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Cassey Affleck filma su arrepentimiento como acosador sexual

El actor estrena como director y guionista ‘La luz de mi vida’, una historia apocalíptica en un mundo donde han desaparecido las mujeres. Un oscuro, pero muy hermoso, cuento de hadas con el que Affleck firma una declaración artística de arrepentimiento.

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Cassey Affleck y Anna Pniowsky, en una escena de la película.

Ha pedido perdón, ha confesado sentirse avergonzado, ha reconocido que ha aprendido mucho. Y ahora ha firmado una película como director, La luz de mi vida, que podría ser su declaración artística de arrepentimiento y dolor. Cassey Affleck, acusado hace nueve años de acoso sexual y abuso de poder por la productora Amanda White y la directora de fotografía Magdalena Gorka, reclama desde el cine respeto para las mujeres y un mundo en igualdad y sin violencia machista.

A la vista de la película, delicada, emocionante, íntima, es fácil creer que el sentimiento de Affleck es auténtico. De lo contrario, solo cabría pensar que el actor y director se ha tomado demasiado trabajo para reparar su imagen pública y que tiene un descomunal exceso de cinismo. La luz de mi vida entra en el territorio de las emociones y del aprendizaje desde el miedo y la responsabilidad de la paternidad, la del padre aterrorizado por el mundo que le espera a su hija y que él ha contribuido a crear o a mantener.

Una decisión de vida o muerte

Protagonizada por él mismo y por la joven actriz Anna Pniowsky, la película se estrenó en el Festival de Berlín y posteriormente se proyectó en la Sección Perlas del Festival de San Sebastián. En ambos certámenes ha cosechado críticas muy a favor, en las que se han destacado la sinceridad y honestidad de la historia y de la propuesta. Un trabajo ambientado en el futuro cercano, en un mundo en el que una pandemia ha estado a punto de terminar con toda la población femenina del planeta.

Un padre y su hija adolescente viven en el bosque, en constante movimiento, huyendo del contacto con otros seres humanos –parece que solo hay hombres a su alrededor–. Es tiempo en soledad que ese padre aprovecha para educar a su hija, prevenirla de los peligros que acechan, enseñarla a protegerse y a vivir por sus propios medios. “Un padre quiere proteger y enseñar a un niño, pero un niño quiere defenderse y aprender por él mismo –ha escrito Affleck en las notas de dirección– En el mundo que presenta la película, en donde la amenaza para el niño es tan grave, este drama es universal, se convierte en una decisión de vida o muerte”.

El espacio real de la mujer en el mundo

Una decisión, la de contar esta historia, que él no tomó como respuesta a las acusaciones de acoso sexual, tal y como declaró en febrero durante una rueda de prensa en el Festival de Berlín. “Escribí y rodé la película antes de que todo esto formara parte del debate público”. Lo que sí ha reconocido más tarde el actor, guionista y director es que la primera idea para el filme se fue transformando tras su divorcio y con el crecimiento de sus hijos.

Con un ritmo pausado y en medio de una naturaleza deslumbrante, este hombre agobia a su hija con sus advertencias de peligro, la entrena para que esté preparada, la vigila constantemente. La amenaza va creciendo a medida que el relato avanza, se acerca… pero Cassey Affleck, apartándose de la mirada protectora típica del buenismo de la sociedad patriarcal y machista, no se olvida del espacio real de la mujer en el mundo y revela su verdadera fuerza y su indudable capacidad de independencia.

Oscuro cuento de hadas

Y esta otra decisión, la del final de esta historia apocalíptica, remata con humanidad e inteligencia una hermosa fábula, un oscuro cuento de hadas, preciosa historia de amor de un padre y una hija, pequeña en su producción –es cine independiente que ha brotado fuera de los circuitos de Hollywood–, pero grande en ambición y profunda en su conquista. La luz de mi vida, segundo largometraje de Cassey Affleck tras el ‘maldito’ I’m Still Here, le reivindica como una voz a tener en cuenta en el nuevo cine americano.

“En este negocio, las mujeres han estado poco representadas y mal pagadas y cosificadas, disminuidas, humilladas y menospreciadas de una manera descomunal y nadie estaba haciendo nada al respecto, incluido yo mismo, hasta que algunas mujeres con coraje y sabiduría se pusieron de pie y dijeron que ya era suficiente”, dijo en una entrevista con AP el pasado año. La luz de mi vida, aunque, según él, no de una manera consciente, es una de esas formas de “hacer algo”. Cassey Affleck ha respondido desde el arte a la pandemia que asola el planeta en este siglo XXI, la violenta ola de violaciones y asesinatos a las mujeres que recorre el mundo.