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El entrenador y su combustible

Pepu se ganó el entusiasmo de los jugadores, Aíto les picó y así les hizo rendir; Scariolo aún debe decidir qué hacer

PABLO MARTÍNEZ

Si nadie de su entorno les pilla leyendo este diario, les invito a jugar un rato a gurús del alto rendimiento. Aprovechen el momento en que alguien utilice la selección española de baloncesto como recurso: "Vaya con Gasol y sus amigos, parece que este año no son tan buenos, ¿no? Ahí está pasando algo". Entonces fije la atención preguntando con tono firme: "¿A que no sabéis cómo se demuestra la verdadera confianza de un entrenador en sus jugadores?".

Si comparten con algún entrenador de mesa de café, tengan cuidado. "¿De cuánto tiempo dispongo?", podría ser su respuesta. Pero, en realidad, todo futuro Scariolo (llámenlo Pepu, si tiene barba, o Aíto si ha cumplido 30 años de servicio en el sector), que quisiera serlo, debería tener resuelta esta cuestión en cinco segundos. La confianza de un entrenador en un jugador(es) está fundamentalmente relacionada con los minutos de juego que le(s) otorga.

Y si no se lo creen, cambien de rol. Ahora son ustedes Claver. "¿Qué tal, chaval, cómo va la cosa? Buff, en España, en los amistosos, inmejorable, pero Sergio ha perdido la confianza en mí". Y si Claver no ha dicho tal cosa, el otro día contra Lituania sus últimos minutos hablaron por él.

En este día en que la selección tiene una final con f minúscula, como la ha definido Scariolo, hemos asaltado este espacio para reflexionar (y equivocarnos) sobre las últimas tres Españas baloncestísticas y sus tres diferentes circunstancias. La circunstancia Pepu, la circunstancia Aíto y la circunstancia Scariolo. Perdonen la humorada, pero tómenla en serio si Sergio no llega a la final con F mayúscula, pues el año que viene podríamos estar hablando de la cuarta circunstancia. ¿Y son malas, en sí mismas, tantas circunstancias? Aparte de la redundancia de este último párrafo, no tienen por qué serlo.

Todo depende de su relación con el objetivo. Resulta que este grupo de jugadores es capaz de ganar todos los campeonatos que juega, y eso condiciona mucho los acontecimientos. Hay que estar a su altura. Desde el presidente, pasando por el entrenador, hasta el último de los empleados. La tarea no es sencilla, desde luego es apasionante, y tiene diferentes modos de perseguirse, pero todos acaban confluyendo en uno solo: la confianza de cada uno de los protagonistas en sí mismos, y su capacidad de aportarla al grupo.

Mucho se está hablando en los diferentes análisis sobre los que no están. Y es cierto, no están. Lo que no es tan cierto es que el listón deba cambiar por ello. Cuando le preguntaban a Pepu por una posible medalla de oro, su respuesta era: "¿Y por qué no?". Aíto respondía de forma parecida, lo mismo que Sergio. Y siempre hubo algún cambio. En estos días, les aseguro que a Scariolo, como gran competidor, le estará quemando por dentro la oportunidad histórica que puede perder. ¿Acaso alguno de ustedes cree que Aíto dudaba la noche anterior a la final olímpica de que podían, si lo merecían, colgarse la medalla de oro?

Entonces es obvio el problema. No está Calderón, no está Carlos Jiménez. Si quieren seguir por ahí, es el recurso más evidente. Salaner dice que el pasado se pinta siempre de rosa. Y los ausentes, podríamos añadir. ¿Alguno recuerda que Ricky fue más protagonista que Calderón durante parte de los Juegos? ¿Se acuerdan del partido con China, cuando vestido de oficial del equipo nos sacó de una pájara monumental?

Y si no son los ausentes, ni son las expectativas, entonces ¿qué circunstancia ha cambiado? Fundamentalmente una: la manera de llenar el tanque de combustible. El año del Campeonato del Mundo, Pepu fue el vendedor del área de servicio que consiguió que se lo echaran ellos. Todos. Y el pasado año, Aíto, les dijo; el combustible lo echo yo. El que lo quiera lleno, que sude primero. Y todos acabaron sudando. Sergio primero les ha dejado llenarlo, y después a algunos les ha quitado la manguera. Pero en la gasolinera sigue habiendo combustible de sobra para todos si los polacos no nos cierran esta tarde la gasolinera.

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