Publicado: 05.07.2014 08:29 |Actualizado: 05.07.2014 08:29

El Orgullo Gay como negocio (bienvenidos al gaypitalismo)

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Shangay Lily
Activista por los derechos del colectivo LGTB

Son muchos los años que llevo denunciando la mercantilización y monopolio del Orgullo Gay de Madrid para convertirlo en el lucrativo negocio de un pequeño grupo de empresarios constituidos desde mediados de los 90 en verdaderos oligayrcas que controlan con maneras mafiosas cada movimiento en torno a la comunidad gay y su herramienta mayor: el Orgullo. Yo lo denomino el gaypitalismo (aplicar a la comunidad gay lo peor del capitalismo explotador). Un complejo fenómeno de degradación -con alarmantes paralelismos en la izquierda- que explico y cronologizo en mi venidero libro Adiós, Chueca (Memorias del gaypitalismo: construyendo la marca gay).

Hasta su publicación, para las y los no iniciados, recomiendo leer mi columna El Orgullo ya es festejo PPopular en la que hago una somera historia del secuestro del Orgullo por estos gaympresarios y su deriva mercantilista. Por desgracia se complementa a la perfección con la que tuve que publicar unos meses más tarde para denunciar las íntimas relaciones de estos gaympresarios con el Ayuntamiento de Madrid y su homófoba alcaldesa Ana Botella, la titulé Madrid Arena: Villanueva y los gaympresarios en alusión a la oscura relación del entonces vicealcalde Villanueva con todos estos gaympresarios que el luctuoso suceso desveló. En ese artículo se documenta la relación de Kike Sarasola con Gallardón, de Juan Pedro Tudela con Ana Botella, de Pedro Serrano con un empresario cercano al PP que le regaló el inmenso poder de conceder la "Q" de calidad a los negocios de la noche madrileña... todos ellos, junto al cabecilla, mi exsocio Alfonso Llopart —que en una sucia estratagema en la que se asoció con Pedro Zerolo me robó la revista que lleva mi nombre—, son los gestores empresariales del Orgullo Gay a través de AEGAL (Asociación de Empresas y Profesionales para Gays y Lesbianas de Madrid), la principal de las tres patas, junto a las asociaciones FELGTB (Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales) y COGAM (Colectivo Gay de Madrid), de la gestión de MADO, el ente que rige todo el Orgullo Gay de Madrid. Y podéis acabar el atracón de una historia muy compleja leyendo mi artículo para el Orgullo del año pasado titulado MADO: Orgullo Gaypitalista. O enteraros de todas las cifras que se recaudan y quién las recauda en el magnífico artículo de investigación de Diagonal titulado PSOE y PP apuestan por un Orgullo empresarial. Incluso podéis disfrutar de un colorido diagrama con el quién es quién del gaypitalismo que el grupo  #OrgulloEsProtesta montó el año pasado.

Toda esta trama de espabilados ha permitido convertir la más importante herramienta política de la comunidad LGTB, lograda a partir de las revueltas de Stonewall en 1969, en una verdadera orgía de puertas giratorias que entrega lo público en manos privadas. Y es que, en esencia, eso es el gaypitalismo: la privatización de un colectivo y su lucha para convertirlos en un negocio desideologizado, patriarcal y heterocentrado que beneficia a una élite de empresarios.

Cada vez es más evidente que los empresarios que están enriqueciéndose gracias a estas puertas giratorias, o sea: AEGAL, tienen esclavizadas a las dos asociaciones  que codirigen el Orgullo: FELGTB y COGAM. Esta voluntaria esclavitud viene de la relación empresarial de Pedro Zerolo, entonces omnipotente presidente de la FELGTB y estrella ascendente del PSOE, con Alfonso Llopart en la revista Shangay, cuyos intereses empresariales defendió y favoreció Zerolo creando el precedente y rutina de mezclar intereses privados con instituciones públicas a las que habría que presuponer imparcialidad. Gracias a esa privilegiada relación, Llopart, su socio en el Shangay tea Dance Pedro Serrano y otros gaympresarios  que se unirían después al festín, como Kike Sarasola o Juan Pedro Tudela, disfrutaron de un monopolio y poder infranqueables en la comunidad y la explotación comercial del Orgullo. Irónicamente, unos años más tarde Zerolo se convertiría en una molestia por su empeño en privilegiar al PSOE y estos oligayrcas se acercarían a una figura más oscura y conveniente: el poderoso Miguél Ángel Villanueva, entonces Delegado del Área de Gobierno de Economía de Madrid y después vicealcalde hasta el luctuoso suceso del Madrid Arena. A partir de ese momento Zerolo cayó en desgracia y se separó de los oligayrcas (o más bien estos le dieron la patada).

