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"¡Girad el puto trasto!"

‘Amateurs en el espacio’, del danés Max Kestner, cuenta una de las aventuras espaciales más bizarras, inspiradoras y emocionantes del siglo XXI, la construcción de un cohete espacial ‘casero’. Historia de un gran sueño compartido y de la fragilidad de las relaciones humanas.

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Peter Madsen y Kristian von Bengstom en 'Amateurs en el espacio'

“Cuando Peter tiene un pasión no deja que nada le detenga”, dijo el ingeniero civil Benny Egesø el 3 de mayo de 2008, poco antes de que sumergieran en el Mar del Norte, en Copenhague, el submarino más grande construido por un amateur. “No puedo ni pensar qué hará ahora”. Muy poco después, Peter Madsen y Kristian von Bengstom empezaban a trabajar en un cohete espacial tripulado. Una nave ‘casera’ de poco más de 50.000 euros, fabricada con materiales comprados en la ferretería y que demostraría al mundo que se puede llegar al espacio sin apoyo de los gobiernos y por menos de lo que cuesta un camión. Amateurs en el espacio, la película documental (El Documental del Mes), de Max Kestner, cuenta esta historia.
Cepillos, llaves inglesas, destornilladores… un secador de pelo, rollos de papel de plástico, megáfonos… “¿Peter, este espejo retrovisor es para la nave o lo puedo tirar?” “Kristian, mejor yo lavo los platos”… Parecería una historieta de Pepe Goteras y Otilio, chapuzas a domicilio (del gran Ibáñez), si no fuera porque es una de las aventuras espaciales más bizarras, inspiradoras y emocionantes del siglo XXI.

Houston o un hangar en Copenhague

Kristian von Bengstom conoció por casualidad a Peter Madsen en mayo de 2008 “y acordamos que construiríamos un cohete tripulado”. “Kristian construye la nave y yo, el cohete impulsor”, explica Peter Madsen a la cámara en la primera conferencia de prensa de Copenhague Suborbital, empresa que ambos fundaron para llevar a cabo su sueño. “Hoy en día la gente con 25 años se preocupa de lo que harán con 65. Los bancos nos dicen que pensemos en cosas así. Pero ¿qué mundo es este en el que no nos dejamos vivir mientras estamos vivos?” se preguntaba entonces Madsen, dispuesto a meterse en un proyecto de unos cuantos años, al que dedicaría todo su conocimiento, trabajo y entusiasmo y del que no esperaba sacar ni una corona danesa.

Imágenes del proceso de fabricación del cohete, escenas de Kristian y Peter solos en el hangar donde trabajan, comprando materiales en una ferretería, fragmentos de entrevistas en periódicos, en la radio y en televisión, grabaciones de las pruebas de lanzamiento, emails enviados entre ellos… se intercalan en Amateurs en el espacio con algunas de las escenas más célebres de los proyectos espaciales americanos y soviéticos, grandes montajes, equipos de miles de personas, instalaciones gigantescas… El contraste funciona. “Solo hay tres países en el mundo capaces de enviar un hombre al espacio, EE.UU., China y la actual Rusia. Si lo logramos, Dinamarca será el cuarto”.

Comienza la cuenta atrás

A falta de un simulador de vuelo espacial, la pareja se subió a una enorme montaña rusa. “¡Me he pillado los huevos, los vaqueros son demasiado estrechos!” Ocio y trabajo. Diversión y pasión. Estos dos aventureros compartían el mismo sueño y con él siguieron adelante. Cuando tuvieron su cohete la televisión anunció por todo lo alto su primera prueba de lanzamiento. “En Dinamarca se están preparando para el lanzamiento del HEAT 1X-Tycho, primer cohete amateur”. Con unos pocos voluntarios que se habían sumado, llevaron la nave a aguas internacionales del Mar Báltico -“necesitábamos un lugar donde nadie pudiera detenernos, por eso lo lanzamos desde el mar”-, mientras un par de colegas controlaban el proceso con unos ordenadores desde el salón de un bar.

Comienza la cuenta atrás. 4, 3, 2, 1, 0. No pasa nada. Se cancela la operación. “No nos rendiremos. Lo lanzaremos”. Ya casi no tenían dinero y en dos meses necesitaban conseguirlo, algo menos de 2.000 euros. Un botón en la web para donaciones, dar algunas conferencias… En unos días tenían 4.356 dólares de aportaciones y 2.700 más de un patrocinio, además de especialistas voluntarios. "Aunque parezca paradójico, parece que hay más dinero para proyectos sin ánimo de lucro que para aquellos que buscan beneficio", declaró Madsen a la BBC.

'Amateurs en el espacio'

Un impulso irreprimible

El gran sueño de conquistar el espacio comenzó a sufrir interferencias por las tensiones y los conflictos. Kristian quería tiempo para estar más con sus hijos y Peter no lo entendía. “Ser amateur quiere decir que haces las cosas por un impulso irreprimible. Ser un profesional no es nada malo, pero ser amateur es otra cosa; no separas el trabajo del tiempo libre”. El ego de Peter se descontrolaba y Kristian no lo entendía.

Aun así, continuaron. Y la siguiente prueba fue solo un poco mejor. “¡Girad el puto trasto!” “Bloquea esto para que no se vuelque el cohete”. El cohete despegó, pero tuvieron que abortar el ensayo para no salir de la zona de pruebas. La desviación de la nave les obligó a pensar en una posibilidad alarmante. Si su cohete caía en la Tierra podrían matar a miles de personas. Aquello generó nuevos enfrentamientos, cada vez más agrios. Pero siguieron adelante.

“Todo el mundo detrás del bloque de hormigón”, gritaba Kristian con un megáfono en otra de las pruebas. Y esta vez, sí.

- ¡Si, sí, sí, joder! (El cohete vuela cada vez más alto)
- ¿Un puro?”
- No he fumado ninguno desde la confirmación de mi hermana y me mareé”
- Este cohete es histórico, literalmente”.

"Hazte mirar la conmoción cerebral"

Antes de que pudieran enviar su cohete con un astronauta a bordo, una minucia ridícula desató el drama. Poco antes Peter Madsen había resbalado con el hielo al salir del hangar y se quedó temporalmente amnésico. La relación entre ellos era prácticamente insostenible. Una guerra de emails terminó por zanjar la cuestión. “Tu afán de protagonismo se ha convertido en un problema”, le dijo Peter a Kristian, a lo que éste contestó diciendo que no entendía lo que decía. “Lo de llevar la gorra de director de vuelo afecta a tu ego”, fue la respuesta. Y Kristian: “Querido Peter, basta ya, hazte mirar la conmoción cerebral”.

El Programa Apolo de EE.UU. se desarrolló con un equipo de 400.000 personas y costó 25.400 millones de dólares. La NASA estimó en 2009 que la cifra, en el año 2005, sería de 170.000 millones. Peter y Kristian calcularon unos 50.000 euros, trabajaron mano a mano mucho tiempo y con unos cuantos entusiastas después. Los problemas técnicos “tienen soluciones técnicas”. Su sueño se enfrentaba a un único obstáculo, las diferentes visiones de la vida laboral y personal que ambos tenían y el ego descontrolado de uno de ellos. ‘Amateurs en el espacio’ es la película de una amistad, de un gran sueño compartido y de la ‘inoportuna’ fragilidad de las relaciones humanas.