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Regreso a Montauk Volker Schlöndorff: “En el pasado me equivoqué y perdí al amor de mi vida”

El cineasta alemán cambia de tercio, abandona el cine histórico, y a sus 78 años se exhibe emocionalmente en su nueva película, Regreso a Montauk, historia de un amor que abandonó y que confiesa que nunca ha superado.

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Volker Schlöndorff./Franziska Strauss

"Tengo la sensación de que me equivoqué en alguna parte del pasado". Volker Schlöndorff, uno de los grandes cineastas europeos, se ha revelado con su nueva película, 'Regreso a Montauk', como un exhibicionista emocional. Con 78 años ha abandonado todo pudor y ha confesado en público que vivió una historia de amor que nunca superó.

El autor de El tambor de hojalata, El honor perdido de Katharina Blum, El joven Törless…, que ha dedicado sus últimos años a reflexionar sobre el presente desde películas históricas, se instala ahora en el hoy para volver a su pasado, a la memoria de una relación que tuvo con una mujer en Nueva York y de la que siempre pensó que había sido el gran amor de su vida.

El cineasta, convertido en escritor en la película, se pregunta si perdió esa oportunidad y si se arrepiente de ello, pero solo antes de comprender y de tener que admitir, desconcertado, que “yo no era tan importante en su vida como creía. Por eso, esta película es la tragedia de un hombre ridículo”. El actor sueco Stellan Skarsgård, prodigioso en esta interpretación, es el alter ego de Schlondörff. Le acompañan las actrices Nina Hoss, en el papel del antiguo amor, y Susanne Wolff, como su pareja. “Que no era Margaret von Trotta”, puntualiza el director.

La película nació como proyecto con la novela de Max Frisch, pero finalmente lo que cuenta es un episodio de su propia vida ¿No?

Sí. Un productor me pidió que leyera la novela de Max Frisch. Yo había trabajado antes con él y ya la había leído, es una novela autobiográfica, casi un diario y yo pensaba que no podía adaptar al cine una historia suya tan personal. Lo que sí podía hacer era utilizar el marco para contar mi historia. A partir de esa decisión, quise que otro escritor, Colm Tóibín, me ayudara con el guión. Lo que hicimos fue una variación sobre el mismo tema, musicalmente hablando. El comienzo de la película, cuando Max está leyendo su novela y habla de una historia de amor que vivió esos días y que no superó, está contando mi historia.

El personaje dice que te puedes arrepentir de lo que no has hecho y quisiste hacer y de lo que has hecho y no debiste hacer. ¿Usted se arrepiente de alguna de las dos cosas?

Yo, como todo el mundo, tengo cosas que he hecho o que no he hecho. Pero no siento arrepentimiento, porque siempre he pensado que hacemos lo que podemos hacer. Estoy convencido de que todo lo que hicimos es lo que debimos hacer. Este hombre abandonó a una mujer quince años atrás y ahora pretende que sea el amor de su vida. En realidad, se está mintiendo. Si la hubiera querido de esa manera, no la hubiera dejado.

Entonces ¿usted no cree que sea auténtica esa sensación que tienen algunas personas de haber perdido al amor de su vida?

La verdad es que no me atrevo a afirmarlo, aunque teóricamente es lo que pienso. En mi caso, creo que fue la oportunidad que falle, que me equivoqué y perdí al amor de mi vida. Tengo una hija de 25 años maravillosa y aun así, vivo con la sensación de que me equivoqué en alguna parte del pasado. Lo que pasa que solo reconocerlo parece muy adolescente. Pero todos debemos tener muy dentro una sensación parecida, nos preguntamos si no hubiéramos podido tener otra manera de vivir.

El personaje es escritor y utiliza la literatura para decir en la ficción lo que no dice en su vida. ¿Usted ha hecho eso con su cine?

Sí, pero no es una excusa, es una necesidad. Cuando decides hacer cine o escribir y dedicas cuerpo y alma a una pasión, tienes que sacrificar algo de tu vida, parte de tu vida. Cuando era joven, estaba trabajando de ayudante de dirección con Godard, que estaba tan desesperado de amor por Anna Karenina que quería dejar el cine. Y fue a ver a Jean-Pierre Melville para preguntarle qué era más importante, ¿Anna o el cine? Y Melville me dijo: ‘Si piensa eso, está perdido’. Para él, era más importante el cine, sin duda. Es muy difícil conseguir un equilibrio entre los dos. Yo he vivido separado de Margaret von Trotta 20 años y ahora cuando me pregunto por qué nos separamos, no lo sé. Probablemente, porque el cine nos interesaba más que el uno al otro. Aunque ella me contradeciría.

