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Así es el barrio rico de Madrid en pie de guerra (en el que nunca caían bombas)

La calle Núñez de Balboa, en el distrito de Salamanca, fue foco de la extrema derecha durante la transición. En la actualidad tiene uno de los niveles de renta más altos de todo el país y alrededor del 80% de sus vecinos votan a opciones de derecha o extrema derecha.

Vecinas del madrileño barrio de Salamanca participan en una protesta contra el Gobierno por su gestión en la crisis del coronavirus, ayer en Madrid. EFE/Rodrigo Jiménez
Vecinas del madrileño barrio de Salamanca participan en una protesta contra el Gobierno por su gestión en la crisis del coronavirus. EFE/Rodrigo Jiménez

ALEJANDRO TORRÚS

En la misma calle Núñez de Balboa, donde estos días cientos de personas protestan contra el Gobierno ataviados con la bandera de España, se instalaba hace años la sede del único partido de extrema derecha que, hasta la llegada de Vox, había conseguido representación parlamentaria: Fuerza Nueva. Su líder era Blas Piñar y el barrio de Salamanca, que acoge la citada calle, era el bastión de la extrema derecha o, mejor dicho, el de los restos del fascismo patrio.

"Tal y como se han puesto las cosas, a la gente con ideología de izquierda, a los llamados rojos, les resulta bastante difícil vivir en el barrio de Salamanca", denunciaba un reportaje de El País de junio de 1979. El artículo trataba de describir el clima político que se respiraba en el distrito y daba cuenta de las reuniones en cafeterías para "planear asaltos a la facultad de Derecho, las visitas a determinados cines o incendios de las librerías rojas" o las veces que grupos de extrema derecha obligaban a viandantes y vecinos a "entonar, brazo en alto, el Cara al Sol" incluso cuando estaban tomando un café en algún establecimiento. 

En las calles del distrito, además, se acumulaban por aquel entonces puestos callejeros con la biografía de José Antonio Primo de Rivera, el Combate por España de Blas Piñar y diferentes panfletos donde se relataban las tragedias, plagas y pestes que caerían sobre los españoles si se aprobaba, entre otras, la ley del divorcio que, a su juicio, finiquitaba la familia. No era una casualidad que el barrio fuera etiquetado entonces como territorio nacional debido a sus lazos con la España franquista. De hecho, entre sus calles, habitaba la viuda del dictador y desde sus calles este movimiento de extrema derecha se manifestaba "con el objetivo de salvar el honor de la raza española, tan mancillado desde que se perdió el imperio y desde que falleció el Generalísimo".

Casi 40 años después este momento histórico, la calle Núñez de Balboa vuelve a congregar a manifestantes ataviados con la bandera de España y también, como recogen las crónicas de las protestas de estos días, de alguna enseña franquista. La ciudad de Madrid ha cambiado, en términos sociológicos, mucho en estos 40 años. El distrito de Salamanca y, concretamente, la calle Núñez de Balboa no tanto. El barrio sigue albergando la milla de oro de la ciudad, sigue siendo lugar de residencia de una clase económica alta y gentes acomodadas. 

Los datos del Instituto Nacional de Estadística no mienten. Los hogares situados en esta calle de Madrid tienen una renta media de alrededor de 89.000 euros por hogar situándose en el 1% más rico a nivel nacional. El desempleo apenas alcanza al 0,2% de la población, mientras que el 54,7% de sus habitantes vive de ingresos procedentes de actividades del capital (rentistas, dividendos, especulación financiera...). Los datos contrastan, por ejemplo, con la calle Marcelo Usera, en el sur de Madrid, donde la renta media por hogar alcanza por poco los 20.000 euros y el 63% de los habitantes viven de su salario

El barrio también se mantuvo como una especie de isla dentro de la crisis económica que comenzó en 2008 y que, como señalaba un artículo de entonces del periódico El Mundo, "pasaba de puntillas" por esta zona de Madrid que se mantuvo durante toda la crisis, y en la actualidad, como una de las más caras donde vivir de todo el país. 

La variable de clase, por tanto, se vislumbra como crucial. El escritor, ensayista y filósofo Santiago Alba Rico explica que "el barrio de Salamanca, al contrario de lo que pueda pensarse, es el barrio más ideologizado de Madrid". "Los ricos, en general, están mucho más ideologizados y son, al mismo tiempo, mucho más irresponsables porque saben —o se creen— mucho más poderosos, incluso a la enfermedad", señala el filósofo.

Vecinos del madrileño barrio de Salamanca participan en una protesta contra el Gobierno por su gestión en la crisis del coronavirus, este miércoles en Madrid. EFE/Rodrigo Jiménez

Los datos de las elecciones del 10 de noviembre, última convocatoria electoral, también refuerzan la idea de una homogeneidad ideológica en la calle donde se están produciendo las protestas. Hay tramos donde el 62,4% de los vecinos de la calle votaron al PP, mientras que el 22,6% votaba a Vox. Es decir, alrededor del 85% del tramo votaba a la derecha o a la extrema derecha. En un marco más general, el 70% de los habitantes del distrito madrileño votaron por opciones de derechas o extrema derecha y, ahora, con sus partidos políticos realizando una férrea oposición a la gestión de la emergencia sanitaria por parte del Gobierno han decidido salir a la calle a protestar. Pero, ¿contra qué, exactamente? 

