'Cuatro paredes', radiografía de la entrada en la pobreza
Ibon Cormenzana dirige este drama social, historia de una familia monomarental que en un año pasa de ser clase media a vivir bajo el umbral de la pobreza. Se trata de una producción de apoyo al programa 'Impulsa' de Save the Children.

Madrid-
“Estamos más cerca de la pobreza de lo que pensamos”. En unos meses, en un año, se puede pasar de una vida de clase media a una situación de pobreza. Es una realidad que el cineasta Ibon Cormenzana ha constatado en sus investigaciones para su nueva película, Cuatro paredes, una historia que se centra en una familia monomarental que vive en la precariedad y que se ha rodado como apoyo al proyecto Impulsa de Save the Children.
Estrenada en el BCN Film Festival y protagonizada por Manuela Vallés y la niña Sofía Otero, la película revela la verdad de muchas personas en nuestro país. En España, el 81% de las familias monoparentales son mujeres y uno de cada dos niños de esas familias vive bajo el umbral de la pobreza. Una cifra alarmante que el cineasta quiere dar a conocer desde esta película, nuevo proyecto de su productora Mundo Cero, dedicada a proyectos de cine social.

La película nace del trabajo con Save the Children, ¿Cómo arrancó el proyecto?
La película nace del trabajo con Save the Children, ¿Cómo arrancó el proyecto?
Planteamos a Save the Children la opción de hacer algo sobre algún proyecto en el que ellos estuvieran trabajando y nos dijeron que en lo que más esfuerzo estaban poniendo era en apoyar a familias monomarentales y a los niños de familias desestructuradas. Si pudierais hacer una historia sobre una familia de clase media española que pase a la pobreza en un año, eso nos vendría increíble. Y ahí nació la idea.
¿A partir de ahí comenzó la investigación?
Sí, nos ofrecieron la posibilidad de conocer a madres con las que ellos están trabajando para que nos contaran sus historias. Hemos integrado en la película trozos de historias de muchas mujeres reales. Hemos incorporado cosas que en nuestra cabeza nunca nos hubiéramos imaginado, que son reales. Por ejemplo, lo más básico, si a mí me dicen que no tengo dinero y que me van a echar de mi casa, empiezo a vender cosas. Lo primero que hubiera hecho sería vender la tele, en cambio ellas nos cuentan que esto es lo último que sacan de casa, porque una tele sirve para tener a tu hijo, a tu hija, en casa viendo la tele mientras tú te tienes que ir a trabajar, a ganar dinero. Y como no tienes dinero para pagar una canguro, pues, aunque sea ilegal, porque no puedes tener a niños menores de 12 años en casa, los tienen allá. Eso es algo que en mi cabeza nunca me hubiera imaginado y que es lo más habitual en estas situaciones.
La televisión, como herramienta de entretenimiento. Su película, aunque nacida con claros fines sociales, ¿tiene que aspirar también al entretenimiento?
Sí, nuestra misión con Mundo Cero, la productora, es generar historias que conciencien y que inspiren a provocar un cambio en problemáticas sociales, pero también que intenten entretener. El entretenimiento es algo que tenemos que conseguir para que la gente vaya al cine a ver la película. Lo que nos interesa, sobre todo, es llegar a la gente para que se conciencie sobre ciertas problemáticas y empatice más con problemas que aparentemente pueden estar lejos, pero que están muy cerca. Esta película habla de la delgada línea que hay hoy entre la clase media y la pobreza, porque puede venir con cualquier pequeño cambio en tu vida, que pierdas el trabajo, se muera alguien, te separes… y todo se desmorona. Estamos mucho más cerca de la pobreza de lo que nos pensamos y Save The Children está trabajando mucho en eso porque están viendo que cada vez hay más familias en esta situación.
La cifra que se da al final de la película, la de que el 81% de las familias monoparentales son mujeres y que uno de cada dos niños de estas familias vive bajo el umbral de la pobreza, es terrorífica.
Es muy bestia, pero es real. Cada vez hay más número de familias en esta situación, que hay muchas que por vergüenza tampoco lo están diciendo y están como escondidas, sin que la gente sepa de verdad el problema que hay. Lo que se sabe puede ser la mitad o el 60%, pero hay muchas familias que todavía no han dicho yo soy pobre o yo estoy en esta situación, entonces el problema aún es más grande de lo que aparenta.
En la película hay varias denuncias, una de ellas es cómo desde pequeños se inculca a los niños la vergüenza de ser pobre.
