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El globo Avatar no se desinfla

Penélope Cruz y Almodóvar, sin premio en la antesala de los Oscar. Sandra Bullock se consagra como actriz dramática

ROBERTO ARNAZ

Muchos de los asistentes a la 67 edición de los Globos de Oro tuvieron anoche una inevitable sensación de déjà vu. Hace justo 12 años, en enero de 1998, un tipo alto, desgarbado e hiperactivo subió al escenario del Hotel Hilton de Los Ángeles para recoger los premios al mejor director y a la mejor producción dramática. Aquel hombre se llamaba James Cameron y su película, Titanic, poco después se convertiría en la cinta más taquillera de todos los tiempos.

Ayer, la escena se repitió. Cameron volvió a reinar entre los realizadores y su fantasía épica y ecologista, Avatar, se llevó el máximo galardón, pasando por encima de las grandes favoritas, Up in the Air, Inglourious Basterds y, sobre todo, The Hurt Locker, de Kathryn Bigelow. Por si no le bastaba con firmar las dos películas más taquilleras de la historia, al canadiense le empiezan a llover los premios y se sitúa en cabeza de la lista de favoritos para los Oscar. Todo ello, el día que anunció que Avatar será una trilogía.

El fenómeno Avatar es imparable. Los últimos en rendirse al rey Cameron y a su faraónica producción han sido los miembros de la Asociación de la Prensa Extranjera que, por segunda vez en su historia después de ET, el extraterrestre, en 1982 premiaron a una película de ciencia ficción. Ya con los dos Globos de Oro en el bolsillo, Cameron, que se atrevió a pronunciar unas palabras en NaVi, idioma de los habitantes del planeta Pandora de Avatar, antes de asegurar que no estaba preparado para el premio "porque, francamente, pensé que Kathryn (Bigelow, su ex esposa y directora de The Hurt Locker) iba a ganar". Sin embargo, el drama sobre el cuerpo de artificieros en Iraq se fue de vacío y, junto a Up in the Air, se convirtió en la gran derrotada de la noche. Sobre todo tras el impulso recibido el pasado viernes en los Critics Choice Movie Awards, en la que fue reconocida como la mejor película del año.

Up in the Air, la comedia agridulce sobre la crisis de Jason Reitman al menos consiguió uno de los seis galardones a los que optaba, el de mejor guión original, aunque no evitó los rostros de decepción en el equipo de la película. Otro que se quedó con la sonrisa torcida fue Quentin Tarantino. Sus Bastardos se hubieran ido de vacío de no ser porque los votantes se acordaron de la memorable actuación de Christoph Waltz como el coronel nazi Hans Landa. De quien se olvidaron por completo fue de Invictus. Ni el director, Clint Eastwood, ni los actores, Morgan Freeman y Matt Damon, recibieron premio alguno por el biopic de Nelson Mandela.

En una noche pasada por agua la de la inesperada lluvia que cayó en Los Ángeles durante la gala, también hubo naufragio a la española. Penélope Cruz se quedó por tercera vez a las puertas de conseguir un premio que se le resiste. Enfundada en un elegante vestido de Armani, Cruz vio como MoNique le privaba del galardón gracias a su papel en el dramón Precious. Por su parte, Pedro Almodóvar, que no viajó a Hollywood, vio como su máximo rival en la categoría a la mejor película extranjera, Michael Haneke, se llevaba la estatuilla por El Lazo Blanco.

Además de decepciones, la noche dejó grandes sorpresas. Las mayores, en las categorías de actuación. Jeff Bridges puso en pie a todo el auditorio cuando recogió el galardón a la mejor interpretación masculina en un papel dramático por su encarnación de un cantante folk venido a menos en Crazy Heart, mientras que Sandra Bullock agradeció a John Lee Hancock, director de The Blind Side, la oportunidad que le brindó "a pesar de no ser una de las actrices con más talento de Hollywood". La que cumplió los pronósticos y no faltó a su cita con la gloria fue Meryl Streep, que consiguió su séptimo premio Globo de Oro por su interpretación de la revolucionaria cocinera Julia Child en Julie & Julia. A pesar del tono festivo de la celebración, la solidaridad fue la otra gran protagonista de la entrega de premios. Casi todos los asistentes portaban en la solapa el lazo rojo y amarillo de apoyo a las víctimas del terremoto de Haití.