"Lo que se ve de alguna forma en las protestas de Núñez de Balboa es un espíritu de impugnación al Gobierno, pero no una reivindicación concreta de querer más medidas de prevención, más medios o una reclamación para que Madrid cambie de fase. Parece una protesta muy genérica que muestra el malestar con el Gobierno y una intencionalidad política de desacreditar al Gobierno al completo", explica Cristina Monge, politóloga y profesora de Sociología en la Universidad de Zaragoza. 

Monge destaca que en estos momentos es "difícil" saber si hay una relación directa con algún partido político, pero señala que "sí se puede apreciar un vínculo claro con la extrema derecha a raíz de las declaraciones de determinados políticos y sus estrategias de desprestigio del Gobierno". Asimismo, la profesora de la Universidad de Zaragoza señala que también hay un vínculo que permite establecer una similitud con las manifestaciones que se están viviendo en Estados Unidos que piden acabar con las medidas de prevención en la lucha contra el coronavirus.

"Son movimientos que se van generando dentro de la extrema derecha. Está intentando hacer caso omiso de las medidas recomendadas para protegernos de la pandemia y desprestigiando al mundo del conocimiento y de la ciencia. Las protestas en Estados Unidos, no obstante, dan mucho más miedo porque van armados en las movilizaciones", explica. 

Sin embargo, y solo de momento, Monge resta importancia a la movilización. Recalca que se trata de protestas de alrededor de 1.000 personas que se concentran en una calle, de un barrio, de una ciudad, que es Madrid. "Hay que ver cómo evoluciona", explica. El argumento se repite, de manera literal, cuando este periódico contacta con varios vecinos de la zona que han rechazado participar en caceroladas y protestas callejeras: "Que hagan mucho ruido no quita que solo sean 1.000 exaltados que se creen libertarios al estilo Estados Unidos", explica uno de estos vecinos. 

En el fondo de este asunto, inciden varias de las fuentes consultadas, se encuentra una variable de clase que ve en el actual Gobierno y, concretamente, en Podemos a su enemigo natural. La protesta, por tanto, no sería por cómo se ejerce el poder sino por quién lo ejerce independientemente de sus actuaciones. "La extrema derecha pedía mano dura y la declaración del estado de alarma. Se quejaban de la manifestación del 8M y decían que había sido el gran hervidero del virus y ahora que el estado de alarma está en vigor denuncian que ya no tiene sentido y apoyan o promueven manifestaciones que se saltan los más mínimos principios de seguridad. Es una estrategia de desgaste constante", denuncia Monge. 

La zona neutral durante la Guerra Civil

En el imaginario colectivo tampoco se olvida que, 80 años atrás, cuando las bombas de la aviación franquista caían sobre Madrid, el barrio de Salamanca fue el único que escapó a las bombas de la aviación franquista (aunque no de su artillería). Así, el profesor de Historia de la Universidad Complutense de Madrid Gutmaro Gómez Bravo recuerda que desde la propaganda franquista se llamó a entrar en la capital para "liberar a sus hermanos de Madrid", aunque eso sí, matiza las razones por las que no fue bombardeado.

 "El barrio de Salamanca se libró de las bombas de los aviones franquistas no porque Franco u otros generales tuvieran allí viviendas o familiares, como se decía y todavía es posible escuchar, sino por la creación de la denominada zona neutral o zona libre propuesta por el cuerpo diplomático en Madrid para que no fueran bombardeadas las embajadas", explica el profesor, que asegura que el barrio de Salamanca fue concebido en 1860 como el ensanche "que marca la división entre ricos y pobres de Madrid" y que esta división fue aprovechada por el franquismo tras su declaración como zona neutral en la guerra para hacerse con el distrito. 

Este dato objetivo, el de librarse de las bombas franquistas, sí que es concebido como importante en la formación de la conciencia política por la también historiadora y miembro de Izquierda Unida Esther López Barceló. La responsable de Memoria Democrática de la formación señala a Público que en las manifestaciones de Núñez de Balboa se puede apreciar "la actitud de siempre de los señoritos, de los privilegiados, de quienes se creen por encima del bien y del mal porque han heredado el gen de la impunidad de todo un barrio que, en plena Guerra Civil, se sabía protegida de las bombas". 

"Ahora comienzan su revancha de clase oponiéndose a la racionalidad de las medidas de prevención sanitaria con la ignorancia y necedad de quienes se creen dueños hasta de su propia muerte. Quieren comenzar un motín que legitime a la derecha a conseguir por las malas lo que no consiguieron en las urnas. Tienen sus referencias en movimientos golpistas latinoamericanos, no solo actuales sino también pasados, así como una genealogía adepta al régimen que les confiere esa seguridad en sí mismos de quienes han conseguido todo a golpe de talonario y apariencia. Esperemos que la democracia y la razón no se tambaleen más allá del ruido anecdótico que puedan hacer tres cacerolas y un palo de golf", sentencia López Barceló.

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