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"En Irak todo es una amenaza potencial"

Cineasta. Puede ser la primera directora en ganar un Oscar por 'En tierra hostil', polémico filme sobre las vivencias de un grupo de artificieros en Bagdad

JORDI PICATOSTE

El destino de una película puede ser caprichoso. Es el caso de la última obra de Kathryn Bigelow (California, 1952). En tierra hostil, que se estrena mañana en España, ha pasado de tener una fría acogida en la Mostra de Venecia de 2008 a ser considerada como una de las mejores películas de 2009. A falta de saber qué ocurrirá el 7 de marzo en los Oscar Bigelow puede convertirse en la primera directora en ganar el Oscar, la realizadora puede presumir de haberse hecho con la mayoría de galardones de la temporada en EEUU.

Bigelow es una cineasta peculiar: una mujer que dirige películas que el tópico atribuye a los hombres: obras de acción con surferos (Le llaman Bodhi, 1991), thrillers vigorosos (Días extraños, 1995) o historias de camaradería militar (K-19, 2002). En The Hurt Locker, título original de la propuesta, su cámara registra las peripecias de una compañía de artificieros en Irak desde la llegada de su nuevo jefe, el Sargento James, que vive por y para la guerra, encarnado por Jeremy Renner, visto hasta ahora en papeles secundarios.

¿Era un reto para usted hacer una película sobre la guerra de Irak?

En ese momento no había una película del combate en Irak y mi sensación era que no se había hecho un filme sobre esta guerra. Sí, se han rodado grandes cintas sobre la reintegración de los soldados, pero ninguna que tuviera la marca peculiar de este conflicto.

Parece limitarse a desarrollar una trama a partir de la observación cotidiana de ciertos actos. Al no verbalizar un discurso antibélico explícito, se ha generado cierta controversia sobre su posicionamiento político.

El Sargento James representa un tipo de psicología muy concreta: está atraído por la guerra, por el combate y su ajetreo, por esas situaciones límite que te ponen en decisiones de vida o muerte más de una docena de veces al día. De hecho, el filme se abre con una cita de La guerra es la fuerza que nos da sentido, el libro de Chris Hedges, corresponsal de guerra de The New York Times galardonado con el Pulitzer: "La agitación de la batalla puede llegar a convertirse en una adicción letal, una droga para la guerra". Hedges escribe sobre los combates y la existencia de ese tipo de psicología.

"Si pones a Tom Cruise, el público sabe que ninguna bomba lo va a dañar"

¿Es el Sargento James una víctima de la guerra?

Es un personaje roto por las experiencias que ha vivido pero, por otra parte, es extraordinario en su especialidad, la desac-tivación de bombas. Lo que nos cuenta la película es que este personaje paga un precio enorme por su habilidad para hacer lo que pocos pueden.

Siendo una película de ficción, tiene también cierto aspecto documental.

Era todo un reto mantener la atención sobre los detalles que dan autenticidad a la historia. Por ejemplo, los extras árabes que tienen frases en el filme son refugiados de la invasión de Bagdad. Por otra parte, muchas películas sobre Oriente Medio están rodadas en el norte de África y están pobladas de norteafricanos. Para la gente de Oriente Medio esto es insultante. Te das cuenta de que es una enorme responsabilidad caracterizar correctamente. Cuando decides ser rigurosa con el detalle realista, no puedes relajarte un segundo.

¿Cómo decidió cuál sería el estilo visual del filme?

"Intento sumergirme en material de gran impacto"

Debía lanzar al espectador instantáneamente al centro de este grupo de soldados. Que el espectador se pusiera en su piel. Esto es lo que me gusta del cine, que te puede transportar a otros lugares. Es lo que convierte a este medio en algo grande, único y singular.

El trío protagonista del filme está formado por actores poco conocidos (Jeremy Renner, Anthony Mackie y Brian Geraghty). En cambio, los intérpretes populares aparecen en papeles secundarios. Alguno incluso muere casi nada más salir. ¿Por qué tomó esta decisión?

He trabajado con actores famosos como Willem Dafoe [The Loveless] o Keanu Reeves [Le llaman Bodhi], pero siempre al inicio de sus carreras: me gustan los rostros frescos y originales. En esta película, al escoger a actores desconocidos, el espectador no sabe quién va a morir y quién no. Por el contrario, si pones a Tom Cruise, el público sabe que ninguna bomba le va hacer daño. Pero si rompes esta norma y matas a un actor conocido, le estás diciendo al espectador que puede pasar cualquier cosa. Y eso es importante para crear una atmósfera psicológica inestable que se corresponde con la información que teníamos sobre el terreno: todo es una amenaza potencial y no estás a salvo hasta que vuelves a casa.

Su filmografía está plagada de cintas de acción. ¿Qué le atrae de este tipo de películas?

No me gusta pensar en términos de películas de acción. Prefiero no conceptualizar. Pero si la historia tiene ciertos ingredientes, la capacidad que tiene el cine para trasladarte a otros lugares puede llegar a ser muy visceral. Por eso intento sumergirme en material de gran impacto y relevancia.

Un 'thriller' sensual y majestuoso

FRAN GAYO

No deja de ser curioso que las tres aproximaciones más recientes y personales que desde el cine USA se han realizado a hechos bélicos en activo estén dirigidas por mujeres. Stop Loss, de Kimberley Peirce, la obra total Generation Kill, con la mayoría de sus episodios firmados por Susanna White, o The Hurt Locker, de Kathryn Bigelow se han acercado sin complejos ni moralinas a la realidad del conflicto armado y sus actantes. Y frente a la prudente distancia de las dos primeras miradas, la rebelde y hasta ahora ninguneada Bigelow ha osado realizar un filme valiente y casi suicida en tiempos de corrección política y lecciones progres de carrerilla, una obra no exenta de épica en la que con un tono crepuscular muy marca de la casa, opta por dar el protagonismo al bando invasor y en concreto al cuerpo de los artificieros. Con semejantes componentes de alto riesgo, la directora de Le llaman Bodhi ha logrado firmar el que posiblemente sea su mejor filme, un thriller sensual y majestuoso, cine físico le dicen, que elude el discurso bienintencionado y con ello (paradojas del buen hacer) retrata al pueblo invadido con una admiración y respeto ausentes en obras de, a priori, mayor calado autoral como las condescendientes Vals con Bashir o Lebanon.

Un artefacto potente sin anclaje

SARA BRITO

No se va a negar que The Hurt Locker sea un potente artefacto visual a la medida de los explosivos que desarma el Sargento James en el filme. Tampoco se le restará relevancia al ritmo eficaz, ni a la atmósfera marciana que convoca. Ni siquiera habrá oposición a la hora de reivindicar a una mujer que lo merece desde Días extraños (1995), aún más en tiempos de glorificación del blando de su ex (James Cameron). Pero con todo, no desaparece la perplejidad ante la aclamación universal de un filme que A. O. Scott de The New York Times nombra la mejor película realizada sobre la guerra de Irak. Para empezar, al vigor y la fisicidad de la propuesta le falta originalidad y profundidad psicológica, más cuando el filme pretende ser una reflexión sobre la adicción a los estados adrenalínicos de la guerra. Más que al arquetipo, Bigelow acude al cliché de masculinidad del cine de acción ochentero y se queda en una superficie molesta al dibujar a sus personajes. Pero más importante, Bigelow se extasía de tal manera con el lenguaje de los cuerpos y la erótica de la violencia que olvida que está hablando de un conflicto en el que los iraquíes son algo más que los espectadores o los terroristas que decide filmar.