Publicado: 27.07.2014 19:09 |Actualizado: 27.07.2014 19:09

El Costa Concordia concluye su último viaje y se prepara para su demolición

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El Costa Concordia, el buque que encalló en enero de 2012 en aguas de la Isla italiana de Giglio causando la muerte de 32 personas, concluyó este domingo su último viaje con la llegada al puerto de Génova, donde se prepara ya para su desguace. "Hoy no es un día de fiesta porque no hay que olvidar a las 32 personas que murieron en la tragedia del Concordia y a la otra que falleció después, en las labores de reflote", afirmó el primer ministro italiano, Matteo Renzi, a su llegada al puerto de Génova, en el norte de Italia. Le quedan pocos meses de vida a este crucero en el que un día el lujo inundó los pasillos, pero que ahora es solamente ruina.

Durante la mañana de este domingo, la embarcación llegó al astillero de Prà Voltri de Génova, donde permanecerá los próximos cuatro meses. Lo hizo arrastrada por dos remolcadores y acompañada de otras 12 naves de supervisión, entre ellas una española y otra panameña. Tras su llegada al puerto, los responsables del proyecto del Concordia procedieron a su amarre, un proceso que duró cerca de cuatro horas. En estos momentos, la nave ya está amarrada en el astillero de Prà Voltri, donde los trabajadores genoveses retirarán todo tipo de mobiliario que no sea metálico, previsiblemente hasta finales de año. Después, el Concordia será trasladado al astillero de Sampierdarena, siempre dentro del puerto de Génova, donde será desguazado.

El proyecto comenzó el pasado septiembre, cuando el barco fue enderezado y apoyado sobre una plataforma submarina en la isla de Giglio. La embarcación estaba entonces en posición vertical, aunque seguía sin poder flotar. Pero el 14 de julio la nave logró desprenderse de la plataforma artificial y elevarse con ayuda de unos grandes contenedores metálicos. Posteriormente, el 23 de julio, salió desde el puerto de Giglio con dirección norte, donde descansa ahora, cuatro días después.

"Me siento orgulloso de haber participado en esta operación que se ha llevado a cabo con tanto respeto hacia las víctimas y hacia sus familiares, y también con tanto respeto por el medioambiente", confesó el ingeniero Sergio Girotto. El sentimiento de satisfacción inundó los rostros de todos los que han participado en este mastodóntico proyecto, del que han formado parte "26 nacionalidades", según recordó el almirante Stefano Tortora. Durante su traslado, la nave ha recorrido 200 millas náuticas (370 kilómetros) a una velocidad media de dos nudos (3,7 kilómetros por hora), aunque en algunas ocasiones tuvo que reducir la marcha hasta los 0,5 nudos (0,92 kilómetros por hora) a causa del fuerte viento. "El trayecto ha sido tranquilo, no ha habido ningún inconveniente destacable", recordó el responsable del proyecto, Franco Porcellacchia.

En su periplo por el litoral norte del país, el Concordia navegó cerca de la isla francesa de Córcega y en este tramo fue supervisado además de por las naves italianas por un barco militar francés, en el que se encontraba la propia ministra de Ecología, Ségolène Royal. La preocupación de los franceses era que se pudiera producir contaminación del mar por vertido de alguna de las sustancias nocivas que porta el Concordia en su interior, entre ellas 100 toneladas de carburante. "El cuidado del medioambiente ha sido una prioridad, hemos realizado los últimos análisis del agua en torno a la media noche y han dado negativo en contaminación", subrayó el ministro de Medio Ambiente italiano, Gian Luca Galletti, quien agregó que "los franceses deben aprender a fiarse de los italianos".

A este episodio también se refirió el comandante de la Capitanía del puerto de la Isla de Giglio, Gianluca D' Agostino. "Vigilaron que el desarrollo de las operaciones fuera el adecuado y no hubiera ningún inconveniente, y así fue. La relación fue de cordialidad entre hombres de mar", contó D' Agostino, antes de confesar los regalos intercambiados: una botella de vino de parte de los italianos y una botella de champán de los franceses. Pero el proyecto no concluye aquí. Ahora comienza el proceso de desmantelamiento de esta nave de 290 metros de eslora y 61 de manga que se alargará 22 meses.

La tragedia se produjo la noche del 13 de enero de 2012 cuando el crucero, en el que viajaban 4.229 personas, encalló y naufragó en las costas de Giglio mientras se encontraba bajo las órdenes del capitán Francesco Schettino. En el suceso 32 personas perdieron la vida -el camarero indio Russel Rebello continúa desaparecido- y 64 resultaron heridas. El capitán Schettino afronta actualmente un proceso judicial acusado de homicidio culposo múltiple, abandono de la nave, naufragio y de no haber informado inmediatamente a las autoridades portuarias de la colisión.