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Las zapatillas voladoras y otras estupideces

Se ha propagado la idea de que donde hay un par de deportivas colgadas de los cables de la luz se vende droga

ÓSCAR LÓPEZ-FONSECA

La Policía, que de armas sabe un montón, asegura que algunos e-mails parece que los ha cargado el diablo. Y no lo dice porque sus sufridos receptores tengan que ser atendidos en urgencias por heridas de bala tras abrirlos, sino porque su contenido, a pesar de que no superaría un test de credibilidad de Pocoyó, pasa a ser considerado una verdad absoluta por muchos ciudadanos y por algún que otro medio de comunicación, que los incluyen en sus páginas como misteriosas y alarmantes noticias.

Un ejemplo. Desde hace ya bastante tiempo se ha propagado la idea de que allí donde uno ve un par de zapatillas deportivas colgadas de los cables callejeros de la luz hay un punto de venta de drogas. O la frontera del territorio de cualquier banda. O, incluso, la indeleble huella de un crimen por ajuste de cuentas en la que el fallecido ha donado involuntariamente su calzado para recordar que en esa zona de la ciudad no se andan con chiquitas.

Se ha propagado la idea de que donde hay un par de deportivas colgadas de los cables de la luz se vende droga

La Policía recibe llamadas de vecinos que piden que retiren esas maléficas señales de las cercanías de sus domicilios, temerosos de ver cómo su barrio se convierte en un Carrefour de la cocaína mientras observan apesadumbrados cómo las señales se reproducen. Pocos saben que tan curiosa forma de dejar el calzado no es, ni mucho menos, una señal de delincuentes, sino una moda de origen norteamericano que no sólo tiene nombre, Shoefiti, (mezcla de los vocablos ingleses shoe, zapato, y grafiti), sino incluso una página web (www.shoefiti.com) donde los aficionados a tan curiosa práctica cuelgan las fotos de tan peculiares hazañas.

No es éste el único e-mail envenenado que circula por ahí. Desde hace algún tiempo recorre Internet un correo electrónico que detalla un método infalible para evitar ser robado cuando uno saca dinero de un cajero automático: en lugar de marcar la contraseña correcta de la tarjeta, hay que hacerlo al revés. De este modo, asegura el autor de esta alerta, la máquina entregará el dinero, lo que evitará que el chorizo la emprenda a golpes con la víctima, pero a la vez enviará al banco un aviso para que telefonee a la Policía y esta acuda rauda al lugar a capturar al malhechor. Sobre qué tienen que hacer los desafortunados cuya clave es un número capicúa, el autor del correo no dice nada. La Policía, por su parte, recomienda no poner en práctica el anónimo consejo si no se quiere recibir algo más que una paliza del delincuente cuando vea que del cajero no sale dinero.

Ladrones, pero colegas

Pero la alerta con más éxito mediático es la que desvela la supuesta existencia de unos enigmáticos signos que los ladrones utilizan para marcar qué viviendas son más fáciles de robar. Círculos, triángulos y cuadrados se combinan en un galimatías de rallas junto a las puertas de nuestras viviendas hasta desvelar, no sólo la existencia de un esperanto del delito (en Internet se puede ver que estos símbolos son casi universales), sino también que los asaltapisos son una cofradía muy bien avenida que no duda en informarse unos a otros de las casas donde pueden robar sin problemas, que para eso son colegas. Hasta el diablo se llevaría las manos a la cabeza ante tanta estupidez.

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