Publicado: 15.12.2014 23:03 |Actualizado: 16.12.2014 01:11

'Galatea', la mujer que consiguió gobernar un mundo casi perfecto

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Portada del libro Galatea, de Melisa Tuya.

Portada del libro Galatea, de Melisa Tuya.

El escritor polaco de ciencia ficción Stanislaw Lem sostuvo en cierta ocasión que la fe era tanto absolutamente necesaria como completamente imposible, y que un sueño solo podría triunfar sobre la realidad si se le daba una oportunidad. Por eso, cuando uno se enfrenta a una nueva obra fantástica experimenta sensaciones contradictorias: curiosidad y desconfianza a partes iguales. Nos dejamos arrastrar por el deseo de conocer, porque este género literario y cinematográfico despierta pasiones, pero también se siente una punzada de rechazo, porque hay mucho material disponible y no todo alcanza la calidad que sugiere.

No se ha hecho justicia con las escritoras de ciencia ficción, quienes no han obtenido el reconocimiento merecido entre el público general, pese a la calidad de sus plumas. Sin embargo, aunque se está muy lejos aún de la paridad en este género, ya comienzan a aparecer algunos nombres femeninos en las numerosas clasificaciones sobre las figuras que lo representan. Como ya hicieran otras narradoras que le precedieron en el tiempo en esta categoría literaria, Melisa Tuya bien podría integrarse en una nueva generación de escritoras que resuelven con valentía la fórmula creativa reservada solo a los grandes autores del universo de la ciencia ficción. En Galatea (Lapsus Calami) nos presenta a una heroína futurista que responde a la clasificación de pionera y tenaz y que no pierde un ápice de femineidad, pese a ser la protagonista de una perfecta novela fantástica, repleta de los conceptos habituales del género.



Es una dulce fábula humana, que huye de los enredos mecánicos, las marañas tecnológicas y las exactitudes científicas

Esta novela, que supone el debut de Tuya en el mercado literario español, dibuja una aventura redonda, completa y esculpida con pasión como la escultura de la leyenda de la cual recibe su nombre. Abraza las mejores ideas de estas obras y las programa con maestría desde el mismo código fuente de la narración. Su argumento parte de hipotéticos logros científicos y técnicos del futuro, desarrollándose a continuación en forma de dulce fábula tremendamente humana, que huye con deliberada intención de los enredos mecánicos, las marañas tecnológicas y las exactitudes científicas. Su lectura es ágil, porque huye de los tópicos con una redacción fina y directa, en una sola línea sin saltos en el tiempo, evitando las complejas elipsis que plantean otras obras del género y que buscan casi siempre disfrazar un guión a veces necesitado.

La autora no redunda en las descripciones retóricas, ni pretende bosquejar todos los pormenores de los eventos de la historia. Narra los hechos, en ocasiones únicamente con un tosco brochazo de pintura, dejando libre al lector para que componga en su imaginación el cuadro que nace de las palabras. Este cuento concentra suficiente acción y fluye mediante diálogos espontáneos y naturales, creando conversaciones reales que verdaderamente existen fuera de la ficción.

Lo mejor es que se nos ofrece una representación nutrida de la condición humana

El elenco de protagonistas se compone de seres pensantes, que meditan, pero que no se recrean en ideas alejadas de su realidad, que es la nuestra. Evolucionan mediante pensamientos de seres humanos, sensibles, auténticos, fidedignos. Aquí es donde verificamos que la autora ha estampado mucho de su vida y de su forma de verla en las conductas y reflexiones de sus personajes. Hay buenos y malos; también malos que parecen buenos y buenos que se inclinan hacia el lado oscuro. Pero lo mejor es que se nos ofrece una representación nutrida de la condición humana: padres e hijos, familias imperfectas; civiles y soldados anónimos, ejércitos completos y científicos, mucha ciencia. En el relato participamos de una democracia, pero también vivimos bajo el yugo de tiranos, sátrapas de los que apenas necesitan mover una mano para acabar con millones de vidas.

El argumento dibuja romances sin pastiches, sexo explícito sin suciedad, guerras sin disparos y viajes espaciales que, esta vez sí, se demoran durante años en lugar de durar un pestañeo. Nos transporta a planetas vistos desde planos cortos donde la vida parece imposible; recorremos ciudades que hemos imaginado muchas veces, pero muy difíciles de describir; embarcamos en naves, grandes y pequeñas; y jugamos con armas que no solo matan. Y, por supuesto, también hay robots. ¡Y qué robots! De los que superan los conceptos tecnológicos conocidos y se enmarcan bajo el umbral del misticismo clásico, donde las tres leyes de la robótica de Asimov se quedan en nada para tratar de explicar, e intentar entender, la lógica que los mueve, bajo una piel completamente humana, suave y tibia.

En esta escultura de palabras que cobra vida propia, como en la narración de Ovidio, hay muerte, pero también mucha vida. Vida artificial, vidas humanas y la vida de un nombre jamás revelado y que nos lleva a pensar que quizás somos los protagonistas de un futuro que ya es más real que imaginado y en el que seguramente estamos hoy inmersos. Esta Galatea se asoma al abismo que separa el ansia humana de 'creer' de nuestro inmenso poder de 'crear'.

Lem, que vivió hasta los 84 años y publicó más de una treintena de obras antes de que se le rompiera el corazón literalmente, también sostenía que la vida siempre acaba, pero que nunca lo hace el amor. Al igual que la estatua que esculpe con finura Pigmalión hasta el punto de enamorarse de ella, esta Galatea remasterizada nos hace reflexionar sobre nuestra humanidad en la búsqueda continua de respuestas a las eternas preguntas, para que nos demos cuenta tarde, cuando ya ha bajado el telón, de que lo que nos define como seres humanos no es la inteligencia sino nuestra infinita y desesperada capacidad de amar.

Ficha de la autora --->

Melisa Tuya (Madrid, 1976) es una periodista madrileña que vive en Getafe, con su marido y sus dos hijos, amante de los animales y con una curiosidad insaciable por la vida. Parece que tiene cables por dentro, ya que compagina sus obligaciones de madre con ocho brazos con el ejercicio del periodismo activo en Internet (20Minutos.es), a través de blogs (En busca de una segunda oportunidad / Madre reciente) y redes sociales (Twitter / Facebook), y todavía saca tiempo para correr o montar en bicicleta, hacer un bizcocho y escribir una novela antes de que acabe el día. Galatea es su primera novela publicada, aunque ya tiene preparada su siguiente obra, En la sala de espera.

La mitad de los beneficios generados con la venta de esta novela irán destinados a la Asociación Nacional de Amigos de los Animales (ANAA).

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