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Competición en cautiverio

Las fuertes medidas de seguridad y el temor al alto índice de criminalidad de Suráfrica marcan el día a día

 

LADISLAO JAVIER MOÑINO

Del Bosque junto a Fernando Torres, Pablo Hernández, Dani Güiza y Xabi Alonso . EFE

"Por primera vamos a una competición con la idea de que somos favoritos". Un año después de la conquista de la Eurocopa, Casillas se ha metido en un papel al que no estaba acostumbrado con la selección. Tampoco el resto de los internacionales. Ni la hinchada. Respetada, pero sobre todo admirada por su estilo, España se presenta en Suráfrica como la gran favorita para ganar la Copa Confederaciones.

Un torneo que disputan los campeones continentales, el campeón del mundo y el país organizador. Un trofeo para ganadores. Una condición en la que España es neófita.

La competición nació en 1992 para engordar las arcas de la FIFA con los petrodólares de Arabia Saudí. Fue bautizada como la Copa del Rey Fahd en sus primeras tres ediciones, disputadas en el reino saudí, las dos primeras con una diferencia de tres años. Desde 1995, se jugó cada dos. En 2005 se instauró que se disputara cada cuatro años. La última función útil asociada a la Copa Confederaciones es la de ser usada como banco de pruebas para el país organizador del Mundial a un año de su celebración. En este sentido, Suráfrica pasará el test más comprometido de todos los habidos hasta el momento. La seguridad preocupa mucho a la FIFA. Un descalabro en términos de incidentes graves podría poner en barbecho el Mundial en Suráfrica.

Dos dólares diarios

Suráfrica cuenta con una de las mayores tasas de criminalidad del mundo: 18.000 homicidios y 200.000 denuncias de violaciones al año. También es el segundo país del mundo con mayor número de alambradas de protección rodeando los edificios después de Israel y cuenta con un 40% de su población con unos ingresos iguales o menores a dos dólares diarios.

Todas las delegaciones y los respectivos medios de comunicación que las acompañan han recibido inquietantes recomendaciones que van desde la prohibición de tomar transportes públicos en determinadas áreas, a no salir de las zonas acotadas por la organización y a dormir con el cerrojo de la habitación echado.

El Gobierno surafricano desplegará 11.000 efectivos entre policías, militares y equipos de socorro. Aparte, más de 2.000 guardias privados de seguridad trabajarán en los hoteles en los que jugadores, directivos y árbitros estarán alojados. También se desplegarán por los cuatro estadios que albergarán los encuentros y en los lugares de entrenamiento.

Desde que aterrizó en Johannesburgo, han sido frecuentes las imágenes de la selección española con armas de fuego con paisaje fondo y rodeadas de fuertes medidas de seguridad que hablan de un torneo en cautiverio más que de una fiesta abierta del fútbol de todos los continentes.

Danny Jordan, jefe del comité de organización, ha tratado durante la semana de diluir los miedos de participantes y aficionados extranjeros: "Hemos organizado 146 eventos importantes, incluidos los mundiales de rugby y cricket sin registrar incidentes. Los aficionados van a celebrar este evento con nosotros y será un torneo memorable". Jordan confía en los numerosos recursos empleados para que la competición se desarrolle con normalidad: "El plan de seguridad hará que no haya ningún incidente. Y si no los hay, nadie volverá a hablar del tema, pero si suceden, se hablara mucho tiempo".

Mañana, empieza la verdadera cuenta atrás de Suráfrica como sede definitiva del Mundial 2010.

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