado hasta que las aguas del estrecho comenzaron a encabritarse. Luce lozano: un verdor pactado con el diablo. La mañana es desapacible, pero aparece por el fondo de la plaza y el cielo se va abriendo, apacible mañana de terraza. La gorra y la perilla, antes el sombrero, vienen de serie. Llega a la cita con un retraso tolerable, el mismo con el que recibió hace nada el Premio Nacional de las Músicas Actuales.


Uno esperando a que se subiese de Cádiz, y resulta que vive en Madrid.

Me vine hace dos meses por amor, aunque siempre he estado en El Puerto.


Excepto cuando estudió Medicina en Barcelona.

Bueno, yo fui allí a estudiar Medicina y también a ver si me hacía músico, coincidiendo que mi padre se había ido a trabajar a Tarragona. Trasladé la matrícula de la Universidad de Cádiz a la de Barcelona, pero pronto vi claro que no podría ser un buen médico y un buen músico a la vez.


¿Cómo le dio por la Medicina?

Me estimulaba la idea de sanar a la gente, esa cosa camino de lo mágico y elevada moralmente para el chaval que yo era entonces. Tenía algo inspirador, si bien es verdad que era una carrera que se podía estudiar en Cádiz y, en casa, tampoco había una economía boyante como para mandar a los hijos a estudiar lejos.


¿Qué especialidad le atraía?

Abandoné en tercero, cuando vi que comenzaban las asignaturas clínicas. Yo era Jekyll y Hyde, porque en realidad quería ser músico y a los veinte años ya estaba tocando en los bares de la noche barcelonesa.


Sin embargo, hasta los veintiocho no publica su primer disco. Ni tardío, ni precoz.

Sí, aunque tocaba a menudo desde mucho antes. Echaba un mes en cada local, haciendo cuatro pases diarios. Bastante mal pagados, mas sin exigencias de calidad u originalidad. Yo era un buen versionero y me servían para curtirme como músico, hasta que comencé a escribir mis propias canciones.

Javier Ruibal. / TONI JULIÁ


¿Hemos perdido a un buen médico?

No lo creo, porque, como mi vocación era la música, no hubiera estado centrado. Uno puede ser un majara, pero tiene que darse cuenta a tiempo de que la medicina no es estribillo. Debes tratar con seres humanos y una decisión mal tomada puede tener consecuencias muy graves. Entonces pensé que era menos arriesgado rimar un verso mal, porque eso podía corregirse con los años.


Usted, como un internista, busca y busca a ciegas. No sé si ya ha encontrado...

Hay búsqueda e indagación, aunque el resultado es tan lúdico que parece que hacer canciones es solamente un juego. Sin embargo, son pequeñas paradas para decirte a ti mismo lo que no eres capaz de decirte sin la guitarra, el papel y el lapiz: ¿quién soy?, ¿qué hago aquí?, ¿cómo siento? Componer es formular tu pensamiento sobre la justicia, el deseo, la pasión, el amor, la fantasía, el viaje, el sueño… ¡Claro que en mi música hay algo de introspección de médico internista!


Malditas etiquetas: cantante, cantor, cantaor, cantautor…

El estereotipo le facilita al profano dónde situarte: “Es un cantautor andaluz aflamencado”. Pero, en muchos aspectos, soy muy poco andaluz. Por ejemplo, en casi ninguna canción me expreso con acento de mi tierra, porque creo que es bueno llevar el rigor de la escritura al cante, para así hacerte entender por todos.


¡Qué misterio el cante, que filtra las voces y neutraliza los acentos! ¡Y que incluso convierte dicciones feas en entonaciones hermosas! Curioso tamiz...

El canto es un instrumento más. Tú no sabes si un violinista es rumano o canario. Pues algo parecido sucede con los cantantes, aunque pueda apreciarse más su deje. En mi caso, la fabulación y la ensoñación de las letras denotan mi pertenencia a Andalucía. No obstante, al pronunciarlas me hago entender tanto por un asturiano como por un paisano mío.


