¿Qué es una casa pasiva y cómo funciona?
Conseguir la máxima eficiencia energética es una de las grandes obsesiones de la arquitectura actual.

Zaragoza-
El ahorro energético es una de las grandes cuestiones de la sociedad contemporánea, por varias razones además. Desde un punto de vista estrictamente monetario y de economía doméstica, calentar un hogar puede llegar a ser muy costoso para el bolsillo. Además, si miramos más allá de nuestras finanzas, cuestiones como el cambio climático están íntimamente relacionadas con la dependencia que poseemos de los combustibles fósiles y las emisiones de CO2.
De ahí que, desde hace varios años, exista una concienciación muy importante por lograr una transición energética hacia fuentes de energía más baratas y sostenibles. Esto sucede en todos los ámbitos, incluida la arquitectura. Concretamente, la eficiencia energética es una de las grandes obsesiones de toda nueva construcción que se realiza. Un fórmula que ha sido sublimada en las llamadas casas pasivas.
Qué es una casa pasiva
Una casa pasiva es un tipo de construcción que utiliza los métodos de la arquitectura bioclimática para lograr la máxima eficiencia energética posible. Esto hace que apenas dependa de los sistemas de calefacción o refrigeración tradicionales pues el habitáculo tiende a mantener una misma temperatura tanto en los meses de verano como en los de invierno.
¿Cómo consigue esto? Las casas pasivas se fundamentan en cinco pilares: aislamiento, hermeticidad al aire, eliminación de puentes térmicos, carpintería de altas prestaciones y ventilación mecánica con recuperación de calor. Además de aprovechar al máximo la climatología del lugar en el que se va a levantar la edificación.
Esto se entiende mejor con un ejemplo simplista, pero que aplica a estos principios. En las zonas de montaña en las que suele hacer mucho frío, como por ejemplo los Pirineos, se tiende a construir en aquellas áreas que tienen una mayor hora de incidencia directa del sol y que, a poder ser, se encuentran resguardadas del viento. Por su parte, en las zonas muy cálidas, como por ejemplo el sur de España, es habitual levantar casas en las partes más umbrías, cuando no directamente en el interior de la roca. Son dos muestras de arquitectura tradicional, pero que emplean el entorno para hacer sus habitáculos más cómodos. La arquitectura bioclimática utiliza estos principios y los combina con la última tecnología para generar un ambiente cómodo durante los 365 días del año.
El aislamiento es la clave
Una de las grandes claves de las casas pasivas es su aislamiento. El concepto aquí es construir una capa térmica que consiga aislar por completo al interior de los cambios de temperatura que suceden en el exterior. Es decir, la casa actúa como un microclima independiente de las estaciones o las inclemencias del exterior. Para ello se pueden utilizar varios materiales diferentes, aunque por norma general se emplean en una cantidad muy superior al que tienen las construcciones regulares.
Las zonas críticas para conseguir una aislación perfecta son los llamados puentes térmicos, que no son más que aquellas zonas en las que el calor puede escapar (o entrar) con facilidad. Analizar estos puntos críticos y reforzar las posibles fugas es un aspecto fundamental para conseguir una casa pasiva. Algunos de los puentes térmicos más comunes son el encuentro entre el muro y la losa o el forjado o el punto de encuentro entre la pared y la cubierta.
Aunque el ejemplo de puente térmico más claro son sin duda puertas y ventanas. En las casas corrientes, los marcos y picaportes suelen ser puntos de fuga del calor clásicos, tanto por estar en contacto con el exterior como por lo difícil que resulta sellarlos correctamente. Por ello, en las casas pasivas se pone un acento especial en estos elementos, con una combinación de vidrios de altas prestaciones, marcos muy aislantes y una instalación que integra a las puertas y ventanas dentro de la capa térmica del edificio.
¿Cómo se produce la ventilación?
Claro que entonces la duda podría residir en cómo se produce la ventilación de estas construcciones si el aislamiento interno es tan importante. Bien, es importante tener en cuenta que en las casas pasivas la ventilación no se realiza abriendo las ventanas, sino que se produce de manera mecánica y controlada. Es decir, consiste en un sistema de conductos que hace que el aire interno se renueve constantemente.
Podemos pensar que el sistema de ventilación de una casa pasiva es como una suerte de pulmón compuesto por dos circuitos independientes, pero que poseen un punto de encuentro. Concretamente, un equipo extrae el aire usado de baños y cocina y, al mismo tiempo, introduce aire fresco del exterior hacia dormitorios. Ambos flujos pasan por un intercambiador donde el aire que sale cede su calor al que entra, sin mezclarse. Así, el aire nuevo llega ya templado y no se pierde la energía que hay dentro de la vivienda.
¿Significa esto que no se pueden abrir nunca las ventanas de una casa pasiva? No exactamente. La mayoría de construcciones actuales permiten combinar la ventilación mecánica con la ventilación cruzada tradicional, es decir la de abrir las ventanas. No obstante, esto no es necesario para que la casa esté aireada.
Además, cabe aclarar que el sistema de ventilación mecánica no es lo mismo que la aerotermia que tan de moda se ha puesto en los últimos años. Fundamentalmente ambas poseen propósitos distintos. De esta manera, la aerotermia es un sistema que se utiliza para producir calefacción, refrigeración o agua caliente. Para ello, utiliza una bomba de calor que toma energía del aire exterior. Es decir, la ventilación pasiva es un sistema de gestión del aire, mientras que la aerotermia aporta temperatura. Por ello, existen casas pasivas en las que ambos sistemas se utilizan de manera conjunta.

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