Esa disociación con el aspecto revindicativo que tanta legitimidad y poder le había facilitado a estos gaympresarios, se convirtió en verdadera guerra. Un violento enfrentamiento que acabaría con la petición de Alfonso Llopart en repetidos editoriales de la revista Shangay de que las asociaciones FELGTB y COGAM fueran expulsadas de la organización del Orgullo Gay de Madrid. En uno de esos delirantes editoriales afirmaba que "Si eres de los que me leen habitualmente sabrás que mis relaciones personales con las asociaciones LGTB nunca han sido muy afables" (sorprendente afirmación de quien fue socio de Zerolo en la revista Shangay y beneficiario de su presidencia de la FELGTB y antes COGAM). Pero mucho más escandalosa es su aseveración unos párrafos más delante despreciando el papel de las asociaciones en la Marcha del Orgullo: "Es increíble que sigan monopolizándola como propia cuando está demostrado que no sería lo que es si no fuera por los empresarios que empezamos a apoyarla hace casi veinte años (la primera carroza fue la de Shangay allá por 1996)". El insultante editorial acaba con un alucinado "Desde ya apuesto por adoptar el modelo de Barcelona, en el que la manifestación y la marcha festiva están separadas y tienen lugar incluso en días distintos".

Pues a pesar de esta insultante agresión a las asociaciones LGTB, este año Alfonso Llopart es el coordinador y gestor de todos los escenarios y actuaciones que se hacen durante el Orgullo Gay. ¿Cómo es posible que FELGTB y COGAM permitan este chulerío, desprecio y explotación empresarial de una herramienta política y de todo el colectivo?

Este año la espiral se ha retorcido un poco más si es posible. Y en la gestión y presencia de Conchita Wurst tenemos un perfecto ejemplo de esas puertas giratorias que entran por las asociaciones y la comunidad LGTB y salen por un evento privado que enriquece a un empresario: la ganadora de Eurovisión llegó para dar el pregón oficial del Orgullo y acabó promocionando el Shangay Pride, un festival privado en el estadio Vicente Calderón que ha montado, oh sorpresa, Alfonso Llopart.

De hecho, los periodistas que han intentado entrevistar a la popular drag queen se han encontrado con un muro infranqueable: Conchita Wurst sólo ha permitido ser preguntada en un evento con un llamativo photocall del festival privado que había que sacar obligatoriamente para poder acceder unos minutos a la carismática drag austríaca. Se da la coincidencia de que los managers de Conchita en España son DyP Comunicación, la agencia que lleva la prensa del Shangay Pride. Los responsables de la Wurst no tuvieron pudor alguno en exigir a los periodistas presentes en la rueda de prensa en el Hotel ME que mencionasen el festival privado. La relación entre el pregón, las asociaciones LGTB, la comunidad, el orgullo y el evento privado que beneficia exclusivamente al empresario Llopart es evidente. Repito la pregunta: ¿Por qué consienten e incluso alientan FELGTB y COGAM esta utilización de una lucha histórica en beneficio de unos empresarios que promocionan a artistas que nada tienen que ver con la comunidad LGTB salvo su etiqueta de "divas gays"?

Con esta complicidad, las asociaciones se convierten en responsables de esta corrupción de la lucha LGTB. En lugar de utilizar la cita para hablar de las mil discriminaciones y agresiones que seguimos sufriendo en colegios, vías públicas, empleos y espacios públicos, se insiste en valorar la valía de esta cita por sus beneficios económicos (los tan cacareados, por AEGAL, 100 millones de euros). Beneficios que, por cierto, nunca se aclara a quién van. Desde luego, y esto declaran ellas mismas, no a las asociaciones FELGTB y COGAM.

¿Es el Orgullo un negocio para ganar dinero o una herramienta para ganar dignidad? Por culpa de estos gaympresarios, cada vez es más lo primero y, por desgracia, cada vez menos lo segundo: una herramienta que las locazas, bolleras y trans de Stonewall nos regalaron para dignificar la diferencia. ¡Vivan los tangas, la pluma, las musculocas, las bolleras camioneras, las trans disidentes y abajo el negocio gaypitalista! ¡Viva el Orgullo Gay!