Eso es algo que nos trasladaron todas las madres, reconocer que eres pobre en tu círculo de personas con las que has tratado normalmente, gente de la clase media, cuesta mucho, y hasta que realmente son capaces de hacerlo, pasan muchos meses o años sufriendo las consecuencias. Y en el caso de los niños, pues tienen que lidiar con eso como niños, no como adultos. También está en la película el bullying, que también nos contaron muchas madres. Cuando en un colegio los demás niños o niñas saben que hay un compañero más pobre, porque ya no puede ir de colonias o no puede ir al McDonald's en un cumpleaños, en vez de empatizar se tiende a separar o a hacer bullying a esa persona.
En el caso de la película, parte de lo que ocurre tiene que ver con ella que no está casada y no puede acceder a una pensión de viudedad. ¿El sistema te expulsa si no cumples todas sus reglas, por muy fuera de su tiempo que estén?
Sí, en esos casos tienes muchas más dificultades para conseguir unas ayudas que te pueden salvar. También habla la película de una situación que hereda, porque su pareja que muere tiene un pequeño negocio y ha pedido un préstamo al banco intentando gestionarlo. La madre se ve involucrada en una situación que no le toca.
La historia se cuenta en un espacio único y con una serie de planos secuencia, ¿por qué tomó esta decisión?
La decisión de hacerlo todo en un interior, en el piso, es porque el piso es casi como un tercer protagonista de la película. El piso es como el último refugio que nos queda, si te sacan de tu casa y ya estás en la calle, es como que ahí se acaba todo. Quería también transmitir esa decadencia que tienen tanto el personaje de la madre como el de la hija a través del piso. Y luego el hecho de hacerlo en 12 planos secuencia es por intentar ser lo más realista posible. Pensaba que haciendo instantes de vida que no estuvieran trucados conseguiría llegar más al público.
En la película se reivindica el arte, en este caso el teatro, como una herramienta de sanación. ¿Es algo que le contaron las personas con las que habló o es una convicción personal que quería incluir?
Es una convicción propia y, de hecho, creo que está demostrada, con el COVID, si no hubiera habido cultura en los encierros, si la gente no hubiera podido leer libros, escuchar música, ver películas… lo hubiera pasado mucho peor. La cultura sirve para sanar y también para educar, que creo que es la base para mejorar la sociedad. En este caso para el personaje de la niña, de Sofía, obviamente el teatro es su válvula de escape y de controlar la situación dentro del desastre que están sufriendo.
La persona que ayuda a esta madre y su hija es la que tenían contratadas antes de la crisis, ¿la solidaridad también es una cuestión de clase?
Sí, sí, y eso también queríamos enfatizarlo. Parece que cuando perteneces a ciertas clases, no quieres ver los problemas. Es como cuando te ponen en las noticias la pobreza y la gente no lo quiere ver. No lo quieres ver hasta que te pasa a ti, que entonces lo que quieres es que te ayuden. En cambio, yo creo que si te vas a otros países donde hay mucha más dificultad o en España con gente que lo está pasando peor, hay mucha más solidaridad y empatía con los demás.
Ya ha hecho películas anteriormente con su productora Mundo Cero con un objetivo social, ¿Cómo es la reacción de la gente ante la película? ¿Hay una respuesta real positiva? ¿Se materializa el valor social del cine?
Pues sí. Con esta película, por ejemplo, estuvimos en el BCN Film Festival hace unas semanas e hicimos un coloquio que fue bastante impresionante. No se movió nadie de la sala, estuvo todo el mundo atento, preguntando. Entonces, creo que sí, que genera mucha conciencia. Pero por eso es tan importante conseguir el entretenimiento, porque cuando hablas de películas un poco difíciles, la gente dice que no quiere ir al cine a sufrir. Nosotros vemos que la película remueve a la gente que la ve, incluso nos preguntan cómo pueden ayudar.
Esta es también una historia de cuidados, un papel que recae siempre en las mujeres. ¿Qué hay que hacer en esta sociedad para que los hombres empiecen a ser también cuidadores?
Yo creo que hacer pelis así y educar, si es que todo pasa por la educación, la cultura y conseguir que la gente vea estas pelis. Esta película me ha sorprendido porque, aunque yo considero que es mucho más para que la vean mujeres, está llegando mucho a los hombres. Si un hombre ve este tipo de película, se dará por enterado y entenderá que los hombres nos tenemos que ocupar también de algo que parece que no nos estamos ocupando.
¿Cómo es la colaboración con el proyecto 'Impulsa' de Save the Children?
Cada proyecto, cada película que hacemos, nos asociamos a una ONG, que en este caso ha sido Save the Children. Con ingresos, financiación de la película o eventos marcamos un objetivo de dinero a conseguir para el proyecto en concreto que tenga que ver con la historia, que en este caso es el proyecto Impulsa y entonces los ingresos que vamos consiguiendo van destinados al proyecto.


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