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Siri Hustvedt: “He visto a un sinfín de mujeres pedir perdón por ser quienes eran”

La autora recopila sus ensayos sobre arte, ciencia y feminismo en 'La mujer que mira a los hombres que mira a las mujeres'

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La escritora estadounidense Siri Hustvedt, referente del feminismo.- EFE

Cuenta la escritora Siri Hustvedt (Minnesota, 1955) que durante un discurso en la universidad comenzó a temblar de forma incontrolable. Por aquel entonces ya sufría de migrañas aureas –destellos luminosos en pleno campo de visión– e incluso en alguna ocasión llegó a alucinar con hombrecillos rosados a lomos de un buey. Desconocemos si la ensayista era asidua a los psicotrópicos, sí sabemos, por contra, que esta inquietante sintomatología le vino como anillo al dedo. “Fue maravilloso, cuando me sucedió todo aquello llevaba quince años estudiando el cerebro humano, de modo que decidí analizar lo que me estaba ocurriendo desde la psiquiatría, la neurociencia y el psicoanálisis”.

El resultado lo plasmó en La mujer temblorosa o la historia de mis nervios (Anagrama, 2010), una lúcida crónica de la búsqueda de un diagnóstico con el cerebro y la memoria como objeto de estudio. Algunos de aquellos ensayos se recogen ahora en La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres (Seix Barral), compilación de conferencias y escritos en los que la novelista norteamericana se adentra en dos ámbitos no siempre bien avenidos: el arte y la ciencia. “Es más que probable que un escritor cuando narra esté asumiendo un determinado funcionamiento de la mente y por tanto sea consciente de ciertos procesos mentales, algo que es verdaderamente importante también para la ciencia”, explica Hustvedt durante una charla-coloquio con la periodista Montserrat Domínguez en la librería La Central.

“Trump es el vehículo  perfecto que ha transformado la vergüenza en orgullo”

En ese diálogo entre ciencia y arte la autora pone el foco en la percepción y su relación con el contexto. “Existen estudios empíricos que demuestran que la gente percibe los cuadros hechos por artistas famosos físicamente más grandes que los cuadros hechos por artistas menos conocidos”. Dicho de otro modo; lo que intuimos, aquello que captamos de la realidad está profundamente influenciado por el contexto. Algo que, según Hustvedt, se aplica perfectamente a lo que ha bautizado como “el efecto de amplificación masculino frente al efecto de encogimiento femenino”. Un epígrafe un tanto ampuloso pero que anticipa ese otro modo predeterminado de percibir a la mujer. “En nuestra cultura siempre se enfatiza la idea de que todo aquello vinculado a la autoridad y al intelecto es del ámbito del hombre, en cambio, lo relativo a la naturaleza o al cuerpo es del ámbito de la mujer. Esto es algo que se remonta a muchos años atrás, a los escritos de Platón por ejemplo, que sí quería mujeres en la República pero siempre que no fuesen poetas”.

Sexualizar la realidad

“He visto a un sinfín de mujeres pedir perdón por ser quienes eran”, se enerva Hustvedt, “tenemos la tendencia a no poder ver en una mujer la autoridad, la hostilidad hacia una mujer agresiva va a ser siempre mayor que hacia un hombre agresivo”. El efecto castrante que sobre la mujer tienen estos preceptos sociales y sus ramificaciones políticas preocupan sobremanera a la ensayista, ya que evidencian “una auténtica tragedia para la cultura”. Es ahí, en esos roles prefijados donde la autora sitúa la raíz del problema: “Estamos acostumbrados a sexualizar absolutamente todo, le ponemos género a cualquier tipo de disciplina o manera de ser y esto es algo que interfiere con la libertad de lo que significa ser humano”.

“La misoginia ha estado muy presente en las elecciones de EEUU”

Y del género como estigma a la misoginia de Trump. Una deriva que, apunta la escritora, no es más que la materialización política de una serie de prejuicios instalados en la sociedad: “La misoginia ha estado muy presente en las elecciones de EEUU, Hillary fue tildada en todo momento como fría y cerebral si aparecía con semblante serio, en cambio si optaba por un presencia algo más cercana, se le tachaba de sensible”. Pero más allá de la lectura de género, Hustvedt entiende que la victoria del magnate en su país responde más bien a una cuestión de privilegios perdidos, los de una minoría blanca y pobre que fue abandonada a su suerte. “Esta pérdida de privilegios les ha provocado vergüenza y Trump ha sido el vehículo perfecto que ha transformado esa vergüenza en orgullo”.