Siempre ha tendido puentes en los mares del sur, de Marruecos a la India. También ha cruzado el Atlántico, hasta alcanzar las costas de Cuba y Brasil. ¿No se le ha pasado por la cabeza dirigir la mirada hacia el norte?

Yo siempre he viajado con la imaginación, o sea, he gastado poco dinero en conformar mi paisaje sonoro. Sí, he explorado otros territorios, mas a través de la música. En cuanto al norte, fue el punto cardinal más orientativo, porque los músicos anglosajones me dieron a entender que la música podía ser una profesión digna que te otorga libertad y respeto.

"Hay que aspirar a lo mejor, aunque uno sepa que siempre habrá quien te gane. No es por competir ni por envidia, sino por lealtad a ti mismo"

Si los Beatles juntaban la India con Manchester, ¿por qué no iba a juntar yo La Habana con Cádiz? En mi caso, he mirado más al sur, sobre todo al ecuador y a los trópicos. Musical y artísticamente, sintonizo con la parte caliente del planeta. No lo había pensado nunca, pero el norte me enseñó a ser taxativo: “¡A por ello!”.

Javier Ruibal. / TONI JULIÁ


¿Le gustaría haber nacido gitano? ¿Ser flamenco? ¿O haber nacido gitano para ser flamenco? Aunque no sea una condición necesaria, claro, pues ahí están Enrique Morente, José Menese, Chano Lobato o Carmen Linares.

Siempre he tenido la curiosidad que inspira a los gitanos. En este país tan estrictamente de raza blanca, ellos han sido lo único exótico que hemos tenido, si bien donde yo he vivido —Sevilla, Écija, Jerez, Cádiz, El Puerto— siempre han estado muy integrados.


Cuando se arranca por bulerías, ¿le pesa la tradición de la bahía? ¿Teme despertar a Camarón en las alturas?

Hombre, ¿¡quién no ha querido ser Camarón!?


Su reto flamenco es doble, porque canta y toca la guitarra.

Yo quise ser Camarón como quise ser Hendrix, Lennon, Serrat, Paco de Lucía y todo aquel que brillaba y me llenaba el alma de color. Como debe ser cuando uno se inicia en un oficio: ¿qué baloncestista no ha querido ser Michael Jordan? Es que si no quieres ser Michael Jordan, eres un tarado.

"En mi primer disco junté el Magreb, la India y el Caribe con Lorca. Hacía world music antes de que existiese la world music"

En toda disciplina, hay que aspirar a lo mejor, aunque uno sepa que siempre habrá quien te gane. Pero, en tu fuero interno, tienes que desear ser como el mejor, porque esa persona ha aportado grandes logros a su profesión. No es por competir ni por envidia, sino por entusiasmo y por verdadera lealtad a ti mismo, es decir, a ser quien te habías propuesto.


Es curioso como, a comienzos de siglo, es aclamado en el Reino Unido. Esa proyección como abanderado sureño de las músicas del mundo tiene un efecto bumerán. “Si los británicos lo reconocen”, se dicen algunos despistados y reticentes por aquí abajo, “por algo será”.

Volvamos la mirada hacia el norte para poner las cosas en su sitio: aquello fue una mera coyuntura. Los locutores de la BBC Charlie Gillett y Lucy Duran sintonizan con mi música. Entusiasmados, me llevan a sus programas y, a partir de ahí, World Music Network publica el recopilatorio Sáhara (2003). Fue una casualidad venturosa, que pudo pasar en aquel momento, dentro de veinte años o no pasar nunca… De hecho, como proposición pujante, mi primer disco, Duna (1983), era mucho más world music que lo que ellos radiaban, porque entonces ni existía la world music [risas]. En él, juntaba el Magreb, la India y el Caribe con Lorca. ¡Estaba que me salía del pellejo!

Javier Ruibal. / TONI JULIÁ


Mestizo antes del mestizaje.

No hay cosa peor que llegar antes de que abran la tienda, porque a lo mejor te cansas de hacer cola, no tienes paciencia y te vas.


¿Le parece injusto?

