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Brown resiste pese al fiasco

Los laboristas quedan por detrás de los tories y el euroescéptico Partido de la Independencia

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En una futura biografía, Gordon Brown podría titular el capítulo que vivió ayer en Westminster como La noche del juicio final. Los laboristas británicos, grandes derrotados de la noche electoral europea, pasaban examen a su líder con los resultados en la mesa. El partido consiguió un 15,7 % de los votos, lo que es el peor resultado desde la I Guerra Mundial.

Relegados al tercer puesto en eurodiputados por detrás de los conservadores de Cameron y el UKIP de Nigel Farage, el descontento de los más críticos no parece haber sido suficiente para terminar con Gordon Brown.

Los 350 diputados laboristas se reunieron ayer entorno a Brown para analizar la debacle electoral y sólo unos pocos se atrevieron a pedirle en público que se fuera. Según la BBC, el único que lo hizo fue el ex ministro de Interior, Charles Clarke.

Los movimientos de los rebeldes se están centrando ahora en promover una votación secreta que decida si Brown sigue o no. The Guardian desveló anoche que Barry Sheerman presentó una proposición formal para llevar a cabo este referéndum. Se necesitarían 176 votos para conseguir la dimisión de Brown, pero teniendo en cuenta que otras iniciativas como la recogida de firmas no han fructificado, el primer ministro podría haber superado la prueba.

Además, a la salida de la reunión, algunos diputados calificaron la intervención de Brown como 'el discurso de su vida'. Ed Balls, secretario de Infancia, afirmó que el primer ministro dijo en un momento de su discurso que a partir de ahora pensaba 'reconocer sus debilidades', pero también 'haría patente su fortaleza'.

Además de los malos resultados electorales, el premier se encontró con un miembro menos en su Gobierno menguante. La secretaria de Estado y ministra de Medio Ambiente, Jane Kennedy, fue despedida por no apoyarle. 'Esta mañana me preguntaron si estaba dispuesta a permanecer en el Gobierno y si de ser así, daría mi apoyo a Gordon Brown. No fui capaz de darles mi palabra de que lo haría', dijo.

Tras la remodelación del Ejecutivo la semana pasada, se rumorea que el Gabinete del primer ministro está presionando a los laboristas con cargos gubernamentales para que firmen una claúsula de lealtad con Brown. Downing Street lo desmintió.

La baja de Kennedy, la cuarta mujer en una semana, también está removiendo la idea de que los laboristas, con Brown a la cabeza, pueden estar perdiendo una de sus señas de identidad: la igualdad entre hombres y mujeres dentro del partido.

Los laboristas se fijaron la barrera del 20% como un resultado aceptable en las elecciones europeas. Pero la realidad de las urnas puso al partido en unas cifras que no se conocían desde hace casi un siglo, en 1910, cuando los laboristas daban sus primeros pasos y obtuvieron un 7%.

El 15,7% cosechado los dejó como la tercera fuerza política por detrás de los conservadores de David Cameron, con un 28%, y el euroescéptico UKIP, con el 16,5% de los votos. En regiones como Gales, los laboristas perdieron 12 puntos con respecto a las anteriores elecciones y cedieron el poder a los conservadores por primera vez desde mediados del siglo XIX.

Las elecciones del domingo también muestran la recuperación de la clásica corriente antieuropea del Reino Unido. Los conservadores tratarán de formar su propio grupo en el Parlamento e intentarán hacer un referéndum en las islas para decidir si se ratifica el Tratado de Lisboa. El UKIP, segunda fuerza más votada tiene un lema claro: Di no a a la UE. A ambos hay que añadirle el ascenso del BNP, que consiguió dos eurodiputados gracias a su mensaje xenófobo.

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