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Alberto Manrique, desafiando la gravedad

Dácil Manrique de Lara, con la complicidad de su abuela, la violinista Yeya Millares, recupera la memoria íntima y familiar de su abuelo Alberto Manrique en 'El último arquero'

Alberto Manrique en su estudio.- SUPER 8 DISTRIBUCIÓN
Alberto Manrique en su estudio.- SUPER 8 DISTRIBUCIÓN

"Sin el arte, la crudeza de la realidad haría que el mundo fuese insoportable". Esta frase que escribió el irlandés George Bernard Shaw abre la puerta a un mundo bastante desconocido, parte del universo íntimo y familiar del artista canario Alberto Manrique, en la película El último arquero, un experimento cinematográfico, biográfico y regenerador de la directora Dácil Manrique de Lara, nieta del pintor.

De vuelta a las Palmas de Gran Canaria, la directora decidió rodar esta película para devolver a su abuelo, casado con la violinista Yeya Millares –voz de muchos de los recuerdos que se revelan en la película– la memoria que perdió después de sufrir un infarto cerebral en 1991. Manrique murió el 28 de marzo de 2018, no vio terminado el trabajo, pero, al menos, ahora su memoria queda grabada para el futuro.

"El arte puede curar"

El último arquero –Manrique era el último de los artistas fundadores del grupo L.A.D.A.C. (Los Arqueros del Arte Contemporáneo)– es también un regreso al hogar de la infancia de una niña que se crió con sus abuelos. Su padre no la reconoció hasta muchos años después y cuando lo hizo, a ella le dio la oportunidad de huir de un suceso que marcó su juventud y del que necesita sanar. Y ahí surge el eje esencial de la película, el poder sanador del arte.

"Descubrí que el arte también puede curar. A mí, me curó –dice la realizadora–. Me fui para olvidar lo que me ocurrió, vuelvo para recuperar tu memoria". Refugiada en el taller de su abuelo, la pequeña Dácil repasa momentos y conversaciones que ambos tuvieron, mientras que su abuela Yeya la ayuda a recomponer toda la historia, desde los días "difíciles de aquella España inquisitorial en la que vivíamos" cuando su hermano Manolo Millares contó a Martín Chirino que "aquel chico joven" era Alberto Manrique, el novio de su hermana.

La violinista Yeya Millares.- SUPER 8 DISTRIBUCIÓN

Todos los recuerdos

Fotografías y recortes de prensa antiguos, imágenes familiares rodadas en Super8, pinturas, momentos de Alberto Manrique trabajando en su taller, con su mujer, jugando al ajedrez, hablando con Dácil Manrique de arte... y las sustanciosas conversaciones de ésta con su abuela completan el dibujo de toda una vida.

Una existencia que vivió lo mejor en los decenios que el artista y la violinista compartieron. "Se me acercó Manolo (Millares) con un chico ¡más feo! con unos ojitos chiquititos detrás de unos cristales y luego encima con unos bigotes largos. ¡Qué hombre más feo!". Es el recuerdo de Yeya Millares del instante en que conoció a Manrique, que por su parte pensó casi justo lo contrario: "Yo cuando la conocí fue en un concierto. Se volvió la cara y yo pensé, me gusta la cara. No era una artista de cine, pero tenía una cara... a mí me entusiasmó".

A partir de ese día se buscaron y muy pronto se encontraron. Hasta su muerte hace dos años no se separaron y hoy Yeya Millares repasa con su nieta la vida y la trayectoria artística de Albero Manrique.

La última obra

El último arquero permite al espectador asistir a la creación del último cuadro que pintó Manrique, una obra sobre la que la directora le interroga. "La entrada donde uno solo guarda sus recuerdos. Otros recuerdos más oscuros están en un cuarto aparte..." ¿Y cuáles son esos otros más oscuros? Le pregunta su nieta. "¡He tenido una suerte! como me dio el ictus he olvidado la mitad de los recuerdos".

El sentido del humor, también la convicción poderosa en el arte y la honestidad de una pareja que permaneció unida, superando dificultades y tiempos difíciles en los que uno u otro tuvieron que silenciar su talento creativo para dedicarse a sus hijos quedan subrayados en esta película. Un filme que recorre también las épocas negras de España, con la policía política y sus torturas, algunas muertes, el hambre...

La directora Dácil Manrique de Lara.- SUPER 8 DISTRIBUCIÓN

"En la oscuridad también hay luz"

"Mi abuelo me enseñó que en la oscuridad también hay luz. Siento haber tardado tanto en entender que me regaló su silencio", confiesa Dácil Manrique de Lara, unas veces, la mayoría, una nieta que adora a sus abuelos, y otras, la directora de esta película. "El día que yo la palme alguna persona dirá: mira lo que hizo, estaba loco, estaba loco. Yo creo que no", dice a cámara el artista.

Y puntualiza su propia nieta: "Cuando amamos el arte, levemente volvemos a aletear sin tener conciencia de ello. Tal vez ese sea el poder del artista, ayudarnos a encontrar nuestras alas para volar". En el aire en el que flotan tantos objetos de los cuadros del artista, "objetos que tienen la valentía de desafiar la gravedad, igual que los cuadros de mi abuelo, donde nada tiene peso".