No lo sé. No es justo ni injusto. De pronto, una ocurrencia como la mía no encontraba voceros. Todo lo que he hecho después, toda la hibridación de géneros y culturas, está en Duna; salvo ponerle letra a Erik Satie en La flor de Estambul y La más soñada, otro momento de lucidez y también una osadía.


A usted le pasó como a los músicos cubanos de Buena Vista Social Club, que llegaron a nuestros oídos gracias a la discográfica estadounidense Nonesuch y a la británica World Circuit. Claro que Compay Segundo o Ibrahim Ferrer ya tenían una edad cuando les llegó la fama mundial y usted, en cambio, estaba fresco como el perejil.

Tanto como el perejil, no, pero sí como un brécol consolidado [risas]. Construimos las biografías de los artistas a partir de los anecdotarios, cuando en realidad no existe más que lo que escribí ayer por la mañana. Hoy, como me he levantado tarde, no he escrito. Todo lo demás es hacer un pequeña parada, como estamos haciendo ahora, para hablar sobre lo que se ha vivido.

"Igual que le echan agua al vino, la industria provoca que casi toda la música que se escucha sea párvula. Prefiere un público que no pida sofisticaciones y engulla lo que le den"

Sin embargo, se le da trascendencia a que World Music Network me hiciera caso, aunque para mí fue mucho más importante que Paco de Lucía, cuando iba a presentarle mis respetos, me dijese: “Yo sé quién tú eres y me gusta mucho lo que haces”. Las biografías tendrían que estar jalonadas de esos momentos de confort espiritual y moral que uno siente cuando se encuentra con aquellos a los que admira y recibe una palmadita en la espalda.


Esas palmaditas a veces llegan de las instituciones. Antes que usted, Jorge Pardo, Juan Perro o Martirio recibieron el Premio Nacional de las Músicas Actuales. También, acercándonos más a su estilo, Kiko Veneno.

O Carmen París, una aragonesa muy moruna a la que admiro y adoro. Me hizo mucha ilusión cuando me dijo: “Mis amigos me llaman la Ruibala”.


¿Y estos premios ruibaleros han venido a hacer justicia?

Estos premios concedidos a raritos perseverantes, ¿no? [risas]. Eso es lo que está valorando el Ministerio de Cultura: no a los raritos por enloquecidos o echados al monte, sino por perseguidores de su propia identidad. Me honra estar entre ese elenco artístico, porque no se premia nada previsible, sino un estado de ánimo.


Excepto en el caso de Amaral, parece que hay que ser un tapado para ser galardonado.

Es el Premio Nacional de las Músicas Tangenciales [risas]. Son aquellos que están muy metidos en la música, pero nadie se entera de que existen. Artistas que sólo responden a un deseo maravilloso: hacer lo que les gusta y ser felices. 

"Consiguieron lo que buscaban: que seamos insolidarios y egoístas, que pensemos en los migrantes de modo excluyente"

No pretenden nada más que eso. Otra cuestión son los manejos industriales: igual que echan agua al vino o mal pagan a quien confecciona un pantalón en Sri Lanka, provocan que casi toda la música que se escucha sea párvula. Prefieren un público que no pida sofisticaciones y engulla lo que le den.


¿La soledad del corredor de fondo?

¡Uy! Nunca me he sentido así, siempre he estado muy entretenido. Solos estamos de puta madre y acompañados, también. Si encima nos aplauden y nos pagan, imagínate…

Javier Ruibal. / TONI JULIÁ


Sus colegas ya lo habían homenajeado previamente, tanto en el disco 35 aniversario como en el documental Ruibal, por libre. ¿A qué sabe cada reconocimiento?

La idea del directo fue de mi hijo Javi, percusionista y productor. Lo grabamos entre amigos durante cuatro noches y mi única condición fue que se pareciese a las fiestas de casa. Estaban Tomasito, Jorge Drexler, Carmen Linares, Kiko Veneno, Martirio, Pasión Vega, Pepe Begines, Juan Echanove y muchos otros compañeros, todos ellos cómplices de mi travesura. Miguel Ríos y yo sabemos que somos escapistas, al igual que el resto de artistas.

