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Me llamo Violeta 'Me llamo Violeta': la identidad de género en la España del siglo XXI

David Fernández de Castro y Marc Parramon muestran en 'Me llamo Violeta' la realidad de las personas trans en España a través de testimonios personales de niños, adolescentes, familiares y veteranos en la lucha por sus derechos

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Violeta, en una escena de la película

En Chechenia, las autoridades contactan con las familias de las personas transgénero para que sean ellos mismos los que las asesinen, "para limpiar el deshonor que conllevan". Si no lo hacen, se ocupará el gobierno. En EE.UU., Donald Trump intenta terminar de un plumazo con las personas trans asignando una definición de género por los genitales que se tienen al nacer. El Brasil de Bolsonaro es el país que registró más asesinatos de personas transgénero el pasado año. En este funesto ranking, le sigue México. En España se sigue considerando a estas personas "mentalmente enfermas" a pesar de que el pasado 25 de mayo la Organización Mundial de la Salud desligó para siempre la no conformidad de género con un trastorno mental. Se eliminó el trastorno de la identidad de género.

Ser una persona transgénero –con una identidad de género diferente a la que le asignaron al nacer- o transexual –cuando se decide recurrir a tratamientos hormonales o quirúrgicos- en España no es nada fácil y sin embargo un reciente informe internacional de la consultora Ipsos revelaba que nuestra sociedad es la más tolerante del mundo con las personas trans. Pues bien, no es suficiente. De hecho, es claramente deficiente como demuestra la película documental Me llamo Violeta, codirigida por David Fernández de Castro y Marc Parramon.

"Porque lo digo yo"

A través de la historia de Violeta, de sus padres –el actor de cine adulto Nacho Vidal y Franceska Jaimes- y de otros jóvenes transgénero y sus familias, y con los testimonios de personas trans adultas, la película recorre el proceso que viven desde la infancia y los obstáculos, a veces desgraciadamente insalvables, con los que tropiezan. Dificultades médicas y legales, pero las peores, sin duda, son las que nacen del fanatismo de muchas personas ancladas todavía a una mentalidad retrógrada y bárbara.

"¿Cómo sabes que eres una niña?" "Porque lo digo yo, porque son mis sentimientos". Es una pregunta y la natural respuesta de una niña que se presentó al casting para interpretar el papel de Violeta en la película. Una decisión que se tomó cuando la fiscalía recomendó que no se reconociese a la protagonista en la pantalla. A partir de ahí, la historia avanza con los diferentes personajes.

-¿Te acuerdas del día que me llamaste para decirme que no eras un niño, que eras una niña?

-Sí, porque había visto un vídeo.

-Tuve que tragar mucha saliva, me vino mucho miedo porque la sociedad es muy mala y todo lo que sea diferente a ellos lo atacan.

Es una conversación de Nacho Vidal con su hija Violeta que abre la puerta a algunos de los problemas que sufren las personas trans en la infancia. Además de la aceptación o no de los padres, estos niños viven acosados por sus compañeros de colegio, a veces hasta el punto de hacer insoportables sus vidas.

El actor de cine de adulto Nacho Vidal, con su hija Violeta

"Mamá, no acabaré bien"

El 24 de diciembre de 2015, Alan, un adolescente de diecisiete años, se suicidó en Rubí (Barcelona). Había conseguido cambiar su nombre en la documentación oficial, cosa nada fácil, pero no resistió la crueldad de sus compañeros de instituto. "Mamá, no acabaré bien", dijo un día a su madre, Esther. Ahora, ésta trabaja con el colectivo Chrysallis. Asociación de Familias de Menores Transexuales y ofrece su testimonio en la película. "Dijimos que seguiríamos el trabajo que él quería, luchar por la visibilización de los trans".

"Cuando me enteré de lo de Alan, hice la promesa de que iba a cuidar a su familia pasara lo que pasara", asegura Iván, un joven trans que explica ante la cámara lo difícil, por no decir imposible, que resulta encontrar trabajo para las personas trans en España. "A la hora de buscar trabajo te ven en el DNI que tienes sexo femenino y aunque te digan que sí, a los tres, cuatro días estás en la calle. No puedo ahorrar y eso me impide quitarme el pecho, es como un círculo vicioso".

"Una absoluta vergüenza"

Y a pesar de todo, las condiciones para este colectivo han mejorado mucho en nuestro país. "En la manifestación de 1976, íbamos andando hacia Plaza Cataluña y allí nos mataban a palos los policías". En el 71 nos llevaban al Palacio de Justicia. El juez me preguntó: "¿Usted a qué se dedica?" Y se lo expliqué todo. "No tengo más remedio que hacer esto (prostituirse)". Son palabras de Silvia Reyes, que recuerda cómo terminaban en la cárcel por peligrosidad social, "nos enviaban a prisión porque íbamos vestidas de mujeres, no, por prostitución. Lo que hubiese querido yo, que los políticos nos hubiesen dado una disculpa en el Congreso de los Diputados, pero no hubo nada".

La disculpa no ha llegado, es verdad, pero hoy, en la España del siglo XXI, una persona trans ocupa un lugar destacada en la política del país. Es Carla Antonelli, diputada autonómica por el PSOE. Durante su infancia, en pleno franquismo, "la transexualidad era un acto de valentía", dice y confiesa que hoy un viaje a ese pasado "me daría un vértigo tremendo, porque sé todo lo que hemos conseguido y lo que ahora tenemos".

Ese ahora fue antes de las recientes elecciones. Lo que tenemos en este ahora es la incorporación de la extrema derecha de Vox en las instituciones gracias a la complicidad de Ciudadanos y el PP. "Una absoluta vergüenza", tal y como lo ha calificado hace unos días Carla Antonelli en la presentación de las fiestas del Orgullo en Madrid, donde denunció que Vox "quiere derogar las leyes LGTBI y es favorable a las terapias contra la homosexualidad, que sólo han provocado dolor, sufrimiento y suicidios".

Ante ello, yo también me llamo Violeta.