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"Quedarnos en la oficina hasta que el jefe se marcha es tercermundista"

Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, reivindica que la flexibilización de los turnos laborales es clave en tiempo de crisis.

ANNA FLOTATS

Ignacio Buqueras (Reus, Tarragona, 1942) tiene una ecuación grabada a fuego en su cerebro: España es uno de los países europeos en los que más horas se trabaja y, a la vez, uno de los menos productivos. Este economista, empresario, doctor en Ciencias de la Información y académico de la Real Academia de Doctores de España, dedica gran parte de su tiempo a la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, que dirige de forma altruista.

Integrada por 132 entidades, entre ellas universidades y organismos oficiales, esta institución pretende adaptar nuestros horarios a la Unión Europea. El último logro de la Comisión se escenificó el pasado jueves, cuando el Congreso de los Diputados aprobó por unanimidad la creación se una subcomisión para tratar la racionalización de los horarios españoles. El próximo mes de octubre, la Comisión celebra su séptimo congreso nacional.  

¿Cómo se racionalizan los horarios?

Rompiendo rutinas. Abandonando la cultura del presentismo que nos hace quedarnos en la oficina hasta que el jefe se marcha, aunque no estemos haciendo nada. ¡Esto es tercermundista! Tenemos que flexibilizar los horarios y optimizar el tiempo que dedicamos a trabajar. Debemos cambiar la cultura del presentismo por la de la eficiencia y la productividad.

¿La crisis influye en esta actitud de los trabajadores por miedo al despido?

Por supuesto. Y hay que acabar con eso y romper definitivamente este hábito.

¿Qué beneficios genera la racionalización de horarios?

En primer lugar, está demostrado que flexibilizar los horarios de los trabajadores conlleva un aumento importante de la productividad. Luego, la empresa disminuye algunos gastos, sobre todo eléctricos, de aire acondicionado y calefacción. Por último, aumenta la satisfacción del capital humano porque los trabajadores pueden compaginar su empleo con su vida privada.

¿Qué empresas aplican ya esta racionalización?

Son muchas, grandes, medianas y pequeñas, pero la Comisión ha publicado un libro con siete ejemplos de éxito: Iberdrola, Sodexo, Asefarma [asesoría de farmacias], Banco Santander, La Caixa y Metro Madrid. Iberdrola fue la primera empresa del IBEX 35 en dar este paso adelante. Desde hace unos años, sus empleados trabajan de 7.30 horas a 15.30 horas con una flexibilidad de entrada y salida de 29 minutos. El Ayuntamiento de Madrid, que también aplica estos criterios de optimización, cierra desde hace dos años a las 17.00 horas. En este caso, el Consistorio ha ahorrado en la seguridad externa de algunas oficinas. 

¿Los empresarios se resisten a racionalizar los horarios?

Sí, mucho. Y no tienen en cuenta que en una crisis tan profunda como ésta, la flexibilidad horaria y la opción del teletrabajo son clave. Ahora, muchos empresarios creen que la solución para capear el temporal es trabajar más horas. ¡Están equivocados!En España trabajamos una media de 1.700 horas anuales. En Alemania, 1.400; en Finlandia, 1.500. Y ellos son más productivos que nosotros.

Para acercarnos a Europa, ¿deberíamos cambiar también los horarios de las comidas?

Claro. Nosotros deberíamos hacer los mismos horarios que los portugueses o los ingleses. Es lo habitual en Europa. De hecho, en España, en los años sesenta se comía a la 1 de la tarde. Tenemos que volver a ello. Deberíamos eliminar las reuniones por la tarde, no puede ser que los partidos de futbol sean a las 21.00 de la noche y que los programas de máxima audiencia en televisión terminen a la medianoche.

¿Qué pasaría con las tiendas? ¿También deberían cerrar a las 17.00 horas?

Se trata de un cambio paulatino, pero hay que coordinar los horarios escolares, laborales y comerciales. Los horarios marcan la vida de las personas. Y no por un tiempo determinado, sino para toda la vida. Las tiendas deberían analizar quiénes son sus clientes. Quizás algunas de ellas, las más orientadas al turismo, sólo deberían abrir viernes, sábado y domingo.

La racionalización de los horarios es un punto en común en los programas electorales de PSOE y PP, pero ninguno de los dos partidos ha hecho nada el respecto cuando ha estado en el Gobierno. ¿Quién frena la aplicación de estos criterios? ¿Sólo los políticos o también los empresarios?

En ambos casos hay demasiadas palabras y poca realidad. Nadie hace su trabajo. Nadie se opone a los planteamientos de mejora en la gestión de los horarios, pero otra cosa es agilizar el tema y cumplir. En ese sentido, el reto de la subcomisión que se creó el jueves pasado en el Congreso es exigir al Gobierno medidas concretas.

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