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Entrevista con Erik Poppe "Los políticos usan el discurso del odio, el mismo que usan los terroristas"

El cineasta dedica ‘Utoya, 22 de julio’ a las víctimas del atentado ocurrido en la isla noruega en 2011, sin dejar que se vea nunca el rostro del asesino. Con la película, rodada en el tiempo en que ocurrieron los hemos, advierte del peligro del rebrote de los fascismos

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Un instante en 'Utoya, 22 de julio'.

“Siempre es la misma receta, da igual cuál sea el país, España, Francia, Noruega… los medios de comunicación se centran en el asesino”. El cineasta Erik Poppe se refiere al hombre, un ultraderechista, que mató a 77 personas el 22 de julio de 2011 en la isla noruega de Utoya. Eran jóvenes del partido socialdemócrata que estaban de campamento de verano, fue disparando uno a uno con un rifle. Ahora el director estrena Utoya, 22 de julio, una película con la que advierte del enorme peligro del rebrote de los fascismos en el mundo.

Rodada en el tiempo real en que ocurrieron los atentados, la cámara sigue a las víctimas, asombradas primero y después completamente aterrorizadas. “¿De verdad puede pasar esto?, nos preguntamos”, dice Poppe, que acusa a los políticos europeos de negligencia. “Nos damos cuenta de nuestra vulnerabilidad pero no hacemos nada más”. Hablamos con el director:

Usted ha elegido contar la historia desde el punto de vista de las víctimas y silenciar al asesino. ¿Cree que en Europa se está dando demasiada voz a los partidos de ultra derecha?

Sí, así es. Hay que impedir que una cosa como lo que ocurrió en la isla de Utoya vuelva a ocurrir y hay que aprender quiénes son estas personas y por qué hacen lo que hacen. Pero la historia de este hombre que mató a 77 personas, como la de otros terroristas, se resume en un narcisismo total. Quiere que todo se centre en él. Por eso es importante, sobre todo para los medios de comunicación, preguntarnos qué podemos hacer para impedir que estos individuos reciban esta atención.

¿Por eso en su película está, pero no aparece en la pantalla?

Claro. Él quería ser famoso. Mi dilema era volver a contar la historia, pero de otra forma, y ¿cómo? Decidí hacerlo sin centrar la atención en él y por eso me olvidé de él. En la película no está en nombre ni en forma.

La reacción de los jóvenes, además del terror, es la sorpresa. ¿Se puede leer ahí la sorpresa del mundo civilizado del siglo XXI ante ataques violentos políticos, ideológicos?

Los jóvenes hoy en día ven la realidad más deprisa que nosotros, ven el mundo y los retos más rápido que nosotros, pero una cosa como ésta les sorprende, nos sorprende a todos, nadie se lo espera. ¿De verdad puede pasar esto?, nos preguntamos. Al principio creían que estaban atacando la isla varias personas, no una sola. Esta película es importante para los jóvenes y para nosotros. Y nosotros podemos aprender mucho de los jóvenes.

¿Cómo es la situación política en Noruega después del atentado de Utoya?

Toda la sociedad sigue consciente de que tuvimos un atentado político, pero no hemos podido concluir el proceso de curación, porque no ha habido debate sobre qué hacer para impedir que vuelva a ocurrir. Siempre es la misma receta, da igual cuál sea el país, España, Francia, Noruega… los medios de comunicación se centran en el asesino. Ahora, en Noruega seguimos luchando para entender la envergadura de esos atentados. Nos damos cuenta de nuestra vulnerabilidad pero no hacemos nada más.

Entonces, ¿cuál diría que es la situación?

Diría que en Occidente estamos en estado de emergencia con el rebrote de los fascismos. El mundo está tan polarizado entre grupos, opiniones… y ese discurso del odio es tan nefasto y peligroso para nosotros. Es el discurso que los terroristas usan para justificar sus acciones. Y solo necesitan a una persona para que lo lleve a la práctica. Lo peor es que en Europa los políticos usan este discurso del odio, el mismo que usan los terroristas. Tenemos que darnos cuenta del peligro que conlleva eso y encontrar soluciones, comunicarnos con ellos, contrarrestarles con la palabra.

Si no hacemos nada, ¿cómo cree que derivará todo?

Creo que si siguen así solo se creará más violencia. Por mi parte, si mi película pueda dar alguna respuesta, aumentar la conciencia sobre lo que ocurre, sería estupendo y es lo que espero. Las respuestas han sido muy buenas en todas partes, incluso en Japón, donde se ha abierto tras el estreno de Utoya un debate sobre lo que se puede hacer para impedir esto. Las películas que se centran en los asesinos no consiguen nada de esto.

En su opinión, ¿Europa está siendo negligente al dar la espalda al pasado y no atender a lo que ocurrió con los fascismos el siglo pasado?

Completamente. Europa está siendo muy negligente. Creo mucho en el arte y en lo importante que es que el arte se enfrente a esto. ¿Para qué tener arte si no podemos enfrentar estos retos?

Pues en Noruega no están muy dispuestos algunos a revisar nada, incluso le han criticado por contar esta historia “tan pronto”.

Respecto a Utoya, quien debe decidir son las víctimas. Ellas expresaron su apoyo a la película y querían estrenarla lo antes posible, porque esto es lo que está ocurriendo ahora. No acepto que desde el arte evitemos contar y mostrar esta historia. La pregunta es ¿quién debe decidir cómo luchamos contra esto? Siempre esperamos a que nadie se acuerde para contar una historia y entonces ya es demasiado tarde. Así es difícil aprender. Si no duele ver lo que pasó, es que entonces es demasiado tarde.

¿Estaban preparados los jóvenes con los que ha trabajó para una historia como ésta?

Para trabajar con ellos tuvimos que prepararlos. Hubo que enseñarles y, por supuesto, no traumatizar a los actores no profesionales. Hicimos grupos con psicólogos y psiquiatras para apoyar a todo el equipo. Hay que tener en cuenta que los jóvenes que aparecen en la película tienen entre catorce y diecinueve años.