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Moro dice que se irá, pero su obra queda en la mente del espectador

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Todo es efímero, desde la vida a la obra que realiza en la calle el escultor José María García Moro (Madrid,1933), "Moro a secas", como le gusta que le llamen artísticamente, porque nace y muere en el caos, aunque el colorido y la plasticidad permanecerán siempre en la mente del espectador.

En 1966, este artista afincado en Segovia, sacó su estudio a la calle, para recuperar los espacios públicos para la práctica del arte y hoy, 43 años después, ha repetido la experiencia, pero además con un cierto sentido de despedida artística, "aunque no me gusta utilizar la palabra fin, la vida continúa".

Sin embargo, las "invasiones" o "irrupciones" que realiza a lo largo de un proceso, donde al final el público es protagonista, siempre quedan en la memoria: "me iré, digo yo, pero la obra, lo que ha visto, permanece en el recuerdo, vive con la persona", afirma Moro.

Aparte de trabajo de estudio y esculturas monumentales, en su carrera Moro ha realizado intervenciones en el paisaje de diversas ciudades históricas españolas y europeas, desde Segovia, Salamanca, Valladolid, A Coruña, Cáceres o Ceuta a Lisboa (Portugal) o Ferrara (Italia), entre otras.

Sin perder el humor, pero emocionado por el momento, Moro ha dicho que "la cabeza me funciona regular, pero no el cuerpo, lo que no es extraño, porque es tan pequeño que se queda sin fuerza", con el fin de justificar que se aparta del trabajo, cuando está a punto de cumplir 76 años.

Tras vivir en Puerto Rico o Nueva York, en 1977, soltó una manada de vacas por la plaza de las Sirenas de Segovia, en una de sus primeras "invasiones" seguida de una explosión de elementos y bandas de colores.

Aquello, como ha recordado hoy el artista, fue el prólogo de numerosas intervenciones después de haber trabajado en el dominio del espacio con varias instalaciones y, antes, pasar por la figuración, la abstracción y el orden geométrico y racional.

Moro explica esta evolución diciendo que "tras empezar con la escultura, me quedo con el espacio y, poco a poco me di cuenta que no era suficiente y había que comunicar empleando una materia, la más idónea en cada momento".

Su actividad de hoy, para clausurar el programa "Oxigenarte", de arte en la calle, organizado por el Ayuntamiento de Segovia, lleva el mismo proceso: "del plano a lo corpóreo, incorporando formas verticales; de lo monocolor, a lo multicolor; de la inactividad a la intervención del público".

Aparte de decenas de grandes formas de colores, Moro ha llenado sacos con cientos de piezas más pequeñas, figurativas, desde cabezas, a pies o zapatos, que ha dejado al público, para que las colocara en el espacio a su libre albedrío, en una fiesta cromática.

Desde el amanecer, por obra de Moro, el paisaje se fue transformando, del grisáceo de las losas del pavimento urbano al colorido violento de los materiales; de la ciudad solitaria a la actividad frenética del público y el juego con las formas, que hoy se han podido llevar libremente a casa, como regalo del artista.

"Todo es efímero", recuerda Moro, "porque desaparece, dura apenas unas horas, pero queda en cientos de documentos fotográficos y vídeos, aparte de que permanecerá para siempre en el recuerdo del espectador, se incorpora a su mente, a su experiencia".

Y es que lo que realmente satisface a este escultor, como ha confesado, es cuando algunas personas le paran por la calle y le dicen que nunca olvidarán lo que hizo cierto día: invadir la calle con arte y dejar intervenir al público, aunque nazca y muera en el día.

Precisamente este hecho, el "ser el pionero", ha sido reconocido hoy por la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Segovia, Clara Luquero (PSOE), quien ha entendido que Moro era la persona idónea para clausurar "Oxigenarte", donde han intervenido un total de 39 artistas, en el fin de semana.

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