"Los españoles somos víctimas de un atraso provocado y mezquino que no nos merecemos"

Porque hemos escapado de lo previsible, o sea, de lo que se esperaba de nosotros: que fuésemos unos buenos licenciados o profesionales. Al contrario, intuimos que la calle es una universidad maravillosa y que la mejor licenciatura sigue siendo la experiencia.


Pena de directo sin Krahe.

Claro… Y sin Enrique Morente, Alfonso Gamaza, Carlos Carli, José Antonio Galicia, David Thomas…


Una celebración que no cesa, camino de los cuarenta años sobre las tablas.

Por ahora seguimos festejando el 35 aniversario. El próximo concierto será el 1 de febrero, en el Teatro Circo Price de Madrid, donde compartiré escenario con Martirio, Estrella Morente, Eva Amaral, Raúl Rodríguez y otros invitados, como mi hija, Lucía Ruibal, al baile. He bautizado el espectáculo Presente femenino para homenajear a las mujeres, que siguen sufriendo en carne propia la falta de respeto de la sociedad. Vivimos un tiempo mezquino e infame, por eso quiero estar junto a ellas y reivindicarlas.


Usted siempre ha tenido los pies en el suelo, aunque su música es ensoñación.

¡Qué va! Físicamente, estoy anclado a la realidad, pero luego habito entre el ego y el alma, donde busco una almohada donde reposar la cabeza. Yo vivo flotando.

Javier Ruibal. / TONI JULIÁ


El jurado que le otorgó el premio valoró "su excelencia”, “un lenguaje propio que ha influenciado a artistas de varias generaciones" y la “calidad desde la independencia y coherencia artísticas". Caballero Bonald ya lo había perfilado de manera sencilla: usted aúna lo popular y lo culto.

Bueno, yo a Pepe Caballero no le voy a llevar la contraria nunca, como tú comprenderás [risas]. Es mi amigo y lo leo con admiración. Él dice que el artista tiene que ser esmerado, o sea, no dejar una palabrita coja hasta que encuentres otra que le quite la cojera. Es un perfeccionista, que no un maniático. Pretende que ese escrito ilumine la imaginación de otros.

"La música no derroca al tirano, aunque al menos sirve para que el de abajo sepa que la razón le asiste"

Y, quizás mañana, alguien escriba una metáfora que vaya más allá de la suya. ¿Popular y culto? Yo soy un niño de clase media trabajadora, hijo de un empleado del Banco Hispano Americano, que nunca buscó ascender socialmente.


Vamos, que su padre era empleado de banca, no banquero.

Claro, y yo no aspiraba ni a ser el bróker, palabra que ni existía entonces [risas]. Sólo quería ser uno más entre la gente y, sin embargo, un gigante, como escribió Morente. Él lo consiguió y ojalá que yo pudiera ser así.


¿Qué fue del niño Javi que debía esperar dos horas para bañarse en la playa de la Puntilla?

Pues igual que todos los españolitos de a pie que vivimos bajo esa tortura de las prohibiciones, donde hasta la risa es escandalosa. Aquella digestión de dos horas, falsa pero impuesta por una tradición que impedía pensar, es una de las cosas que más me repugna e inquieta de la historia reciente de este país. Somos víctimas de un atraso provocado, intencional y mezquino que no nos merecemos. También hay un menoscabo cultural que viene de antes. En fin, este país no escucha la voz de sus poetas, y no lo digo por mí, sino por los grandes.


Pese a estas palabras de rabia, en su música siempre ha mandado más el beso que el puño.

Por supuesto. La bronca abre pocas puertas. Sólo puedes esperar que te den con ella en las narices o que te echen a patadas.


¿Cree que no es quién para decirle nada a nadie?

Claro. Yo sólo soy un aprendiz. Me pueden llevar los demonios en una conversación privada, pero no vehiculo mis frustraciones a través de la música. Puedo reflejar mis deseos y mis ansiedades, aunque sin aleccionar. ¿Quién soy yo para decirle a otra persona que piense de otra manera?


