Entrevista a Hannes Cools, experto en inteligencia artificial"Con la IA existe el riesgo de que la gente ya no se crea nada"
El investigador de la Universidad de Ámsterdam conversa con 'Público' sobre la influencia de las nuevas tecnologías en el ámbito mediático.

Bruselas-
Aunque no es un concepto nuevo, la inteligencia artificial copa la agenda mediática cada vez con más frecuencia. El negocio de las grandes empresas tecnológicas –las llamadas big tech– tiene una creciente influencia política, que a su vez repercute en transformaciones laborales, económicas y sociales. La atención sobre las denominadas tecnologías disruptivas aumenta y genera sentimientos encontrados. Estos oscilan entre el optimismo ciego y el rechazo radical. Pero en todos los casos revela el protagonismo que las herramientas digitales cobran en el pensamiento de la ciudadanía.
No se trata solo de una cuestión técnica. Los avances tecnológicos han moldeado las sociedades en todos sus sentidos desde los albores de la historia –como la rueda, la bombilla, la máquina de vapor o el teléfono, entre una multiplicidad de invenciones–. Y la irrupción de la IA no está siendo menos. Su instauración vertebra una nueva forma de comunicación, de generar certezas y construir creencias. Transforma los modos en los que la población accede a los datos y, de manera general, a la información. Pero también a la desinformación. ¿Cómo podemos hacernos cargo de este momentum, donde lo real y lo falso se difuminan en un mar de bulos y deepfakes?
La Unión Europea trató de contribuir en su respuesta a estos fenómenos hace unos días. El Panel para el Futuro de la Ciencia y la Tecnología (STOA, por sus siglas en inglés) convocó, a través del European Science-Media Hub (ESMH), su anual escuela de verano para periodistas y divulgadores científicos, en la que Público estuvo presente. Esta edición se centró precisamente en la irrupción de la inteligencia artificial y sus instrumentos. La mesa inaugural se centró en el papel del periodismo como agente para preservar la democracia y la confianza en el contexto tecnológico actual.
Dicho evento fue moderado por Hannes Cools, profesor de Factor Humano y Nuevas Tecnologías en la Universidad de Ámsterdam. En conversación con este medio, el experto reflexiona sobre la adopción de estas herramientas por parte de los medios de comunicación, los riesgos de la desinformación y los elementos que diferencian los actuales avances tecnológicos de los que acontecieron en el pasado.
¿Cómo ha afectado ya la inteligencia artificial a la producción de noticias?
Depende muchísimo del contexto y de las empresas informativas. En el caso de los Países Bajos es cada vez más común que se integren los llamados Large Language Models (LLM) –un sistema de aprendizaje diseñado para comprender, procesar y generar lenguaje humano de manera natural y fluida–. En varios países está aumentando el número de medios que entrenan estos sistemas con sus propios contenidos y se anima a los propios periodistas a utilizar estas tecnologías. Es un ejemplo muy concreto de cómo ya está cambiando los procesos de escritura, porque hace sugerencias sobre cómo simplificar un texto específico o resumir cosas concretas para diferentes públicos demográficos.
En algunas redacciones se apuesta de lleno por la IA mientras otras se resisten de verdad
¿Y esto no genera ningún tipo de conflicto?
Pensando específicamente en el contexto holandés, muchos periodistas usan ya estas herramientas de forma bastante sistemática. Sin embargo, en otros contextos no cambia necesariamente la parte de producción porque hay mucha resistencia por parte de los redactores. Depende en gran medida de la cultura de cada organización particular: en algunas se apuesta de lleno por la IA y otras se resisten de verdad.
¿Cómo ha cambiado el consumo por parte de las audiencias?
Definitivamente ha tenido un impacto en los procesos periodísticos, pero también en los formatos. Ahora se empieza a escuchar hablar del "periodismo modular" o de formas fluidas de periodismo [este consiste en crear piezas fragmentadas que funcionan por separado, en lugar del clásico texto lineal].
Con la IA se busca mucho la eficiencia de los procesos existentes, pero no necesariamente reinventar o transformar el periodismo por completo
¿Conlleva este cambio algún peligro?
