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Cómo fabricar un nazi

'La Ola', basada en los experimentos reales de un profesor de instituto con sus alumnos en los años 60, llega al teatro Valle-Inclán de Madrid.

Una escena de la obra 'La ola'.

ALFONSO ÁLVAREZ- DARDET

MADRID.- En 1967 Ron Jones, profesor de historia contemporánea del instituto Cubberley de Palo Alto (California), quiso hacer un experimento con sus alumnos. Por aquel entonces estaba de moda la educación experiencial, que consistía en que para comprender un hecho el estudiante tiene que vivirlo en primera persona. Su propósito era hacer entender a sus pupilos el por qué los jóvenes de la Alemania nazi sucumbieron a los ideales patrios alistándose en masa en las juventudes hitlerianas. Más allá, por qué toda una nación fue capaz de anular su capacidad autocrítica y abrazar los preceptos nazis para al día siguiente del fin de la guerra dejarlos de lado, como el que se aleja de un mal sueño.

Hace dos años, el director de escena Marc Montserrat y el dramaturgo Ignacio García May decidieron trasladar este experimento a los escenarios catalanes. No fueron los únicos, durante este tiempo se ha representado en otros teatros de muchos países, aunque nunca por compañías profesionales. Además, en 2008 se hizo la adaptación cinematográfica de la novela La Ola de Morton Rhue (1981), una versión cuyo desenlace final se aleja de la realidad. Ahora, con nuevo elenco, llegan a Madrid de la mano del Centro Dramático Nacional en su versión en castellano. La obra se podrá ver desde hoy hasta el 22 de marzo en el Valle-Inclán.

El experimento duró cinco días. Cada uno de ellos el profesor escribía en la pizarra un mantra por el que tendrían que guiarse. El primero, Fuerza a través de la disciplina. Jones explicó a sus alumnos que solo a través del esfuerzo el individuo obtiene sus mayores recompensas, como ocurre en el deporte. Les obligó a corregir su postura, forzándolos a sentarse de forma correcta, con la espalda completamente recta. Pasado un tiempo del ejercicio les dejaba levantarse para luego volver a repetir. El objetivo era aumentar su capacidad de concentración.

Al día siguiente volvió a escribir en la pizarra un nuevo mantra: Fuerza a través de la comunidad. En una entrevista Jones reconoció que no tenía un guión previo, improvisaba cada día. Por eso cuando le tocó hablar sobre esta frase comenzó a relatar su propia historia personal como atleta, entrenador e historiador. La idea era potenciar en sus pupilos el sentimiento de pertenencia al grupo, la aceptación. Pero también excluía a aquellos que no estuvieran de acuerdo con sus ideales, siendo las críticas no toleradas por su líder. Los que se atrevían a poner en duda el ejercicio eran castigados a la biblioteca y expulsados del experimento. Al terminar la clase Jones decidió ponerle un nombre al movimiento: La tercera ola. En jerga playera la tercera ola es la más fuerte.

Al día siguiente, con la mayoría de los alumnos implicados en el proyecto, escribió su tercer mantra: Fuerza a través de la acción. Ese día, cuenta el propio Jones, le dio a sus pupilos unos carnets para acreditar que formaban parte del experimento. Tal fue el éxito que algunos alumnos de otros cursos acudieron al profesor para que les permitiera formar parte. Improvisando, les habló de lo hermoso que era sentirse responsable de sus actos y que sin esta fuerza la comunidad y la disciplina no servían de nada. Cada vez más el maestro percibía la radicalización de sus alumnos.

Fuerza a través del orgullo


El cuarto día Jones tomó conciencia de la gravedad del experimento y del grado de implicación de sus alumnos. Hasta su propia esposa, reconoce, tuvo que apelar para que terminase la investigación. Algunos chicos habían tenido peleas por defender al movimiento y otros, los contrarios, preparaban todo tipo de protestas para concienciar contra el. Ese día escribió un nuevo mantra: Fuerza a través del orgullo. Por encima de las pancartas o los saludos, saber que eres el mejor, explicaba a sus alumnos. Por otra parte ideó un plan para terminar con el ensayo. Les dijo que la tercera ola iba a ser un partido político nacional y que ellos formaban parte de algo más grande. Los convocó al día siguiente en un aula más grande con la promesa de que iban a conocer al que sería su presidente y todos los estadounidenses sabrían de la tercera ola.

El quinto día fue el último. Cerca de 200 alumnos se congregaron en el aula. El profesor, acompañado de alumnos que hacían de guardaespaldas, apareció en el auditorio a las 12.00 de la mañana. Junto a él una televisión. El grupo estaba expectante, susurraban los mantras para demostrar su compromiso con el movimiento. Y aunque la historia es archiconocida, lo que ocurrió después no vamos a desvelarlo por respeto a los pocos que todavía no han tenido contacto con la crónica.

Este experimento, explicaba el miércoles el dramaturgo Ignacio García May en un desayuno con periodistas, sería imposible hoy, ya que los jóvenes tiene mucha información en Internet y la televisión. “Lo interesante es comprender los mecanismos de poder y su abuso, el uso del lenguaje… La historia tiene dos niveles, lo que pasó y el espectador de hoy”. El primero sirve para justificar lo que ocurrió debido al contexto social de la época: la guerra de Vietnam, la falta de acceso a la información, el auge de los grupos sociales… Y en el segundo caso, si bien esta experiencia no sirve para explicar fenómenos actuales, como el auge en Grecia de los nazis Amanecer Dorado, ya que habría que aplicar más variables como la económica, el descontento social por la falta de trabajo, la pobreza… puede servir para comprender el comportamiento en según qué condiciones como en el instituto con el acoso escolar.