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La mayor colección de arte 'brut' español entra en el Centro Pompidou de París mientras se comercializa en Londres

Una docena de nombres, procedentes del exilio político, la emigración, el psiquiátrico de Toledo o los creativos marginados, forman la donación del cineasta Bruno Decharme al museo francés que dedicará un espacio permanente a este tipo de arte.

Vista del edificio del museo Centro Georges Pompidou, en París, tras su reapertura, en julio de 2107. AFP/François Guillot
Vista del edificio del museo Centro Georges Pompidou, en París, tras su reapertura, en julio de 2107. François Guillot / AFP

El arte brut (en bruto), o en su versión inglesa outsider, que nació en 1945 en Europa contiene un nutrido florilegio español aunque este no tiene quien lo cuide en España.

Los dos museos de brut más importantes (Lausanne, Suiza, y ABCD, París) reúnen los nombres más destacados de este tipo de producción artística, ajena a escuelas, modas o parámetros culturales.

De los dos museos citados, el ABCD (Arte Brut Conocimiento y Difusión), formado por la colección del cineasta Bruno Decharme, ha sido cedido al Centro Pompidou. Se han transferido 921 obras, de una selección de 5.500, de 229 artistas que sobrepasan los límites geográficos de Europa y se incorporan a los fondos y exposiciones del Museo Nacional de Arte Moderno de Francia, el paralelo al Reina Sofía español.

Bruno Decharme, de 70 años de edad, empezó su carrera cinematográfica con Jacques Tati al unísono que formaba su manda artística por entonces a precios de baratija por ser arte singulier, otro de los términos con el que se le conoce en Francia. "Si no llego a un acuerdo con el museo [Centro Pompidou], mis hijos tendrán que vender la colección para pagar los derechos de sucesión. Se me han acercado el Met y el MOMA de Nueva York, pero no me gustaban sus propuestas; ahora estoy contento porque aquí dedicarán un espacio permanente al arte brut con la circulación de obras cada seis meses y habrá un centro de investigación", ha declarado Decharme a Le Monde con motivo de la generosa donación. El centro museístico cerrará en 2023 para hacer obras. La primera exposición de arte brut se abre este miércoles 23 de junio.

Obras en corcho de Joaquím Vicens Gironella.
Obras en corcho de Joaquím Vicens Gironella. CEDIDA

Entre la docena de artistas españoles cuya obra ha entrado en el Centro Pompidou figura Miguel Hernández (Ávila 1893-París 1957), poeta del lienzo, y Joaquim Vicens Gironella (1911-1997), artesano del corcho, ambos favoritos de Jean Dubuffet, padre del arte de instinto creador; sin influencias ni bagajes académicos; arte que fluye del interior sin condicionamientos históricos o religiosos. Hernández y Gironella tejieron su obra durante el exilio político a partir de 1939.

Para Dubuffet los manicomios constituían la fuente más genuina del arte porque brotaba sin filtros morales o culturales. En España el psiquiatra Gonzalo Rodríguez Lafora (1886-1971) reunió una colección de obras del psiquiátrico de Toledo que Decharme ha adquirido después. Tales son las de Adrian Campo y las de Pedro Alonso Ruiz, casos clínicos como Miguel Rodríguez (1926-1987), paciente en un psiquiátrico francés hasta su muerte.

Otros de los españoles nuevos habitantes en el Centro Pompidou es el autodidacta Anselmo Boix Vives (Herbeset, Castellón 1899- Grenoble 1969). Empezó a pintar en la etapa de jubilado tras llevar una existencia convencional de emigrado afortunado; de la España pobre a la Francia de 1914 cuyos hombres acudían al frente guerra y reclamaban manos extranjeras para el campo o las fábricas. En siete años Anselmo creó un legado artístico de casi dos mil trabajos que rozan lo naif con lo psicológico de llenar todo el lienzo o el papel por miedo a los huecos y al vacío. El cromatismo y la pincelada de Anselmo saltan a la vista así como sus incursiones en el impresionismo.

Pinturas de Anselmo Boix Vives.
Pinturas de Anselmo Boix Vives. CEDIDA

La obra de Anselmo protagonizó una exposición retrospectiva en 2009 en Halle Saint Pierre de París, un mercado del siglo XIX reconvertido en espacio de exhibición permanente de arte brut. Sus pinturas y dibujos estaban expuestos con mimo, como hacen sus descendientes paseándolas por toda Europa; la última muestra se presentó en el Museo de Arte de Uppsalla (Suecia) y la próxima será en Museo de Arte Moderno de Bochum (Alemania).

Julia Boix Vives, nieta de Anselmo, explica a Público que "la obra de mi abuelo es una concentración de fuerza, belleza, humor y generosidad; cada pintura y cada dibujo es deslumbrante porque contiene energía en estado puro". La producción artística de Anselmo entra y sale del concepto brut. A juicio de Julia, "es un arte sin concesiones, ni malestar ni referencias: pura explosión de creatividad, un arte resueltamente brut".

Mujeres artistas

Josefa Tolrà (Cabrils, Barcelona,1880-1959) tuvo una vida paralela a la de la inglesa Madge Gill (Londres, 1882-1961) en el sentido de canalizar su dolor por la muerte de hijos (los de Madge por la fiebre española, los de Josefa en la guerra) en el espiritualismo y en el dibujo repetitivo, detallado, minucioso, meticuloso y coloreado.

Otras artistas parecidas son la suiza Aloise Corbaz (1886-1964), la francesa Jeanne Tripier (1869-1944) o Georgiana Houghton (Palmas de Gran Canaria 1814- Londres 1884). Todas están presentes en la colección de Decharme que se ha incorporado al Museo Nacional de Arte Moderno de Francia. El coleccionista ha extendido este arte hasta nuestros días con nombres como el de José Manuel Egea (Madrid, 1988). Otro de los nombres españoles de la colección es el del catalán Jean Pous (1875-1973).

Con la incorporación del legado de Decharme al Centro Pompidou y la exposición de Jean Dubuffet en el Barbican de Londres, en la capital inglesa ha resurgido el mercado de arte brut en Gallery of Everything donde se comercializan con vigor todos estos artistas que surgieron ajenos a los canales comerciales, pero que han acabado integrados en ellos; en galerías, museos y mercado. Los lienzos de Miguel Hernández, como los de Anselmo Boix Vives, llevan precios de 20.000 a 40.000 euros. Una diferencia sustancial a las primeras baratijas que compró Bruno Decharme en la década de 1970.