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La familia Samuni. Víctimas de una inconcebible maldad

Stefano Savoni relata la experiencia de los supervivientes de la 'Masacre de Gaza' en 'La familia Samuni', una película de la atrocidad israelí y del sufrimiento del pueblo palestino. Mejor Película Documental en el Festival de Cannes.

'La familia Samuni'
Una de las animaciones de Simone Massi para la película 'La familia Samuni'.- NUMAX

4 y 5 de enero de 2009. Eran el noveno y décimo día de la operación 'Plomo Fundido' –en Palestina y los medios de Oriente Medio se conoce como 'la Masacre de Gaza'–. Un día antes, el ejército israelí ordenó a los habitantes del distrito de Zeitún, al este de la ciudad, que se refugiaran en un edificio. Horas después abrieron fuego con fusiles y lanzaron misiles contra ellos. Había 110 palestinos reunidos, asesinaron a entre 29 y 50 (no existe el dato definitivo), muchos de ellos de la misma familia, la mayoría ancianos, mujeres y niños. Eran campesinos. No tenían vínculo con Hamás. No habían conocido de cerca el conflicto en sesenta años. La barbarie de Israel les destrozó en unos minutos.

Diez días después Stefano Savona conoció a la familia Samuni, víctima de la tragedia. El documentalista italiano, que había cruzado la frontera desde Egipto y había estado rodando imágenes para su película Cast Lead (Plomo fundido), se preparaba para la vuelta a casa, pero el impacto que supuso conocer esta historia le empujó a quedarse. Ahí nació La familia Samuni, una película del dolor, de la pérdida, de la sinrazón de la violencia, de la atrocidad israelí, del sufrimiento del pueblo palestino.

Incredulidad y recelo

Premio a la Mejor Película Documental en el Festival de Cannes, la historia se cuenta desde los supervivientes de esta familia, combinando imágenes reales con animaciones en blanco y negro creadas por Simone Massi. Por supuesto, Savona investigó meticulosamente lo ocurrido allí para poder reconstruir los hechos. Al fin y al cabo, la incredulidad primera, el recelo a estar siendo manipulado, cuando conoció el desastre fue uno de las razones que le empujaron a quedarse en Gaza.

El día anterior al ataque desde el aire, en el edificio de enfrente se habían refugiado otros 18 miembros de la familia. Los israelíes les dispararon deliberadamente. Asesinaron, entre otros a un niño de cuatro años. En otro punto del distrito, el ejército forzó a 45 personas más, todas de la familia Samuni, esposaron e interrogaron a los hombres, y luego mataron a algunos de ellos. No permitieron que llegaran paramédicos y algunos murieron desangrados, como el pequeño Ishaq Samouni, de doce años.

Crímenes de guerra

"Es que apenas podía creerme lo que me contaban", ha dicho repetidas veces desde la presentación de la película en Cannes. La barbarie y la premeditación de este ataque a personas indefensas superaba su capacidad de comprensión, al menos, así fue hasta que certificó la verdad de lo ocurrido y decidió que, o bien había sido un error, como el ejército e Israel defendía, o bien era una muestra brutal de la maldad que, definitivamente, acompañaba políticamente al conflicto.

De hecho, Stefano Savoni no fue el primero que sintió esa desconfianza. La Oficina de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas publicó un informe declarando que el ataque contra la familia Samuni, que se encontraba entre las víctimas de Zeitún, fue uno de los "incidentes más graves" en el conflicto. Navanethem Pillay, alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, acompañada por funcionarios de ayuda internacional exigieron una investigación por crímenes de guerra.

Una de las niñas supervivientes del ataque.- NUMAX

Antes de la guerra

La familia Samuni relata el sufrimiento de los supervivientes y su esfuerzo para reconstruir su hogar, recuperar sus árboles y sus cultivos, lidiar con el dolor y el luto, y poder enfrentarse al futuro. La crueldad y el horror surgen del interior, de la memoria de estas personas que ahora lo cuentan ante la cámara de Savona, que consigue, a pesar del espanto, una hermosa y muy respetuosa película.

"Aquí había un sicomoro, los niños se subían a las ramas para jugar", explica una niña de la familia al comienzo de la película. Aquel árbol tenía más de 150 años y su desaparición sirve de metáfora terrible de la maldad. "Antes de la guerra yo estaba aquí con mi padre y mi hermano Ahmed, que en paz descansen. Le traía el café a mi padre aquí, le traía la regadera, le ayudaba a regar. Antes de la guerra esto era un huerto de verdad".

En la película se ve a los niños y los jóvenes cuidando las plantaciones y los árboles. Sus lechugas, almendros, limoneros... después de que los soldados israelíes terminaran con su trigo, la mayoría de los olivos y el viejo sicomoro. Reconstruyen sus casas con sus propias manos y escasísimo dinero... Mientras un niño de la familia vivirá para siempre con fragmentos de metralla en su cabeza y su madre no podrá superar jamás la visión de ese dolor.

"Por desgracia, en estos últimos años en Gaza no ha cambiado prácticamente nada; ha habido otros ataques de Israel desde entonces y todos los problemas siguen presentes. Por eso la película tiene lugar 'en Gaza, hoy'. Las fechas de los acontecimientos se muestran solo en los créditos finales", dice Stefano Savona, que huyó premeditadamente de hacer "otra película más de denuncia" para intentar devolver "a los Samuni la existencia, dejar de enterrarlos, tanto a los muertos como a los supervivientes, bajo el insoportable peso de un suceso fatal".

Miembros de la familia Samuni tras el ataque.- NUMAX