Usted busca emocionar y, al tiempo, divertir. No obstante, luego cuela letras sociales o políticas, como cuando denuncia la especulación inmobiliaria en la costa gaditana. Por ejemplo, Los mares del surf, incluida en el disco Quédate conmigo (2013), es una encendida e irónica proclama contra un proyecto urbanístico en la playa de Valdevaqueros. De repente, ¡un Ruibal ecologista!

Yo soy ése, lo que pasa es que tengo mis días. De pronto, una mañana te llaman de Tarifa para comentarte que van a robarnos un espacio público. Lo primero que se me ocurre es componer una canción, aun siendo consciente de que las trompetas de Jericó no derriban murallas.

"El éxito y el fracaso dependen de ti. Hace tiempo que descarté la idea de echarle la culpa a los demás"

Porque la música no derroca al tirano, aunque al menos sirve para que el de abajo sepa que la razón le asiste. En el mejor de los casos, hay que tener en cuenta que destronar al dictador te puede quitar una frustración, pero no te va a dar la felicidad.


Usted defiende la gaditanía, que no el gaditanismo. ¿Habría que defender la catalanía y no el catalanismo?

Patrias y banderas, para el que las quiera.


Resulta sorprendente que su obra no haya tenido mayor trascendencia, pues su música no es un arcano: vibra, alegra, alumbra.

Todo lo que nos pasa es lo que nosotros provocamos. El éxito y el fracaso dependen de ti. Si no he tenido ese espaldarazo, algo habré hecho para que no ocurra. Hace tiempo que descarté la idea de echarle la culpa a los demás, porque si no hago una pequeña reforma a mis sesenta y dos años, la casa vieja se me cae encima. No quiero que me aplasten mis manías, ni mi inmovilismo. Al igual que nos convencieron de las dos horas de digestión antes del baño, también nos inculcaron que el éxito es sinónimo de vender discos y de contar con un respaldo mayoritario, cuando en realidad eso es mentira.

Javier Ruibal. / TONI JULIÁ


Su música es luz y Babel. Sin embargo, el Mediterráneo, que debería ser unión, infelizmente está siendo desencuentro.

Si pudiésemos achacarlo a una catástrofe natural… Somos perversos con nosotros mismos. Consiguieron lo que buscaban: que fuésemos insolidarios y egoístas, que pensáramos en los otros de modo excluyente. En algunas tribus de la Amazonía no existe el término nosotros, no se ha conceptualizado, no han necesitado una palabra para definir a quienes viven en un pedazo de terreno, porque esas personas que viven bajo cuatro chozas consideran que no tienen mayor importancia.

"Nos inculcaron que el éxito es sinónimo de vender discos y de contar con un respaldo mayoritario, cuando en realidad eso es mentira"

Cuando te obligan a definirte, como contraposición a otros, sucede algo feo que a la larga nos pasa factura. Eso es lo que nos está ocurriendo ahora: la identidad como conflicto. Esa diferenciación no es buena, y siempre se utiliza para arengarnos y para ponernos en contra o a favor de lo que le interesa a quienes detentan el poder.


Usted hace tiempo que echó abajo las fronteras. ¿Qué somos?

Yo soy la cabra que tira al monte. No necesito ni que me den de comer, ni formar parte de nada. He asumido que estoy solo permanentemente.


¿Hay mayor precipicio que el de la boca?

La boca a la que siempre aludo en mis canciones es una invitación o una puerta para entrar en el alma de la otra persona.


Usted es un canto al deseo. ¿Cuál es el suyo?

Como cantaba Krahe: “Ahora sé que Salomé sólo quería mi deseo, si mi deseo era deseo de Salomé”. El deseo se desea a sí mismo. Es un estado de ánimo que no se concreta en nada. Una disposición a anhelar. Un estado de esperanza.


Ya lo decía Antonio Birabent, el hijo de Moris: “Deseo sólo el deseo”.

Ésa es la idea. Si pierdes la capacidad de desear, estás muerto.