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Las fotos que denuncian las condiciones de los niños más pobres de Londres

Sólo en Londres 700.000 niños viven por debajo del umbral de la pobreza. La mayoría en alojamientos temporales donde comparten habitación con sus padres y hermanos. Una exposición muestra cómo son esos espacios para poder entender cómo afecta a los pequeños.

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Una exposición denuncia las condiciones de vida de los niños más pobres de Londres

En Londres, una de la ciudades más ricas del mundo, la distancia que separa las casas más lujosas de las más desfavorecidas puede ser de apenas unos metros. Las primeras estamos acostumbrados a verlas en las revistas pero las cámaras no suelen tener interés por enseñar las segundas. Hasta ahora. Porque eso es lo se ha propuesto la exposición Bedrooms of London.

Como cuenta a Público Laurence Guinness, Director Ejecutivo de la asociación benéfica The Childhood Trust, que ha puesto en marcha el proyecto: “Mucha gente no entiende lo que supone vivir en la pobreza para los niños. He hablado de ello con políticos y gente de la calle pero nadie se hace una idea de la situación de pobreza infantil en la que estamos. Hace 20 ó 30 años esto no era así. Por eso, estas fotografías sirven también para mostrar cómo ha cambiado el panorama social en la última década".

Lograrlo no fue fácil, han tardado dos años en realizar las fotografías: “En la mentalidad británica hay mucho sentido de la vergüenza y el ridículo y nos ha costado encontrar familias que quisieran colaborar. Pero tenemos que hacerles ver que están equivocados, que no es su problema estar así. Que ser pobre es algo habitual. Simplemente son las consecuencias de algo que alguien ha hecho antes o que ha sufrido. Pero las cosas pasan en la vida y no siempre puedes evitarlas”, explica Guinness.

Finalmente, la fotógrafa Katie Wilson pudo entrar en 30 de esas viviendas y documentar cómo son los dormitorios infantiles en los que crecen algunos de los 700.000 niños que viven por debajo del umbral de la pobreza en la capital británica.

Su trabajo se muestra en el Foundling Museum, construido a raíz de la primera organización benéfica para niños del Reino Unido. Su director, Caro Howell, cuenta a este diario que el valor de estas imágenes es innegable: “Las habitaciones de los niños deben ser lugares de seguridad, comodidad y alegría pero aquí vemos que en realidad no son lo que se entiende por habitaciones desde un punto de vista emocional y psicológico, sino que simplemente son espacios en los que hay camas”.

Y Howell destaca las consecuencias que ello puede tener: “Si un niño está creciendo en un cuarto donde no hay espacio para moverse, no tiene dónde aprender a caminar ni a jugar. Eso tendrá un profundo impacto en su desarrollo físico, educativo y emocional, lo que acabará aumentando aún más su desventaja frente a otros niños”.

La segunda parte del proyecto es editar un libro con las fotografías y los testimonios de las familias y enviárselo a una lista de 63 políticos, entre los que se encuentran algunos miembros del parlamento británico donde, con el tiempo, esperan también poder exponer las imágenes; Para que nadie con el suficiente poder para cambiarla, pueda decir que no es consciente de la situación.

La habitación de Jane

La habitación de la pequeña Jane es también la de su madre. Y la cocina. Y el vestidor. Y la despensa donde almacenar las latas de cerveza y el bidón de aceite junto a la cuna. Pero eso sí, no hay juguetes. Sólo un par de globos pegados con celo en la puerta de entrada, a menos de un metro de la cuna de la recién nacida. Junto a su madre, que duerme en un sofá cama, Jane tiene que soportar cada noche las fiestas de sus vecinos de albergue; muchos de ellos, consumidores de drogas.

Habitación de Jane./Katie Wilson

La habitación de Adam

Adam sí tiene juguetes. De hecho, su cuarto deja ver que en algún momento se decoró con ilusión pensado en el pequeño. Pero ahora hay tantos trastos por la habitación que resulta imposible dar un solo paso y hay que sortearlos para llegar a la mesa donde come toda la familia. En esta sala de estar duermen Adam (9 años), su madre Emily y su padre Martin. Junto a ellos, en la habitación de al lado, los hermanos de Adam: Patricia (10), Bradley (6) y Harry (3).

Habitación de Adam./ Katie Wilson

La habitación de Edward

Dos colchones, una cajonera con un televisor, una mesa con dos sillas y un carrito de paseo es lo único que hay en la habitación que Edward (4) comparte con su madre Genevieve. Aquí sí hay sitio para poner más cosas; el problema es que no hay nada más que poder poner. En esta pequeña habitación de un albergue llevan más de un año haciéndolo todo: comen, duermen, juegan y ven la televisión.

Habitación de Edward./ Katie Wilson

La habitación de Christopher y Simon

Para austera, la habitación de Christopher y Simon. Dos camas juntas pegadas a una nevera familiar con unos cartones y una bolsa de basura a los pies. Christopher (4) y su hermano Simon (2) pasan la mayor parte del tiempo entre estas cuatro paredes junto a su madre, Sainey, víctima del tráfico de personas. Llegó a Londres como esclava doméstica. Logró comprar su libertad pero no tiene ingresos.

Habitación de Christopher y Simon./Katie Wilson

La habitación de Antousha, Gabriela y Moses

El cuarto de Antousha (5), Gabriela (4) y Moses (1) parece un almacén abandonado. Sin un solo armario, a los pies de la cama de los hermanos mayores hay una montaña de trastos. Las cortinas están descolgadas, el papel pintado se levanta y hay sillas por todas partes. Viven con sus padres en un apartamento de dos habitaciones y toda la familia depende de la caridad.

Habitación de Antousha, Gabriela y Moses./ Katie wilson

La habitación de Nadine, Crystal, Peter y Simone

En estas dos literas duermen Nadine (17), Crystal (16), Peter (15) y Simone (9). En el cuarto que comparten los cuatro hermanos apenas hay sitio para algún otro bulto pero nada de espacio para la privacidad. Viven con sus padres en un pequeño apartamento.

Habitación de Nadine, Crystal, Peter y Simone./ Katie Wilson

La habitación de Rory y Vanessa

Rory (6) y su hermana Vanessa (2) viven con su madre Zainab en este pequeño alojamiento temporal. En la habitación apenas hay espacio para dos camas, una cuna y una trona. Zainab lava la ropa en la ducha y guarda la comida en los estantes del baño.

Habitación de Rory y Vanessa./ Katie Wilson