En realidad, esto se reduce simplemente a que habrá diferentes formatos para diferentes públicos. Por ejemplo, para una audiencia más joven quizás sean preferibles los contenidos más visuales, mientras que el público más mayor prefiere el texto. Creo que existe una multitud de opciones y a la larga van a llegar diferentes maneras de creación de contenidos. De todos modos, el avance tecnológico actual está muy centrado en los flujos de trabajo que ya existen, y no necesariamente en pensar de verdad en nuevas formas de consumir noticias. Se busca mucho la eficiencia de los procesos existentes, pero no necesariamente reinventar o transformar el periodismo por completo.
¿Cuál diría que es el principal riesgo de la IA en la propagación de desinformación?
Creo que desdibuja la línea entre lo que es falso y lo que es real, y la escala de este fenómeno también es diferente a lo que habíamos visto antes. Es un verdadero desafío porque las audiencias están en todas partes, en todas las plataformas y redes sociales, por lo que se convierten en una suerte de blanco móvil. Además, la desinformación se propaga más rápido gracias a la IA. Funciona como un incendio en ese sentido: puede ir a mayor velocidad y también recibe más oxígeno. La escala de las cosas es simplemente diferente, y también puede dirigir la opinión pública en una dirección específica.
¿Qué consecuencias puede tener esta desorientación sobre lo falso y lo real? Mucha gente piensa que las imágenes están creadas por inteligencia artificial, cuando en realidad muchas son reales.
Existe el riesgo de que la gente ya no se crea nada. Esto es una preocupación que se agudizará en el futuro, pero ya estamos viendo los efectos ahora. Cuando hablo con fact-checkers [verificadores de datos], por ejemplo, me cuentan que cuando hay un incendio forestal, mucha gente piensa que las imágenes están generadas por IA, cuando en realidad muchas de esas fotos son reales. La gente se cuestiona qué es real y viceversa, lo cual es un gran problema.
La inteligencia artificial no es una única herramienta. Ha mencionado el LLM, pero también existe el blockchain y otras llamadas "tecnologías disruptivas". ¿De qué otras formas están transformando estas herramientas nuestras sociedades?
Si tomas el blockchain como ejemplo, se puede decir que es un tipo de IA. Hay algoritmos de aprendizaje automático (machine learning) detrás de su funcionamiento, y en ese sentido la IA y ChatGPT no son necesariamente nuevos. Toda la tecnología ya estaba ahí antes, pero en 2022 hubo un momento vital cuando salió ChatGPT y se convirtió en la herramienta más descargada de la historia, por lo que la escala de uso ahora es diferente. Sin embargo, ya no se le presta mucha atención a las "tecnologías disruptivas", ahora todo se ha convertido en "IA". Ahora mismo, muchas empresas solo piensan en la eficiencia: en procesos de trabajo específicos y en intentar que esos procesos sean aún más eficientes.
La IA cambiará el periodismo como profesión, como institución y, de manera muy profunda, como un oficio
¿Cómo pueden transformar estas tecnologías el modo en el que creamos conocimiento?
La tecnología siempre ha moldeado el conocimiento y viceversa. Quizás nos podríamos preguntar qué diferencia el momento actual de los anteriores. En este sentido, la escala de la inteligencia artificial es diferente a la de otras tecnologías. Tal vez se pueda comparar con la llegada de internet, pero incluso ahí todavía teníamos el control en gran medida. Ahora tenemos estas herramientas de IA que están cambiando hacia dónde se mueve la información en el ecosistema mediático. Pero la cuestión de fondo es que la tecnología siempre ha moldeado al periodismo y lo seguirá haciendo. Lo cambiará como profesión, como institución y, de manera muy profunda, como un oficio.
Durante demasiado tiempo hemos estado dormidos y siendo dependientes de las grandes empresas tecnológicas estadounidenses
La conversación sobre la IA parece ir más allá de los medios de comunicación y su público, sino que también afecta de lleno a lo político. Por ejemplo, hemos visto las últimas restricciones de Donald Trump a Anthropic o su ofensiva contra TikTok. A la vista de ello, ¿qué papel juega Europa en el tablero? ¿Podemos decir que la UE cuenta con una soberanía digital?
No creo que Europa sea soberana en términos digitales, y por eso está tan arriba en la agenda política ahora mismo. Si tomas a los Países Bajos como ejemplo, el Gobierno tiene una aplicación de verificación que se utiliza para acudir de manera online a la oficina de impuestos. Esta herramienta estaba a punto de ser absorbida por una empresa estadounidense y se bloqueó en el Parlamento específicamente por esa razón, porque quieren tener esa autonomía digital. Durante demasiado tiempo hemos estado dormidos y siendo dependientes de las grandes empresas tecnológicas estadounidenses. Y ahora, con Trump en el Despacho Oval, empezamos a darnos cuenta de lo dependientes que somos en realidad.
