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Demange: "Hubiera sido de muy mal gusto hacer solo entretenimiento del conflicto irlandés"

El director británico convierte, en ’71', el conflicto de Irlanda del Norte a principios de los 70 en un thriller trepidante, donde prima el aspecto humano, no se distingue a buenos y malos, y desde el que denuncia cualquier uso de la violencia.

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Fotograma de la película '71'.

MADRID.- "Hubiera sido de muy mal gusto hacer una película solo de entretenimiento del conflicto irlandés y explotar el dolor de esa época", asegura el director británico Yann Demange, que ha dado el campanazo con su ópera prima, '71. Un soldado británico se encuentra atrapado en un barrio de Belfast, a principio de los setenta, en plena noche y en medio de “una guerra sucia en la que era imposible distinguir a los buenos de los malos”.

Estrenada en el Festival de Berlín, la película ha hecho a Demange merecedor del Premio al Mejor Director en los British Independent Film Awards y al de Mejor Director Novel en los London Critics Film Circle Awards. Además, '71 ha arrasado en la taquilla de Reino Unido y está teniendo mucho éxito en todos los países en que se ha estrenado. El secreto, en este mundo de las ambigüedades, tal vez sea justamente el de no ponerse de parte de ningún bando rival, pero, eso sí, denunciar el sinsentido de la violencia y las consecuencias de ésta.

El director justifica esa no toma de partido por la especial situación de aquel año. La película, protagonizada por Jack O’Connell, retrata el paisaje inmediatamente posterior a 1970, en que se dictó el toque de queda en Falls Road. Aquello provocó la absoluta oposición popular al ejército británico, institución que trabajaba en secreto con protestantes unionistas armados. Mientras tanto, el IRA se dividía en dos facciones enfrentadas en su propia guerra. “Era una guerra sucia”, insiste Demange, que explica que él no decidió “hacer una película sobre los problemas políticos en Irlanda del Norte. Me enviaron el guion, lo leí y me gustó mucho. Estaba lleno de energía y era muy visceral”.

¿Ha pasado el tiempo suficiente para hacer un retrato del conflicto irlandés sin detenerse en las cuestiones políticas y denunciar solo la violencia de los distintos bandos?

Ha pasado el tiempo suficiente para poder hablar del conflicto en Irlanda de esta manera, sí. Sobre los problemas políticos en Irlanda del Norte ya hay muchas películas y algunas son muy grandes, como Hunger, En el nombre del padre, Bloody Sunday… El hecho de que ya existieran estas películas nos daba mucha libertad, porque ya no teníamos que perder tiempo explicando la situación y podíamos dedicarlo a lo que quisiéramos.

¿Y usted que quería?

Yo quería aportar una mirada diferente, acercarme desde un punto de vista nuevo. Quería hablar de los grises. En un conflicto así nada es blanco y negro. No quería tener que explicar políticamente la cuestión, sino centrarme en las historias humanas.

No explicar el conflicto político no significa huir de él, ¿qué planteamiento hizo sobre ello?

Lo que yo quería era que uno de mis primos que ha crecido en los suburbios de París y tiene 22 años y, claro, no sabe nada de este conflicto, pudiera entender la historia, que fuera accesible para él y para gente como él. Para mí era importante dar un punto de vista diferente, pero no trivializar el tema en absoluto y priorizar el lado humano.

Belfast es zona de guerra en su película, igual que hoy lo es Gaza y otras ciudades del mundo…

Sí. El patrón humano se repite en todas partes y esto es igual en Belfast entonces, y hoy en Gaza, Afganistán, Ucrania… Es el mismo paisaje. Viendo imágenes de archivo de Belfast de aquellos años y hablando con mucha gente me di cuenta de que aquello es algo que hoy seguimos viendo repetido, como en un ciclo. Lo que se ve en la película, lo vemos hoy en los informativos, en Irán, Ucrania…

¿Cómo es ese paisaje que se repite?

Viendo unas imágenes de Beirut hace tiempo fue cuando caí en la cuenta de que en todos estos sitios hay siempre niños al fondo, niños que intentan ir a la escuela, familias que intentan ir a comprar comida… y hay coches incendiados… hay un intento de seguir con la vida en medio del conflicto. En las zonas de guerra siempre hay niños al fondo.

¿Por qué eligió el thriller para hablar de esta historia?

Como dije antes, gracias a que existen grandes películas sobre el conflicto irlandés, nosotros podíamos hacer ésta de género. Pero había que ir más allá porque hubiera sido de muy mal gusto explotar la época dolorosa en que ocurrió todo aquello. No podíamos dedicarnos a hacer una película solo de entretenimiento.

Mantener la tensión era imprescindible en esta apuesta, ¿qué herramientas ha tenido para ello?

Una de ellas es el thriller, porque con él se consigue mantener más fácilmente la atención del público y ello contribuye a concentrar la tensión. Además, todo sucede en un periodo de tiempo de 24 horas y ese límite de tiempo es fundamental en este aspecto.

Los ojos del protagonista son los del espectador, van descubriendo todo al mismo tiempo. Ese aspecto acerca su película a las técnicas de los videojuegos, hay más…

Sí. Yo no soy jugador, pero me fascinan los videojuegos y su mundo. Alguna vez me gustaría inventar alguno. Aunque como jugador no tienes por qué identificarte con un punto de vista, yo sí quiero que el espectador se identifique con el personaje. El cine y los videojuegos cada vez están más cerca, fundidos.

Ha dicho en alguna entrevista que Walter Hill y John Carpenter han sido referencias para esta película, ¿es así?

Sí. A principio, nada más leer el guion, pensé en películas como La batalla de Argel y otras así, pero cuando empecé a pensar en las secuencias nocturnas aparecieron Walter Hill y John Carpenter. Son grandes influencias para mí y sus películas me vienen a la cabeza cuando trabajo. Ellos tienen otras miradas, The Warriors, 1997: Rescate en Nueva York, Asalto a la comisaría del distrito 13… Ellos creaban espacios nuevos, personajes nuevos… Cuando ves estos títulos no estás viendo una película, estás viendo cine. Estos cineastas tienen su propia mirada, igual que Goddard. Son tan importantes como Goddard, tienen un lenguaje nuevo.