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La frágil recuperación alemana marca la campaña de Merkel

La canciller teme ceder ante las recetas de los liberales de cara a las elecciones del día 27

ERNESTO EKÁIZER

Berlín ha alterado la rutina de una campaña electoral prácticamente inexistente el pasado sábado, día 6 de septiembre. Los tractores hicieron de columna vertebral de una masa de 50.000 personas que se concentraron en la puerta de Brandeburgo para protestar contra una eventual anulación de la moratoria nuclear vigente por parte del nuevo gobierna que surja de las elecciones legislativas del próximo 27 de septiembre.

Pero la verdad es que este amago de emoción no va a cambiar el tono. Ni el tema de la energía nuclear ni ningún asunto de interés público forman parte del debate electoral.

Angela Merkel, líder de la conservadora Unión Cristiano Demócrata (CDU), iba a barrer en las elecciones legislativas de 2005, pero ganó por la mínima y se vio obligada a formar un gobierno de coalición con el partido Socialdemócrata alemán. Las encuestas también auguran estos días a Merkel una gran victoria el próximo 27 de septiembre y, esta vez, atribuyen un avance considerable al partido Demócrata Liberal (FDL), lo que permitiría formar un gobierno de coalición de centro derecha sustituyendo al partido Socialdemócrata.

La recuperación se debe a los subsidios al empleo y a la compra de coches

Pero Angela Merkel no se lo termina de creer. Y la hemorragia de votos sufrida por el CDU en dos de las tres elecciones regionales del pasado 30 de agosto (Sarre y Turingia), así como en las elecciones locales de la región más industrializada del país, Renania del Norte-Westfalia, han confirmado una vez más que si bien Merkel ganará el 27 de septiembre, el candidato socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier está dando más guerra de la que se pensaba.

La política económica alemana es el ejemplo que invocan a menudo Mariano Rajoy y sus colaboradores como un ejemplo de lo que se debe hacer. Pero el hecho es que si la economía alemana ha conocido una incipiente y todavía muy prematura recuperación se ha debido a dos medidas clave: los subsidios estatales a la reducción de la jornada laboral (la llamada kurtzarbeit) y los subsidios a la compra de automóviles.

Mientras los subsidios a la reducción de jornada se mantendrán hasta 2011, los 2.500 euros concedidos para promover la compra de nuevos vehículos han expirado la semana pasada, tras alcanzar los 5.000 millones de euros concedidos a dos millones de usuarios. La gran incógnita es qué pasará con la economía alemana con una producción y demanda de automóviles notablemente más bajas que las que han propulsado el crecimiento de la economía durante gran parte de 2009.

El número total de parados se situó en el mes de agosto en 3,4 millones, o un 8,3% de la población activa, por tercer mes consecutivo. Pero según ha reconocido la Oficina Federal de Estadística de Empleo, sin la introducción de cambios estadísticos el paro habría subido en 25.000 personas durante agosto en lugar de bajar en 1.000 personas.

La estadística no ha tomado en cuenta el hecho de que las vacaciones de verano de 2009 terminaron en algunos estados antes que en 2008 y, por otra parte, aquellos parados que desde mayo pasado aceptan cursos de formación organizados por agencias privadas son expurgados de la lista oficial de desempleados. Sin esta expurgación, el aumento del desempleo entre mayo y agosto hubiera sido de 132.000 en lugar de los 25.000.

Las empresas aplazan los planes de ajuste de plantilla

Todas estas triquiñuelas indican que el mercado laboral se ha deteriorado incluso a pesar de que hay 1,4 millones de trabajadores dentro del régimen de reducción de jornada con disminución salarial, un sistema subvencionado por el Gobierno (60%) y las empresas (40%).

Aunque el sistema de kurzarbeit puede durar hasta 2011, las previsiones son especialmente duras para el cuarto trimestre de 2009, cuando vence una parte importante de los contratos de nueve meses de reducción de jornada. Las estimaciones oficiales señalan que a finales de 2009 habrá que añadir 300.000 personas a la lista del paro oficial procedentes del sistema de reducción de jornada, cuenta habida de que la demanda no habrá rebotado al punto de reabsorber la citada mano de obra.

Las elecciones tienen lugar en un momento de transición muy difícil entre la crisis económica y una frágil recuperación. Del mismo modo que el Gobierno ha seguido una política de subsidios, la patronal alemana, que apuesta claramente por una victoria de Angela Merkel, ha aportado su grano de arena para hacerla realidad: las grandes empresas han decidido aplazar los planes de ajustes de plantilla hasta después de las elecciones del 27 de septiembre.

A medida que se acerca la cita electoral, todas las expectativas en un Gobierno con un programa más neoliberal hacia la derecha —el que vende en España Mariano Rajoy— se van desvaneciendo en Alemania. Angela Merkel teme que si cede ante las propuestas de los liberales demócratas del FDP, su socio ideal en la futura coalición, la campaña del partido Socialdemócrata que impulsa Frank-Walter Steinmeier consiga morder una parte del electorado.

Steinmeier, precisamente, está dirigiendo su artillería contra los liberales demócratas. Su plan no es tanto atacar a Angela Merkel, cuya popularidad es muy firme, según todas las encuestas, sino impedir una coalición neoliberal CDU-FDP. En otros términos, toda la estrategia del SPD consiste en que el 27 de septiembre salga de las elecciones una segunda gran coalición.

Alemania ha conseguido,con un crecimiento muy moderado en el segundo trimestre de 2009, desmentir la idea, dominante en Europa, de que Estados Unidos gracias a su sacrosanta flexibilidad, sería la primera potencia en salir de la crisis.

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