Trump en concreto supone una amenaza para la soberanía digital europea. También debemos ser críticos con este discurso de la autonomía digital.
Por poner otro ejemplo, cuando la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió un veredicto con el que Estados Unidos no estaba de acuerdo, estos últimos apagaron los centros de datos y los servidores desde los que los jueces gestionaban sus correos y documentos. No pudieron acceder a su correo electrónico durante dos semanas. Es un ejemplo muy ilustrativo de lo que puede salir mal cuando somos superdependientes.
Aun así, también debemos ser críticos con este discurso de la autonomía digital, porque yo siempre sostengo que no todas las dependencias son malas. Podemos tener dependencias específicas, pero quizás algunas sean más vitales o críticas que otras.
¿Por ejemplo?
Tal vez para el periodismo, al ser una infraestructura crítica para la democracia, decidamos que es algo que realmente necesita ser digitalmente autónomo. Pero quizás otros sectores, como la verificación de imágenes en el campo médico, son ámbitos donde podemos permitirnos ser más dependientes. El debate actual es muy radical: o no tenemos soberanía digital o queremos una autonomía completa, lo cual tampoco es realista. Siempre seremos dependientes, al menos hasta cierto punto.
Teniendo en cuenta cómo se está desarrollando el mercado tecnológico, ¿estamos más cerca de una 'tecnoutopía' o de una 'tecnodistopía'?
He investigado mucho sobre los enfoques de los medios al respecto de la IA y la automatización desde los años cincuenta —porque el término "IA" es así de viejo, y la automatización lo es aún más, del siglo XIX—. Lo que se puede observar es que esos marcos, utópico y distópico, siempre han estado ahí. Pero la respuesta real siempre reside en un término medio. Muchas personas se preguntan con frecuencia si la inteligencia artificial les va a quitar el trabajo, y eso es algo que en cierto modo está sucediendo, pero no es tan binario.
La IA es una tecnología muy compleja, por lo que requiere un análisis muy exhaustivo sobre cuál es su impacto específico
¿En qué consistiría este término medio?
Lo más probable es que afecte a habilidades específicas, pero tampoco pasa de un día para otro. Va a ser una decisión humana, cuando algunas personas en los puestos más altos de una empresa tal vez se den cuenta de que ya no necesitan determinados puestos porque consideran que la IA es lo suficientemente buena. No es solo la tecnología la que se encuentra detrás, son muchos factores y personas los que están involucrados. Yo siempre digo que intento ser utópico, pero también soy distópico. Estar en algún punto intermedio te hace darte cuenta de que es una tecnología muy compleja, por lo que requiere un análisis muy exhaustivo sobre cuál es su impacto específico, su escala y su aceleración, porque estamos en medio de ella y la estamos viviendo.
En resumen, no es ni utópico ni distópico, pero estos enfoques son muy dominantes y dirigen mucho la forma en que hablamos de la IA: o bien viene a por nuestros trabajos o bien nos podremos jubilar a los 25 años y no tener que trabajar más. Ninguna de las dos cosas es realista. Ese debate que tenemos que mantener con la sociedad nos ayudará a calibrar dónde estamos exactamente en esa escala.
Parece algo cíclico. Pasaba lo mismo con los luditas en su día: las máquinas venían a por los empleos, cuando en realidad es un debate sobre cómo las nuevas tecnologías moldean la forma en que trabajamos y qué significa eso para nuestras condiciones laborales y sociales.
Acabo de terminar de escribir un libro y el primer capítulo trata sobre tecnología y periodismo. Básicamente vuelvo a la década de 1840, cuando se introdujo el telégrafo, y ves que la historia se repite una y otra vez. Todas estas tecnologías diferentes —la máquina de escribir, internet y otras tantas— han cambiado el periodismo y el trabajo de manera profunda. Aun así, ahora con la IA, no estoy seguro de cómo moldeará la sociedad dentro de cinco años. Quizás los procesos de comunicación y de trabajo hayan cambiado bastante, pero el producto final no necesariamente. Es una pregunta para la que no sé la respuesta. Lo veremos en cinco años.




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