En la película, este hombre se queda absolutamente desconcertado cuando se da cuenta de que ‘sus’ mujeres son dueñas de sus vidas, de que no es él quien decide…

"Regreso a Montauk es la tragedia de un hombre ridículo"

Sí, así es. Las dos mujeres están inspiradas en las personas reales. Y cuando me ocurrió eso a mí, tuve que entender que quizás yo no era tan importante en sus vidas como creía. Me había hecho un ideal de ellas, las había transformado en fantasía, pero no las escuchaba de verdad. Descubrir aquello fue devastador. Él le dice a su antiguo amor que hubiera querido tener hijos con ella, pero ella ya le ha dicho que tuvo otro amor, un gran amor que fue mucho más importante que él, y murió. Ella es ahora una mujer sin hijos y demasiado mayor para tenerlos, enamorada todavía de aquel hombre. Los hombres nos vamos a vivir con una mujer más joven para volver a empezar. Las mujeres estáis más cerca de la tierra, por eso, en una situación así, ella es una figura trágica y él hace el ridículo. Regreso a Montauk es la tragedia de un hombre ridículo.

Y, discúlpeme, un poco machista también ¿no?

Ya y lo peor es que no puedes cambiar, puedes ver dónde te has equivocado y prometer que no lo vas a repetir, pero lo repites. Eso son las cosas que hacen tan difíciles las relaciones. Ya lo dicen los psicoanalistas, no puedes cambiarte a ti mismo, pero sí, conocerte mejor. También creo que el hombre que es artista vive dos mundos a la vez, el real y el que vive en sus fantasías. Los creadores cambian a las personas, las moldean a su antojo, hacen una versión de ellas, y acaban confundiendo las dos cosas. En el caso de este escritor no es que sea malo, es que va con su vocación. La literatura es más fuerte en él que su vocación de vivir. No es una excusa, es solo que…

Fotograma de la película 'Regreso a Montauk'

Usted ha hecho películas históricas para hablar del presente y ahora hace esta película para hablar del pasado, ¿no es un poco contradictorio?

Es verdad. Mis películas históricas tienen esa intención. Y ésta… Hace diez años, en el libro de memorias que escribí, Luz, sombra y movimiento, dedicaba un capítulo a este amor en Nueva York. Acababa diciendo que seguía sin entender qué me pasó y que tendría que regresar a ello y quizá también a algunos episodios de mi infancia. Lo que pasa es que esto último es más complicado porque no quiero sufrir.

De alguna manera, Regreso a Montauk es una película sobre la nostalgia, ¿no le parece un sentimiento un poco nocivo?

Sí. La nostalgia no es buena, pero no se puede evitar, sobre todo cuando uno se va haciendo viejo. Ya no quieres mirar hacia delante porque sabes lo que te espera. Así que es por necesidad y por condición humana.

Y ¿de qué siente nostalgia usted?

"En los sesenta el mundo parecía más sencillo"

Del cine que fue en los sesenta. De Fellini, Antonioni, Bergman, Godard… Aunque ahora hay cientos de cineastas en Europa y el cine digital se puede hacer de un modo más sencillo, incluso sin ayudas, vivimos con un flujo continuo de imágenes. Todo es plano, como un río continuo de imágenes fáciles. Nostalgia porque entonces el mundo nos parecía más sencillo.

¿En qué era más sencillo antes el mundo?

Pensábamos que el mundo era más sencillo porque todo lo veíamos desde el punto de vista ideológico, la izquierda y la derecha. Los conceptos de Guerra Fría, soviéticos, EE.UU. simplificaban todo. Ahora me doy cuenta de que el mundo era igual de complicado que hoy. Diría que ahora es más interesante.

¿Cuál sería su gran historia para contar hoy en el cine?

La de cómo mirábamos antes la evolución. Ha habido corrientes a largo plazo que han cambiado las cosas y nos han cambiado a nosotros. Hoy hay, por ejemplo, una explosión demográfica. Cuando yo era joven había menos de la mitad de la población mundial de la que hay hoy. Las relaciones estaban más diferenciadas. Ahora somos tantos que quizás la vida del individuo no puede estar tan protegida como nos gustaría, somos hormigas en un hormiguero. Y ya nada puede volver a lo que fue. Hoy tenemos que aprender a vivir en un mundo en el que todos corren de un lado a otro y donde nadie puede decir que tiene una visión clara del mundo. Es el fin del mundo cartesiano. Antes la racionalidad podía resolverlo todo. Ahora hay otras fuerzas en movimiento que no controlamos. No es una cuestión de crisis, es un mundo de pánico y de histeria.